Cuando leo que Celia González, una médica que atiende a diario a enfermos de coronavirus en Madrid ha dicho que “Esta es la guerra que le tocó a nuestra generación”, me quedo pasmado.
Pero pego un respingo cuando la terapista completa la frase: “Y lo peor es que nos enfrentamos a un enemigo invisible”.
Empiezo a comparar esa afirmación con las huevadas que por estos días se nos ocurren en nuestro encierro hogareño, y ratifico que éstas van teñidas de harto ego y miedo.
Seguir en pie
Me meto en una crónica de los terapistas italianos que se pasan 24 horas seguidas corriendo de una cama a otra hasta que les llega el relevo. “Solo me doy cuenta que estoy destruido cuando me ayudan a sacarme el traje de protección. Es misterioso cómo aguanta uno”, relata uno de esos médicos.
Otro de ellos da cuenta de un momento tremendo: lo que pasa cuando hay que poner boca abajo a algún contagiado en busca de un poco más de aire.
Al estar el paciente con toda esa parafernalia del entubamiento, se requieren por lo menos cuatro personas entre médicos y enfermeros para dar vuelta un cuerpo sedado, sin movimiento y que no responde a estímulos. Hay veces que ésta tarea les demanda entre media hora y 45 minutos para no romper el entubamiento. Y en el interín tienen que seguir atendiendo a los otros.
Y nosotros nos quejamos por no poder ir a caminar al Parque.
Chau, chau, chauuu
¿Cómo no reparar entonces en las acciones de algunos de nuestros referentes sociales, como Marcelo Tinelli, que cuando el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena absoluta para frenar el virus y el uso vacacional del feriado largo, el famoso entretenedor de la TV argentina y su familia ensamblada se fueron en un avión privado a pasar el feriado largo a la ciudad de Esquel en medio de encantadores lagos y bosques chubutenses como si aquí no pasara nada?
¿Cómo no asombrarnos ante las declaraciones de una luchadora social como Estela de Carlotto quien dijo que gracias a Dios que esta pandemia no nos tocó durante la gestión de Mauricio Macri, porque entonces no sé cuántos nos hubiéramos muerto”.
Ladinismos argentos
¿No podría ser esta cuarentena una oportunidad extraordinaria para volver a valorizar lo que es la intimidad, la privacidad, gemas que venimos perdiendo a diario cada vez que, por ejemplo, usamos para el traste las redes sociales?
Lo que extrañamos es no poder hacer lo que se nos canta, pero no por un concepto épico de la libertad, sino por ese ladino argentinismo de querer forrear las normas.
Hacemos como que entendemos, pero en el fondo muchos se niegan a aceptar racionalmente la obligación de permanecer en sus casas. Che, aflojemos. No nos están llevando a un éxodo masivo ni exigiendo abandonar nuestros bienes. Nos piden ciudadanía y valoración de la vida.
