Joya patrimonial olvidada

La increíble historia de los huesos en las ruinas de San Agustín incluidos los de un prócer

El arqueólogo Horacio Chiavazza, contó lo que posee la urna ubicada en la entrada de Santo Domingo. Allí podrían yacer los huesos de Pascual Ruiz Huidobro

En la entrada de la Iglesia de Santo Domingo –ubicada entre las calles Beltrán y Salta, de Ciudad- se yergue un modesto monumento con solo una inscripción que reza “El pueblo de Mendoza a las víctimas del terremoto de 1861”. Sin embargo, lo que encierra es una historia de las más sorprendentes y misteriosas del Área Fundacional de la Provincia.

Es que no se trata solo de un recordatorio, sino de un monumento funerario. Dentro de él están los restos de los 40 esqueletos que fueron rescatados de las ruinas de la Iglesia de San Agustín, monumento histórico demolido –por el derrotero de peleas políticas, desidia y burocracia- en 1954.

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"El pueblo de Mendoza a los caídos en el terremoto de 1861" indica la placa recordatoria. Sin embargo, estos restos no fueron solo de este terremoto, sino del camposanto de la antigua iglesia de San Agustín.

Los restos óseos se rescataron gracias al trabajo del mendocino Carlos Rusconi, quien en ese momento era el director del museo de Ciencias Naturales.

Lo que más llama la atención de la historia, es que en este monumento olvidado, pueden encontrarse los restos mortales de Pascual Ruiz de Huidobro, un prócer que combatió en las Invasiones Inglesas y que “casi fue” virrey del Río de la Plata, tras la destitución de Rafael de Sobremonte.

Quien sabe y cuenta la historia es el arqueólogo e investigador mendocino Horacio Chiavazza, que hasta el 2023 fue director de Patrimonio de Mendoza y antes fue, durante varios años, director del museo del área fundacional.

Chiavazza hiló un relato que no tiene desperdicio alguno ni para los enamorados de la historia y el patrimonio mendocino, ni para los buscadores de secretos de la ciudad antigua.

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La urna funeraria ubicada en la entrada de Santo Domingo.

La urna funeraria ubicada en la entrada de Santo Domingo.

Todo comenzó con la demolición de San Agustín

La orden de los agustinos se instaló en Mendoza en el siglo XVII, pudiendo construir una serie de modestos templos, hasta que la familia Coria y Bohorquez les donó la manzana comprendida entre las que actualmente son las calles Montecaseros, Alberdi, Urquiza e Ituzaingo.

El templo que allí levantaron, a principios del siglo XIX, fue el más importante de la Ciudad, su torre se conoció como “El Tupungatito” por la gran altura que tenía.

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Con el terremoto de 1861, el templo quedó destruido y solo se conservaron sus ruinas.

A partir de allí, con todo el proceso de reinstalación de la Ciudad, y ocupación de esta zona por parte de otros sectores sociales, las ruinas fueron quedando como algo persistente, que se relacionaba mucho con la memoria del terremoto.

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Esta es, probablemente, la foto más antigua que se conserva de las ruinas de San Agustín, data de 1880, y es especial porque fue tomada en alto. Se pueden ver, además, las costumbres de la época a través de las personas retratadas en la imagen.

Esta es, probablemente, la foto más antigua que se conserva de las ruinas de San Agustín, data de 1880, y es especial porque fue tomada en alto. Se pueden ver, además, las costumbres de la época a través de las personas retratadas en la imagen.

Chiavazza explicó que esta situación se dió hasta 1950. La zona se convirtió en proveedora de servicios.

El principio del conflicto de las ruinas de San Agustín fue el permiso otorgado a un vecino para que instalara una especie de granja y una huerta en el lugar.

Para entonces, estos terrenos, que eran propiedad del Estado quedaron para la DGE, pero oficialmente, no se podía hacer nada con ellos, porque tenían declaratoria de monumento nacional.

Esto porque en 1941 estas ruinas, tanto como las de la Iglesia de San Francisco, se declararon monumento histórico nacional, por la Comisión Nacional de Monumentos, es decir que tenían ese marco de protección.

En el caso de San Agustín, no solo por que representaban la memoria viva de la antigua ciudad de Mendoza, sino porque en este templo se encontraban los restos del “casi virrey” Pascual Ruiz Huidobro.

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Sin embargo, ni este valor histórico agregado salvó a San Agustín de su demolición.

La demolición, una muestra de burocracia y desidia histórica

Chiavazza explicó que, mientras las ruinas tuvieron declaratoria de patrimonio, se produjo la instalación de la granja de la controversia.

