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Historia de amor: vivieron 48 años juntos y murieron con minutos de diferencia

Después de toda una vida de compañerismo, Martín murió en el hospital El Carmen y Elina en el hospital de San Carlos, por padecimientos distintos pero solo con minutos de diferencia

Martín Olguín y Elina Pérez vivieron un matrimonio de 48 años, pleno de compañerismo. Tuvieron dos hijos, cuatro nietos y, en los últimos años, ella había perdido casi por completo la vista y tenía algunos otros problemas de salud y él no se apartaba nunca de su lado. Martín contrajo coronavirus y, aún después de superarlo, las secuelas dañaron su salud. Elina, sin poder estar con él durante tanto tiempo, enfermó gravemente. Martín murió el 16 de diciembre en el Hospital del Carmen, en Godoy Cruz. Elina murió minutos después, levantando los brazos como buscando su eterna compañía, en el Hospital Tagarelli, a 102 kilómetros de distancia, en San Carlos. Una historia de amor.

"En 25 minutos los perdimos a los dos. Pero, más allá del dolor que tenemos, la historia de ellos es muy linda. Han tenido una conexión increíble para que se fueran así, juntos", dice Marta Olguín, la hija mayor del matrimonio, mientras lucha con la emoción. Ella reconstruye la historia.

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En el último censo realizando en el país, en Pareditas vivían 517 mujeres y 504 hombres. Elina y Martín eran parte de esos números. Ambos habían nacido allí y habían transcurrido la mayor parte de su vida en ese pueblo distrito sancarlino, juntos, salvo el brevísimo período de la niñez y la primera juventud, tiempo que se diluye siempre muy rápido.

"Mi mamá había estado viviendo en San Rafael con su padres, pero venían siempre a visitar a sus amistades en Pareditas. Así se conocieron con mi papá. Estuvieron 7 meses de novios y se casaron, el 19 de febrero de 1972", cuenta Marta, que acota: "48 años de casados habían cumplido en 2020".

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Martín también había estado un tiempo en San Rafael, trabajando en una fabrica de yeso, cargando vagones del ferrocarril. Eran otros tiempos. Pero, cuando se conocieron con Elina, ya había regresado a Pareditas. "Le habían pedido que viniera a trabajar acá, en la viña. Trabajaba como viñatero", recuerda su hija.

Martín fue, en definitiva y esencialmente, un trabajador rural. Además de trabajar en la viña, "se dedicaba a la chacra, para él o para otros, plantando tomate, zapallo, todo lo que se da por acá", dice Marta. "Yo nací en el 72, el mismo año que se casaron. Mi hermano Eduardo nació en el 77".

Cuando Marta completó la escuela primaria, su padre fue a la comuna de San Carlos para tratar de tramitar una beca, para que pudiera seguir estudiando. No se la dieron, pero "le ofrecieron un trabajo en la Municipalidad. Ingresó en el 85 y siempre, por la tarde, siguió haciendo trabajo agrícola. Se jubiló con 65 años".

Marta cuenta que "mi mamá siempre trabajó con él y nosotros también nos criamos trabajando junto a ellos".

En algún momento de su vida, ya grande, Martín Olguín se vio obligado a atender su salud. Descubrieron que era diabético e hipertenso. Elina, a los 65, comenzó a perder la vista. Tenía presión alta y la pérdida de la visión fue progresiva e irreversible, "pero mi papá siempre fue su bastón".

Cuando Martín se jubiló, "comenzó a disfrutar un poco más, pero siempre hacia changuitas, para no aburrirse. Le gustaba mucho caminar. Salía a caminar todas las madrugadas 8 kilómetros diarios. Pero, especialmente, siempre estaba acompañando a mi mamá. No la dejaba nunca sola".

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Los hijos de la pareja les dieron 4 nietos. Marta tiene un varón de 23 y una mujer de 19, en tanto que Eduardo tiene una muchacha de 17 y un varón de 12. Todos viven en Pareditas.

Más allá de los problemas de salud llegados con la edad. Martín y Elina transcurrían una vida tranquila, acompañándose. Pero todo iba a cambiar en noviembre. Este último, de 2020.

"Mi papá empezó con fiebre", recuerda Marta. Coronavirus. "Lo llevé al Hospital Tagarelli y me quedé internada con él". Era 7 de noviembre. "El 14 de noviembre lo trasladaron al Hospital del Carmen, en Godoy Cruz. Lo entubaron y le pusieron respirador".

Entre tanto Elina estaba bien, sin síntomas, en su casa. Pero el 5 de diciembre "mi hija se acerca y me dice: ´mamá, la abuela tiene los ojos amarillos". El domingo 6 la internan el el hospital de San Carlos. "Parecía como si fuera un problema de vesícula, pero ella ya había sido operada. Era algo de índole hepático y la dejan internada para hacerle estudios". Si bien la totalidad de esos estudios nunca llegaron a completarse, "resultó ser que tenía un tumor, que le afectó más de la mitad del hígado. En 10 días su salud se fue deteriorando muy rápido".

En tanto, desde el Hospital del Carmen no llegaban buenas noticias. "Los informes médicos de mi papá eran cada vez peores. Le tuvieron que hacer una traqueotomía y sus pulmones estaban muy complicados. Tubo dos infecciones intrahospitalarias y dos septicemias. Las primeras las superó, pero las segundas fueron más graves", recuerda Marta, que cuenta que el virus ya no estaba activo en el cuerpo de su padre, pero los daños que había producido eran muy graves. Mientras tanto, en San Carlos, "la vida de mi mamá se iba apagando de apoco".

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El 16 de diciembre, cuando Martín Olguín llevaba 39 días de internación y su mujer Elina Pérez llevaba 10, uno en Godoy Cruz y el otro en San Carlos, separados por 102 kilómetros de distancia, pero quizás más juntos que nunca, el final se desencadenó al mismo tiempo.

"A las 6.13 de la mañana me llama mi hermano, diciéndome que mi mamá estaba mal. Voy hasta el hospital y, a las 7.08, ingresa un llamado del Hospital del Carmen diciéndonos que mi papá estaba muy complicado, y que era difícil que pasara el día", dice Marta.

En el Tagarelli "el médico nos dicen que no se podía hacer nada, que le iba a colocar morfina a mi mamá y nos dice que nos daba unos minutos, para que nos despidiéramos de ella".

A las 9 de mañana, cuando a Eliana le colocan morfina "ingresa el llamado de Godoy Cruz, avisándonos que había fallecido mi papá". A las 9.25, levantando los brazos como aferrándose a quien venía a buscarla "fallece mi mamá. Fue muy doloroso. no lo podíamos creen. En 25 minutos los perdimos a los dos".

Era miércoles. 16 de diciembre. En medio del dolor, Marta reconoce: "nosotros, desde el lunes, pensábamos que ellos se estaban esperando para partir juntos... y fue así".

Ella decidió contar la historia porque "más allá del dolor que tenemos, de la tristeza enorme de llegar a su casa y no encontrarlos, la historia de ellos es muy linda. Han tenido una conexión increíble durante toda la vida y, ha sido tan fuerte, que se fueran así, juntos".