La noticia se nos clava en el pecho: murió Jorge Sosa, el artista, el creativo, ese santafesino devenido menduco que nos convenció de que no es lo mismo el otoño en Mendoza. Sin embargo, más allá de todo eso, sentimos que se fue un maestro de la radio: un hábil encantador de la imaginación de miles y miles de oyentes de distintas generaciones.

Jorge Sosa, el que hacía mejores nuestras madrugadas desde radio Nihuil con el programa Los habitantes de la noche y su exquisita cortina musical Take Five, del pianista de jazz Dave Brubeck.

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Jorge Sosa tenía 75 años.

Jorge Sosa tenía 75 años.

Jorge Sosa, el que componía esos maravillosos libretos de humor y radioteatro que durante décadas atrapó a los oyentes donde fuera: en la oficina, en casa, en el auto, obligándonos a ser copartícioes de esa fiesta de risas y carcajadas.Y esperar con puntualidad inglesa al mediodía siguiente.

Afortunadamente la audiencia no fue la única destinataria de esa magia, y ése también fue un mérito de Sosa, que de modo estratégico disponía de papeles y textos para todos: locutores, periodistas y hasta para colaboradores y gente que poco y nada tenía que ver con la actuación.

Milka Durán interpretando a La Lechiguana era una delicia, pero el siempre atildado Cacho Cortez interpretando a un comisario de pueblo imaginario lejos de la información deportiva, era para reírse durante cada capítulo, cada mediodía nihuilero, durante semanas.

Si hasta él mismo tenía un rol y un nombre en esa factoría de personajes: Jorge "Ojudo" Sosa, lo presentaba Carlos Marcelo Sicilia al aire, en honor a esos dos platos que siempre tuvo por ojos.

Ese humor que divierte y hace pensar. La sal de la vida. La sonrisa que te puede cambiar el día, o alejarte de alguna malaria por un rato. Jorge Sosa y el humor fueron socios ideales, y los públicos de la radio, de la gráfica y del arte sus agradecidos contemporáneos y destinatarios.

Jorge Sosa también fue un tipo de a pie, sin aires estelares. Paraba en los cafés del centro entre columna y monólogo, entre futuras presentaciones y nuevos poemas y tramando creaciones a punto de salir a escena en solitario o con otros artistas como El Pocho Sosa, Lisandro Bertín y otros.

Él, su maleta y sus ojos desmesurados nos dejaron esta mañana, así, de pronto, como una estocada que la cultura y el arte de Mendoza no vieron venir.

También nos dejó muchos recuerdos, alegría y millones de carcajadas. Algo que sólo un encantador de la imaginación como Jorge Sosa pudo conseguir.

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