El dueño de la granja plantó árboles frutales, cultivó una huerta, llevó allí un caballo e instaló varias conejeras, todo esto en medio de los restos de la iglesia. Los vecinos no demoraron mucho en denunciar la situación. Este fue el principio del fin de las ruinas.

“Existe un derrotero que diverge en la propiedad efectiva de esos bienes. En el caso de las ruinas de San Francisco, se hizo cargo el municipio. En tanto que San Agustín, era posesión de la Provincia y se transfirió su manejo a la DGE", contó Chiavazza.

A partir de la denuncia sobre lo que estaba sucediendo en las ruinas, comenzó una discusión entre la Comisión Nacional de Monumentos, el Gobierno provincial y la DGE para ver cómo harían para costear la puesta en valor de este lugar.

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Más imágenes de las ruinas

Más imágenes de las ruinas

La propiedad era de la DGE, que decía que no tenía fondos, pero era la responsable de sanear el lugar y que efectivamente, fuese un monumento histórico y no una granja con caballos y conejos.

El resultado fue que en 1954, tras diez años de discusiones, la Comisión Nacional de Monumentos estableció que existiendo las ruinas de San Francisco, no hacían falta otras ruinas.

Se decidió la demolición y la liberación del terreno para construir una escuela.

Si bien se tomó la determinación de dinamitar las ruinas, apareció otro problema: qué hacer con los enterramientos y con los restos del prócer que se encontraban en el lugar.

Horacio Chiavazza doctor en Antropología, licenciado en Historia, magíster en Arqueología Socia (15).jpeg
En este terreno estuvieron ubicadas, hasta 1954, las ruinas del templo de San Agustín, que tenían declaratoria de Monumento Histórico Nacional.pero por cuestiones políticas se decidió demolerlas y construir una escuela. Allí aún se conservan restos arqueológicos del antiguo templo, aunque no están visibles.

En este terreno estuvieron ubicadas, hasta 1954, las ruinas del templo de San Agustín, que tenían declaratoria de Monumento Histórico Nacional.pero por cuestiones políticas se decidió demolerlas y construir una escuela. Allí aún se conservan restos arqueológicos del antiguo templo, aunque no están visibles.

El dilema del camposanto de San Agustín

Según relató Chiavazza, lo que se decidió acerca de los restos humanos fue sacarlos de allí e inmediatamente, enterrarlos en las ruinas de San Francisco.

Cuando comenzó la demolición, la persona encargada de realizar un seguimiento de lo que se haría con los huesos, fue Carlos Rusconi, quien en ese entonces dirigía el museo de Ciencias Naturales. “El punto es que Rusconi realizó el trabajo, pero nadie le prestaba atención ni le daba importancia” contó Chiavazza.

Sin embargo, Rusconi no se rindió y logró hacer un rescate de 40 esqueletos, que efectivamente, fueron llevados a San Francisco, pero rechazados.

Allí comenzó otra odisea: ¿dónde irían a parar los restos óseos hallados en las ruinas?.

Cuarenta esqueletos a la deriva

Rusconi tenía entonces, la responsabilidad de qué hacer con los 40 esqueletos encontrados, entre los que podían estar los restos del prócer.

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El director del museo de Ciencias Naturales Carlos Rusconi, quien fue el único que en 1954, se ocupó del rescate de los restos humanos enterrados en San Agustín y logró el permiso para construirles una en la entrada del templo de Santo Domingo.

El director del museo de Ciencias Naturales Carlos Rusconi, quien fue el único que en 1954, se ocupó del rescate de los restos humanos enterrados en San Agustín y logró el permiso para construirles una en la entrada del templo de Santo Domingo.

Chiavazza contó que quisieron llevarlos al museo de Ciencias Naturales, pero tampoco obtuvieron un permiso para esto.

Lo que consiguió Rusconi fue que la orden de los dominicos le otorgara un espacio para construir urna en Santo Domingo, y fue el mismo director del museo de Ciencias Naturales quien se encargó de la tarea.

“Dentro de esta urna se encuentran los 40 esqueletos que Rusconi porpició que se rescataran de la Iglesia de San Agustín, se sospecha que pueden estar los de Pascual Ruiz Huidobro, aunque puede ser que estos nunca hayan sido rescatados de las ruinas”, manifestó Chiavazza.

Interés de arquélogos en estudiar los restos óseos de la antigua iglesia

El arqueólogo manifestó que hace años, tanto él como su grupo de trabajo han pensado en la cantidad de información histórica que se obtendría al abrir la urna donde yacen los esqueletos que fueron rescatados de San Agustín.

