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La especia que nació en América Latina, conquistó al mundo y ahora su producción es de África

De su origen en las selvas de América Latina a convertirse en una industria multimillonaria, la especia de la vainilla es hoy un producto clave de África

Aunque hoy la mayor parte de la producción de vainilla se concentra en una pequeña isla de África, esta especia tiene su origen en las profundas selvas de un país de América Latina. Con el paso del tiempo, se convirtió en una industria multimillonaria muy lejos de su lugar de nacimiento.

La vainilla llegó a la isla de Madagascar desde México, su tierra natal. En la actualidad, Madagascar produce entre el 70% y el 80% de toda la vainilla del mundo. Pero ¿cómo fue que esta codiciada especia cruzó océanos y continentes hasta convertirse en uno de los productos más importantes de África?

La especia que nació en América Latina, conquistó al mundo y ahora su producción es de África

Según la BBC, los indígenas totonacas, que se asentaron alrededor del año 600 d. C. en la costa atlántica de México, notaron su aroma por primera vez. Las vainas eran tan escasas y valoradas que los aztecas las exigieron como tributo después de conquistar la civilización totonaca.

Durante las primeras décadas de la conquista, los españoles cruzaron el Atlántico con decenas de frutas, verduras y otros cultivos de América Latina, incluida la vainilla, para exhibirlos y cultivarlos en España. Los historiadores llaman a este movimiento de alimentos y bienes el Intercambio Colombino.

De América Latina a África

La vainilla ya había entrado en el comercio mundial de especias que estaba rediseñando fronteras y cambiando economías en todo el mundo. Entre quienes estaban decididos a romper el monopolio español de la vainilla producida en México se encontraban los plantadores blancos franceses de la isla de Borbón, hoy llamada Reunión, en el océano Índico.

En 1822, la colonia recibió un lote de plantas de vainilla, esquejes de la primera planta de vainilla que había sobrevivido y florecido en Europa. Aunque las esperanzas eran grandes, no hubo frutos y los plantadores finalmente se resignaron al fracaso.

Pero a finales de 1841 ocurrió algo en la isla Borbón que puso en duda esas suposiciones. El plantador Ferréol Bellier-Beaumont caminaba por su campo junto a un niño esclavo de 12 años llamado Edmond cuando notó dos frutos de vainilla en una enredadera. Las plantas no producían vainas. La razón era que la abeja melipona, el principal polinizador natural de la vainilla, solo existe en América. Durante más de 200 años, los europeos llevaron plantas de vainilla a distintas colonias, pero ninguna daba frutos.

La situación cambió en 1841, cuando Edmond Albius descubrió cómo polinizar las flores manualmente. A partir de entonces, los productores pudieron obtener vainas en la isla de Madagascar y otras islas del océano Índico sin depender de las abejas mexicanas.

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