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Día del Padre

Francesco Barbera, un padre sencillo que transmitió a sus hijos el "valor del trabajo"

Editado por Raúl Adriazola
adriazola.raul@diariouno.com.ar

Dicen los psicológos que los hijos ven a la figura del padre “a través de la madre”, pero no siempre es así. “Nosotros tenemos una imagen de mi papá que es de primera mano, porque siempre estuvo muy presente para todos”, dice Berna, la hija más chica de los siete que tuvo don Francesco Barbera, el esposo de la muy conocida Teresa, matrimonio que impuso un nombre
propio a la gastronomía mendocina y le dio un sello familiar y cariñoso.

Este italiano fue elegido, no al azar, para rendir un homenaje a los padres, en su día. Francesco podría pasar desapercibido para los clientes del conocido restaurante La Marchigiana, pronto a cumplir 70 años, ya que todo el histrionismo lo acapara su esposa, a quien conoció en Mendoza, tierra que vio el nacimiento de una historia de amor y trabajo entre estos dos italianos, que se complementan en todo, y forman una unidad monolítica, donde los límites del negocio y la familia se borran. Francesco -que ahora tiene 91 años- llegó de Sicilia con 22 a nuestra tierra como marmolero, y en un pequeño restaurante conoció a la hija de la dueña, una compatriota del Sur, y apenas la vio supo que nunca más se iba a separar de ella pese a que ya pasaron 66 años de aquel flechazo.

Francesco está rodeado de su familia. No falta la foto para la nota ni la selfie con todos. A su vez, el hombre de 93 años deja en claro lo que siempre quiso para sus hijos: transmitirles el "respeto por todos" darle un lugar de privilegio al "esfuerzo y el trabajo" y aspirar a "una vida sencilla".

El amor entre Francesco y María Teresa fructificó, y dio siete maravillosos hijos. Los esfuerzos fueron muchos, pero compartidos se hicieron más fácil. Ella en la cocina, y Él en la administración. La fórmula se repitió en casa, y el éxito quedó asegurado. Así lo atestiguan los cinco vástagos que quedaron.

Francesco y Teresa tuvieron a : Santina, Angelo (fallecido), Beatriz, Joaquín (fallecido), Fernando, María Luisa y Bernardette.

Francesco papá y esposo

“Supe que era un padre maravilloso de entrada, cuando me ayudó a cambiar pañales. Pero especialmente, cuando lo veía ir a comprar zapatos a los chicos. Mi padre era muy bueno, pero delegaba esas tareas a mi madre. Francesco no, disfrutaba cuidar a los chicos, ya que yo tenía que hacer la comida para el restaurante. Demostró ser un hombre cariñoso, en una época donde el machismo no permitía que estas muestras de cariño fueran comunes”, dice con todo el amor intacto María Teresa Corradini, la esposa de Francesco, apenas aportando algún bocado a la charla distendida y cálida, en una pausa tomada mientras cocina en el restaurante de calle Patricias Mendocinas.

“Papá fue siempre un hombre tranquilo, pero que supo enseñarnos algo fundamental: el respeto. Él nos dejaba hacer, pero con una mirada nos hacía entender que nos estábamos saliendo del camino, y esa bastaba”, explica la “benjamina” de Francesco y Teresa, Berna, como quiere que la
llamen, rechazando el verdadero nombre (Bernardette), impuesto por una lógica promesa a la virgen de Lourdes.

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“Mi papá aprendió de chiquito a ser “proveedor” de la familia. En su casa, desde los ocho años hacía las compras, y se hizo un experto en pescados. También siempre supo elegir la mejor verdura. Por eso no le costó nunca saber qué era lo mejor para nosotros sus hijos, y ser la compañía ideal para mi mamá en el restaurante”, destaca su hija mayor, Santina.

El orgullo mayor de Francesco es saber que las semillas de sus enseñanzas –y ejemplos- no cayeron en terreno baldío, y por eso mira con orgullo como su hijo Fernando supo tomar las riendas de la administración de la empresa familiar. “Sólo se les enseñó a todos el respeto por los demás, y el valor del trabajo y una vida sencilla”, explica desde su lugar en la cabecera de la mesa Francesco. Fernando es feliz a su vez de poder transmitir esos valores a su propio hijo, Martín, quien será la tercera generación que podrá seguir con la herencia del negocio familiar.

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Sabiendo que Francesco siempre colaboró con las tareas de la casa, se les consultó a los hijos que estaban presentes, faltando varios –dos fallecidos- y otros ausentes por diversas actividades, sobre quien cocinaba mejor en la casa, si la afamada Teresa o Francesco. Y la respuesta fue contundente: Papá cocina más rico porqué “es más jugado”, dice Berna. “Él mantiene la tradición de la comida del Sur de Italia, mientras que mamá, adaptó la comida del restaurante a los gustos más generales de la gente”, aclaró Santina.

Como padre, Francesco supo llevar a la excelencia su calificación, con una fórmula infalible: enseñó valores y dio amor a manos llenas a sus hijos. No hay mejor regalo.

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