Diario Uno > Sociedad > niña

La enorme batalla de una niña de diez años para poder volver a escuchar

Azul Ferreyra (10) tiene dos implantes cocleares que funcionan a través de procesadores. Actualmente, solo le funciona uno y en forma intermitente. La prepaga se niega a pagarle los nuevos aparatos.

Cuando Azul Estefanía Ferreyra Brizuela nació, no hubo ningún indicio de que la niña no iba escuchar. Sin embargo, con el correr del tiempo, comenzaron las sospechas, por parte de su mamá, Jaqueline Brizuela.

Jaqueline cuenta que los primeros tiempos fueron duros: hasta los dos años, se sucedieron una serie de estudios de los que no se tenía un resultado claro. Azul pasó por muchos profesionales, hasta que fue diagnosticada con pérdida de la audición, con indicación de implante coclear en ambos oídos.

Te puede interesar...

En ese momento, se abrió una luz de esperanza para Azul: escucharía igual que cualquier niña de su edad, siempre y cuando se llevara adelante el tratamiento médico exacto para su problemática.

Su mamá cuenta que, desde ese momento y hasta hoy, nunca dejaron de tener problemas con la empresa de medicina prepaga que poseen y que ha tenido la niña desde que nació.

Sin embargo, el conflicto se intensificó porque, en la actualidad, según el relato de la madre y de la abogada de la familia, Juliana Frachia, la empresa de medicina prepaga no solo no quiere cubrirle a la niña los procesadores que se precisan para que los implantes cocleares funcionen con normalidad, sino que además la desafilió por atrasarse en el pago de dos cuotas, esto teniendo una orden judicial a favor de la niña.

Lo más complejo es que el tiempo sigue pasando y lenta pero sostenidamente, Azul va perdiendo la audición.

La historia

La madre de Azul contó que hace cuatro años que los procesadores del habla que utiliza Azul están fallando. Primero se pidió a Asistir la reparación de uno de ellos, la empresa de medicina prepaga no cumplió y el aparato se rompió definitivamente. Hace dos años comenzó a fallar el segundo y fue allí cuando se pidió el reemplazo de los procesadores.

Los implantes hicieron que mi hija comenzara a escuchar. Tenía tres años y no hablaba. El cambio fue impresionante, al principio se sentía rara y no los quería usar. Pero a medida que fue descubriendo los sonidos de las cosas más simples que la rodeaban, los ruidos de la casa, el sonido del agua cuando se lavaba las manos, el canto de los pájaros, su propia voz, no quiso que se los sacáramos más, si hasta me costaba desconectarlos par que se fuera a dormir Los implantes hicieron que mi hija comenzara a escuchar. Tenía tres años y no hablaba. El cambio fue impresionante, al principio se sentía rara y no los quería usar. Pero a medida que fue descubriendo los sonidos de las cosas más simples que la rodeaban, los ruidos de la casa, el sonido del agua cuando se lavaba las manos, el canto de los pájaros, su propia voz, no quiso que se los sacáramos más, si hasta me costaba desconectarlos par que se fuera a dormir

Hace un tiempo que Azul solo escucha con un solo oído, y lo hace con problemas, puesto que el procesador del habla que le queda en funcionamiento, también ha comenzado a fallar.

Si mi hija deja de escuchar, va a ser responsabilidad de esta gente -por la empresa de medicina prepaga Asistir- que siempre ha ignorado nuestros pedidos Si mi hija deja de escuchar, va a ser responsabilidad de esta gente -por la empresa de medicina prepaga Asistir- que siempre ha ignorado nuestros pedidos

El médico de la niña, Mario Miguel Chiaraviglio, un reconocido otorrino que atiende en el hospital pediátrico Humberto Notti, manifestó en una declaración judicial que las dificultades que puede tener Azul para recuperar la audición y el habla si el tiempo sigue pasando y no se le proporcionan los procesadores solicitados, pueden ser gravísimas, hasta incluso irreversibles.

Seguidilla de incumplimientos judiciales

Juliana Fracchia, la abogada de la familia de Azul, explicó cuáles han sido los incumplimientos de la empresa de medicina prepaga.

En primer lugar, en mayo del 2020, el 2° Juzgado Federal, a cargo de Walter Bento, hizo lugar a una medida cautelar que ordenaba a la empresa la reafiliación de la niña y la cobertura del 100% de los procesadores del habla solicitados. La empresa no cumplió la medida.

En octubre, la empresa fue emplazada para que cumpliera con lo dispuesto por el Juez Bento. Tampoco lo hizo. Es decir que actualmente, la niña sigue sin cobertura médica, aún con una medida judicial a su favor.

Esto le dio pie a la familia de Azul de iniciar una demanda penal contra la empresa de medicina prepaga.

En tanto, el representante legal de la empresa, abogado Oscar Hernán Alenda, manifestó en un escrito dirigido al juez, que la empresa está en concurso de acreedores y no puede pedir un préstamo ni al Estado ni a bancos privados para adquirir los procesadores del habla que se le demandan. Sin embargo, si el juez lo cree conveniente, puede gestionarle él mismo una línea de crédito con el Estado o una entidad bancaría nacional, para que pueda adquirir los procesadores solicitados.

Al respecto, diario UNO consultó con el defensor de los discapacitados, Juan Carlos González Olsina, y este explicó que ellos intermediaron con la empresa para que se resolviera el caso, pero que nunca había sucedido que una empresa le pida a un juez que le consiga un crédito para cumplir con los deberes que le demandan sus afiliados.

Qué dice la Superintendencia de Servicios de Salud

Por último, la abogada de la familia de Azul explicó que no solo han hecho gestiones judiciales, sino también por intermedio de la Superintendencia de Servicios de Salud, organismo al que le corresponde fiscalizar el el cumplimiento de los servicios médicos que está obligada a prestar la prepaga.

La respuesta formal de la Superintendencia fue la de intimar a la empresa de medicina prepaga reincorporar en forma inmediata a la menor Azul Estefanía Ferreyra Brizuela, en el plan de salud al cual se encontraba afiliada y brindarle las prestaciones médico asistenciales correspondientes. Agregaron, además que la niña es persona con discapacidad certificada, y la negativa a dar cobertura configura también una clara discriminación en los términos del artículo 1° de la ley 23.592, de penalización de actos discriminatorios.

La mamá de Azul asegura que, a pesar de tener a la ley a su favor, todos los días se acuesta pensando en qué será de la vida de su hija si pierde la audición que aún mantiene, con dificultad, por las fallas del único procesador del habla que le funciona.

Teme porque, por momentos, pierde la confianza. Sobre todo cuando ve que todo el esfuerzo hecho por Azul y el resto de la familia para que la niña pueda tener una vida como la de cualquier otra chica de su edad, poco a poco se va perdiendo.

Sin respuesta

Diario UNO intentó comunicarse con Asistir Medicina Prepaga, y no obtuvo respuestas al respecto. También intentó ponerse en contacto con el abogado de Asistir, quien tampoco respondió a los mensajes.