“Lo que se podríamos lograr desenterrando estos huesos es una información sumamente valiosa", manifestó Chiavazza.

Claramente no se sabe qué se podría encontrar allí una vez que se abra la urna, si es que esto llegara a pasar en algún momento.

Esto porque, tal y como lo explicó Chiavazza, los restos arqueológicos generalmente tienen una sola posibilidad de ser estudiados después de desenterrarlos. Si es que aún se conservan partes de estos esqueletos, se podría obtener esta información histórica antes mencionada.

Quién fue Pascual Huidobro y por qué terminó enterrado en Mendoza

Según relatos históricos, Pascual Ruiz Huidobro fue un militar nacido en España, en la provincia de Orense, Galicia, en el año 1752.

De este prócer, que tuvo una renombrada carrera militar en el Virreinato del Río de la Plata, se puede decir que los principales acontecimientos de su vida -incluyendo su muerte- fueron siempre un "casi". Casi virrey, casi héroe de las Invasiones Inglesas, casi embajador en Chile. Como corolario de sus desavenencias, murió fuera de del territorio por el que había peleado, y sus restos desaparecieron, quizás para siempre.

Pero volviendo al derrotero de su intrincada historia, Ruiz Huidobro no obtuvo nunca un logro que le permitiera ser recordado como héroe nacional. Aunque pudo serlo, puntualmente durante las Invasiones Inglesas, sin embargo, no ocurrió.

En 1803, fue nombrado como gobernador Civil y Militar de Montevideo y máximo responsable de la flota.

En 1804, tras el nombramiento de Rafael de Sobremonte como virrey, Pascual Ruiz Huidobro es designado inspector de las tropas del virreinato, es decir que era el segundo en el mando.

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Ante la posibilidad de una invasión de los ingleses, Sobremonte envió un importante contingente de tropas a la ciudad de Montevideo suponiendo que la invasión ingresaría por allí, pero la estrategia falló, porque en 1806, los ingleses decidieron tomar Buenos Aires y la conquistaron sin demasiado esfuerzo.

Pese a que era el inspector de las tropas, Huidobro se rezagó frente a la decisión de Santiago de Liniers, y fue este último quien se puso al frente de la reconquista de la ciudad.

Un año después, en 1807, los ingleses volvieron a invadir el Virreinato de Río de la Plata con el objetivo prioritario de ocupar la ciudad de Montevideo.

El error táctico que cometió en esta ocasión Ruiz Huidobro fue gravísimo. En lugar de quedarse dentro de la ciudad amurallada y preparada para resistir, decidió combatir a los ingleses por fuera de la ciudad. El resultado fue desbastador.

Huidobro fue entonces tomado como prisionero y enviado a Inglaterra.

Paralelamente, en Buenos Aires, se decidía la destitución de Sobremonte y quien le seguía en el orden de mando era Huidobro, pero iba camino a Inglaterra. No pudo ser nombrado.

Ruiz Huidobro regresó al Virreinato del Río de la Plata, pero no logró su cometido de convertirse en virrey, porque este lugar ya había sido ocupado por Santiago de Liniers, quien se negó a cederle el mando. Ruizo Huidobro tuvo que conformarse con ser inspector de armas.

Esto lo convirtió en partidario de la Revolución de Mayo, según relatan los documentos históricos, porque pensaba que una vez que el Cabildo Abierto tomase el poder hasta que se clarificara la situación de España, él tenía posibilidades de ser virrey.

Sin embargo, lo que decidió el Cabildo Abierto, fue que una Junta de Gobierno se hiciera cargo del poder, lo que hizo que Huidobro perdiera el mando militar que poseía.

El “perpetuo aspirante a virrey”, ya no era bien visto en medio de la Revolución de Mayo, principalmente por su origen español y por sus deseos de ser nombrado virrey.

En 1812, decidió emigrar a Chile, para ponerse a las órdenes de José Miguel Carrera. En 1813 no obstante, la Junta de Buenos Aires decidió nombrarlo embajador en Chile pero no consiguió nunca a ocupar su cargo. Falleció antes de llegar a su destino, en marzo de 1813, en Mendoza.

Fue enterrado en la Iglesia de San Agustín, ya que los agustinos nunca hicieron causa con la Revolución.

Luego del terremoto de 1861, sus restos se perdieron para siempre, aunque podría ser parte de los 40 esqueletos enterrados en la urna de la Iglesia de Santo Domingo.

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