Extensa y llena de paisajes asombrosos, la región de América del Sur guarda miles de secretos. Uno de ellos es una pequeña playa que promete algo radical para un país sin salida al mar.
La playa en América del Sur que prometía darle salida al mar a un país, pero que hoy está desierta y olvidada
A pesar de las promesas, una playa en América del Sur diseñada para dar salida al mar a un país, hoy se encuentra abandonada.

En América del Sur, solo dos países no cuentan con salida al mar. Esta condición los coloca en una desventaja clave, ya que el comercio marítimo y otras oportunidades se ven limitados. Sin embargo, existe una esperanza que hoy permanece prácticamente abandonada.
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La playa en América del Sur que prometía darle salida al mar a un país, pero que hoy está desierta y olvidada
Se trata de Boliviamar, una franja de playa de 5 kilómetros de costa y 800 metros de ancho que Perú cedió en comodato a Bolivia el 24 de enero de 1992. Los acuerdos entre estos dos países de América del Sur establecían la creación de una zona franca industrial en la ciudad peruana y facilidades para que Bolivia utilizara las instalaciones portuarias de esa localidad.
Estos convenios no otorgaban soberanía a Bolivia sobre el territorio, sino que autorizaban su uso, principalmente con fines turísticos. Al permitir que Bolivia canalizara su comercio por Ilo, Perú buscaba transformar este puerto en un nodo comercial clave para América del Sur. Se esperaba que empresarios bolivianos invirtieran en hoteles, industrias, distans infraestructuras y centros turísticos en la zona costera, dinamizando así la economía local.
El proyecto de salida al mar que nunca creció
Antes de continuar se debe tener en cuenta que Bolivia perdió su acceso soberano al océano Pacífico, el departamento del Litoral, tras su derrota en la Guerra del Pacífico (1879-1884), conflicto en el que se enfrentó a Chile junto con Perú. En los 90, Fujimori, ex presidente de Perú, vio en este acuerdo una oportunidad para desarrollar económicamente el departamento de Moquegua.
Lo único que llegó a construirse en el lugar fue una escultura de 21 metros, hoy oxidada, con la forma de dos rostros de mujer: uno orientado hacia Bolivia y el otro hacia el Pacífico. Las actividades proyectadas y las distintas infraestructuras nunca se pusieron en marcha y solo un pequeño grupo de empresarios bolivianos utiliza la zona, en parte porque sus costos resultan más altos que los de los terminales chilenos.
El ambicioso plan de desarrollar un gran complejo turístico en América del Sur nunca se concretó. Actualmente, el área de esta playa luce desértica y en estado de abandono, con ese monumento metálico deteriorado como único testigo de un proyecto que prometía cambiar la historia.