Mendoza es una ciudad cuya parte histórica y fundacional quedó bajo los escombros por un terrible terremoto que borró casi todo en 1861, por lo cual la nueva ciudad no es tan antigua, pero igual ya tiene su peso en la historia de los mendocinos, como algunos comercios céntricos que ya son largamente centenarios y cuya presencia nos hace remontar a épocas pasadas con sus productos. Uno de ellos es la Casa Martínez, que nació en 1906 como Casa Luppoli, y que se dedicó siempre a las placas fotograbadas, usadas mucho en el arte funerario, placas conmemorativas o de profesionales, además de ser la principal acuñadora de fichas para la cosecha, con se pagaba -y se paga aún- a los vendimiadores. Hoy los actuales dueños tuvieron que sumar las nuevas tecnologías de impresión y estampado para sobrevivir a la evolución de materiales y usos, y a las crisis económicas.
La casa centenaria que se reinventó para sobrevivir

El acuñado de las fichas que se le entregan a los cosechadores cuando descargan el tacho de uva en el camión fue una de las principales actividades de la Casa Martínez, antes Casa Luppoli.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNO
Desde 1910 la actual casa Martínez -antes Casa Luppoli- ocupa este local en la calle Entre Ríos 63 y es un símbolo de los tiempos pretéritos en el lugar.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOFoto histórica. Esta era la fachada de la antigua Casa Lupponi, hoy Casa Martínez, ya instalada en calle Entre Ríos.
Cuños. Varios centenares de cuños de distintas empresas y bodegas aún se guardan en el centenario negocio.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOPrimer plano de un cuño para acuñar fichas de cosecha, algo tradicional de nuestra Mendoza.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOTipos. Cajón con distintos tipos de letras con las que se arman las placas metálicas.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNONota periodística sobre la empresa aparecida en los medios, cerca del año 1912.
Arte fúnebre. Esta es otra de las especialidad de la casa, que aún sobrevive en el tradicional negocio.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOFichas de cosecha. Calculan que desde la década del '40 y el año 2.000 acuñaron en el taller más de un millón de estos cospeles, parte de la idiosincrasia mendocina.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOFernando Ferrer en plena tarea, armando el esquema de una placa fúnebre, que será impresa sobre metal.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOMuestra de una placa funeraria terminada, otra especialidad de este comercio mendocino.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOTiempos nuevos. Ahora se trabaja en la impresión con tecnología laser.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOEl uso de la informática y los plotters son la muestra de un cambio y avance en el centenario comercio mendocino.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOEl rubro sellos también es algo tradicional, aunque ya se trabaja con otros materiales y sistemas.
Foto: Fernando Martinez/ Diario UNOLa casa siempre estuvo sobre la calle Entre Ríos, aunque al principio estaba en las últimas cuadras, cerca del Parque O' Higgins, y luego con el crecimiento, en el año 1910, se vino más cerca de la calle San Martín, a la altura del número 63. En su momento de esplendor, entre las décadas del '40 y '70, llegó a tener decenas de empleados, todos ellos especializados en las distintas tareas que los tantos rubros que explotaba la empresa exigían.
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Con el tiempo las condiciones fueron cambiando para aquella Casa Luppoli, la segunda generación ya tenía otras actividades, donde el dueño, hijo del fundador era juez, y su esposa directoras de escuela, y al fallecer el hombre, en el 2001, la docente le cedió el fondo de comercio a un empleado que llevaba toda una vida trabajando en la empresa, Américo Martínez, fallecido en abril pasado, quien le cedió el control a su hija Andrea, quien ahora le pone nuevos rumbos al negocio junto a su esposo, Fernando Nano Ferrer. Ambos trajeron las nuevas tecnologías, y sumaron el taller de serigrafía, impresiones digitales, grabados laser y sublimados, dándole otro aspecto al salón de entrada, desplazando un poco a las agoreras placas fúnebres, que sin embargo también son expuestas, pero en un segundo plano.
"La maquinaria y el material que teníamos era impresionante, con decir que hace poco tuvimos que tirar unos 900 kilogramos de cuños de hierro que ya no se usaban, la mayoría de empresas desaparecidas", recordó Ferrer.
"La idea fue diversificar y saber buscar, dentro de nuestro rubro, lo que la gente necesita, por lo que seguimos haciendo las fichas y las placas de bronce fotograbadas y de fundición, pero sumamos los sellos, con la tecnología de fotopolímero y gracias a nuevas modas, de algunos románticos, unos novedosos sellos para usar con lacre. La actividad más fuerte del negocio, el acuñado de fichas, cada vez es menor y tiende a desaparecer. Este año solo acuñamos 15.000 fichas para la cosecha, cuando veníamos haciendo en años anteriores unas 50.000", explicó Nano.
La Casa Martínez sigue aportando a esa primera cuadra de calle Entre Ríos el toque nostálgico e histórico, junto a su vecino, la armería Rizzo, que nos retrotrae a otras épocas de nuestra Mendoza, impensada por las nuevas generaciones, más adeptas a los mall y modernas galerías.