Un análisis bioarqueológico de la UNCuyo ayudó a comprender algunas características del sistema laboral colonial de Mendoza. Además de revelar altos niveles de actividad física, tanto en mujeres como hombres entre los 35 y 50 años.
Te puede interesar: La historia del bodeguero de Mendoza que alquiló un avión y repatrió argentinos
Un dato sorprendente proviene del rol de la mujer, con su incorporación de forma sustanciosa al mundo productivo en actividades nuevas, y el impacto fisiológico y de salud del trabajo que varió de acuerdo a la posición estamental que ocupó.
Muchos aspectos de la vida cotidiana, entre ellos el trabajo, quedan “impresos” en los huesos. De esta manera, al examinar restos óseos y dentales recuperados de contextos arqueológicos, se pueden conocer los estilos de vida y los estados de salud de poblaciones históricas.
A este tema se refierió en su tesis doctoral en Historia, Pablo Giannotti. En ella se propuso interpretar el pasado colonial de Mendoza a partir de investigar, desde una perspectiva bioarqueológica, las consecuencias fisiológicas del trabajo en los restos de los antiguos pobladores.
La etapa analizada abarcó del siglo XVI al XIX y permitió echar luz sobre la forma y el grado de participación que tuvieron en el sistema laboral colonial los individuos inhumados en templos católicos de la ciudad de Mendoza.
Desde el estudio de cambios morfológicos y morfométricos de los huesos, Giannotti buscó entender las demandas mecánicas de los cuerpos y así interpretar los movimientos repetitivos que realizaron en vida.
Apoyándose en un enfoque metodológico “robusto”, el investigador analizó seis indicadores de estrés funcional (enfermedad degenerativa articular, nódulos de Schmorl, cambios entesiales, índices diafisiarios externos de huesos largos, marcadores mecánicos posturales y fracturas antemortem) en elementos óseos del postcráneo de 67 individuos adultos.
Los resultados mostraron una marcada división sexual del trabajo y/o actividades rutinarias, patrones de comportamiento biomecánico y niveles de intensidad física diferentes entre grupos de distinta procedencia socioeconómica y periodos cronológicos, que fueron interpretados a la luz de las transformaciones políticas, sociodemográficas y económicas experimentadas por la sociedad colonial mendocina durante sus 300 años de existencia.
“Se podría afirmar que sabemos mucho más sobre la vida cotidiana de hombres y mujeres de distintas castas y estamentos. En algunos casos corroboramos lo que afirman las fuentes históricas, mientras que en otras oportunidades se están realizando hallazgos no documentados o que matizan y complejizan la vida de estos habitantes”, explicó el docente de la cátedra Bioarqueología en la Facultad de Filosofía y Letras.
Para Giannotti los resultados de su investigación “reflejan el potencial que tiene este abordaje en otros campos diciplinares; y uno de ellos es el de la antropología forense”.
A la vez que consideró que ponen de manifiesto el esfuerzo de estudiantes, graduados y docentes-investigadores de la Universidad por generar un impacto directo en la sociedad en dos planos. “Por un lado, en la producción de conocimiento no solo para saber más de nuestro pasado, sino también para profundizar las investigaciones y difundirla en espacios culturales (como el Museo del Área Fundacional). Por otro lado, en aplicar estrategias tecnológicas y metodológicas de análisis para dar respuesta a demandas concretas de la sociedad como la justicia (identificación de restos óseos NN)”.
Algunas conclusiones
Los habitantes de la época colonial mendocina reflejan altos niveles de actividad física, tanto hombres como mujeres, sobre todo entre los 35 y los 50 años, pero con un patrón de uso del cuerpo marcadamente diferente. Los hombres tuvieron una vida más demandante desde un punto de vista físico. Incluso, se observa que los hombres de los primeros momentos de la ciudad (siglos XVI y XVII) tuvieron actividades físicas de mayor intensidad que en el período siguiente.
A su vez, el papel de las mujeres muestra un cambio sorprendente, y esbozado de forma aislada en algunos trabajos históricos. El incremento de las frecuencias, intensidades y regiones anatómicas involucradas registrado a partir del siglo XVIII, indica cómo la mujer se incorpora al mundo productivo colonial de forma sustancial en actividades nuevas y, en algunos casos, con un impacto físico similar al hombre en el mismo período.
Otro aspecto interesante del rol de la mujer al evaluar la actividad física está dado por la posición socio-económica. Las de menores recursos (enterradas afuera de los templos) reflejan un impacto en el cuerpo similar a los hombres. En las de mayores recursos (inhumadas adentro) el contraste con los hombres es más marcado. Esto revela que el impacto fisiológico y de salud del trabajo entre las mujeres varió de acuerdo al lugar que ocupó en la sociedad estamental mendocina.
Asimismo, muchos individuos muestran indicios de una actividad laboral temprana, desde los 9 años, lo que sugiere que niños y adolescentes eran parte del sistema productivo.
También se destaca el mantenimiento de cuerpos (cuidado de los enfermos). La presencia de fracturas remodeladas o “soldadas” da cuenta de un entorno social que brindó abrigo, alimento y cuidados terapéuticos.
