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En Primera Persona

Florencia Aise: "El arte es desnudarse y volver al origen"

Referente del hiperrealismo, la artista plástica Florencia Aise repasa su camino autodidacta, sus obras sobre violencia de género y su proyección internacional

carina scandura florencia aise

Florenci Aise, entrevistada por Carin Scandura.

En diálogo con el programa En Primera Persona, que se emite los sábados a las 7 por Radio Nihuil y a las 15 por El Siete TV, recorre su historia desde sus comienzos autodidactas y sus primeras exposiciones, hasta su proyección internacional y sus impactantes series sobre violencia de género.

Entre la sensibilidad, la disciplina y la fe, Florencia reflexiona sobre el arte como una forma de expresión profunda y como un camino que, asegura, siempre la devuelve a lo esencial.

Embed - En PRIMERA PERSONA entrevistamos a FLORENCIA AISE DI PAOLA

Sus primeros trazos y el Síndrome de Stendhal

Desde muy chica, Florencia Aise supo que su vínculo con el arte no era pasajero. Pintar, dibujar, observar. Ese impulso inicial, casi instintivo, terminó convirtiéndose en una marca personal con una técnica hiperrealista que desafía los límites entre pintura y fotografía.

“Pinto desde siempre. Volvía del colegio y me ponía a dibujar. Era mi manera de estar en el mundo”, recuerda.

Hija única, criada en un entorno atravesado por la cultura y los viajes, su sensibilidad artística se fue moldeando entre museos y obras que la conmovían profundamente. Incluso, cuenta, experimentaba desde pequeña, lo que luego supo que se llamaba Síndrome de Stendhal: una reacción física frente a la belleza. Se denomina así por el famoso autor francés del siglo XIX, Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en 1817 en su visita a la basílica de la Santa Cruz en Florencia, Italia.

“Cuando era chica ya tenía el Síndrome de Stendhal, que te provoca como escalofríos o diferentes sensaciones cuando ves mucha belleza. A mí me pasaba cuando entraba a los museos y mi mamá me preguntaba qué me pasaba. No lo podía explicar porque era una nena”, cuenta.

Sin embargo, el camino no fue lineal. Por miedo a no poder vivir del arte, eligió estudiar diseño gráfico.

“Le presté atención al miedo en lugar del amor que tenía por pintar”, admite.

Florencia Aise Di Paola, Yamil Le Parc y sus hijas Imán y Alma posan con el retrato de Martha Le Parc, mamá de Yamil y exesposa de Julio Le Parc

Florencia Aise Di Paola entregó a Yamil Le Parc el retrató que hizo de su mamá. Fue en su casa taller en Mendoza y asistieron las nietas de Julio Le Parc, Imán y Alma.

La maternidad y las primeras exposiciones

Pero la vocación encontró su lugar: a los 20 años, embarazada de su primera hija, decidió exponer por primera vez. “Ahí sentí lo que es mostrar una obra. Es como desnudarse. Y supe que eso era lo que quería hacer”.

“Empecé con bodegones y con íconos religiosos, esa fue mi primera muestra. También seguí estudiando, terminé mi carrera, pero en el medio iba criando a mi hija mayor y exponiendo”, relata.

Desde entonces, su vida se divide -o se integra- entre dos pilares: la maternidad y el arte.

“La maternidad no la cambiaría por nada”, remarca.

Sus hijas, de hecho, son protagonistas de muchas de sus obras, especialmente en retratos donde busca capturar no solo la imagen, sino la emoción.

“Pinto mucho a mis hijas porque las conozco tanto que puedo lograr expresiones muy profundas. Admiro la belleza de mis hijas, creo que cualquier padre admira a sus hijos”, explica.

Su estilo, centrado en el hiperrealismo, se caracteriza por el dominio de la luz y el detalle. Pero más allá de la técnica, hay una búsqueda constante.

“Mi obra siempre habla de lo mismo, de volver al origen y rescatarlo”, explica.

En ese recorrido aparecen elementos de la vitivinicultura, íconos religiosos -especialmente vírgenes más recientemente, ligados a su fe- y series con una fuerte carga social.

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La maternidad como eje temático de la muestra Home sweet home, de Florencia Aise, que fue presentada en Puerto Madero, Buenos Aires.

La pintura para denunciar la violencia de género

En 2023 realizó una gira por varias ciudades de la India, invitada por la Fundación Basu. En ese viaje expuso parte de su colección “(entre) Muros”, dio charlas y hasta pintó un mural en un colegio.

Expuso 12 obras -algunas autobiográficas- en un país, con un contexto atravesado por el machismo y la desigualdad, donde su trabajo dialogó directamente con la problemática de la violencia de género. Un cuadro en particular, fue pintado con su propia sangre.

“Hay niñas que nacen para ser explotadas, que tienen ese destino. La violencia de género, el machismo y el patriarcado trascienden fronteras y es un drama mundial”, reflexiona.

Recuerda una anécdota en la Embajada Francesa en Calcuta, donde expuso su obra: “Fue increíble ver cómo las mujeres, de culturas tan distintas, se identificaban con la obra. Nos mirábamos y nos entendíamos sin palabras”.

“En la India me pasó que hombres coleccionistas de castas altas que compraron obras, después ejercían su machismo al querer pagarlo. Cambiarme de lugar para ir a cobrar. O regatear el precio. Pero yo me sentía empoderada, fuerte”, afirma.

Ese viaje, atravesado por contrastes sociales y culturales, reafirmó su mirada sobre el mundo y sobre su propio trabajo.

“Están las personas más ricas del mundo y las más pobres. Creo que lo más grandioso con lo que volví fue ver que la felicidad es una elección. Lo vi en personas que tenían muy poco y, sin embargo, eran felices”, describe.

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En la India expuso 12 obras -algunas autobiográficas- en un contexto atravesado por el machismo y la desigualdad. Su trabajo dialogó directamente con la problemática de la violencia de género.

El arte como camino y destino

A lo largo de su carrera, ha expuesto en distintos países y ha realizado retratos de figuras políticas que hoy se exhiben en espacios institucionales. También ha sido convocada por coleccionistas y ha logrado posicionar su obra en circuitos internacionales. Sin embargo, mantiene una mirada crítica sobre el mercado del arte.

“Es la parte más difícil. No hay una gran plaza en Mendoza, pero si querés, podés. Hay que moverse”, reconoce.

Entre sus próximos objetivos, sueña con nuevas exposiciones internacionales y con llegar a grandes museos del mundo.

En paralelo, su casa-taller se ha convertido en un espacio de encuentro para artistas, estudiantes y curiosos. Allí recibe a quienes buscan aprender o inspirarse en su trabajo. Aunque nunca dio clases formalmente, no descarta hacerlo en el futuro.

“Desde la sinceridad, creo que puedo aportar en el ámbito universitario”, añade.

Con una carrera consolidada pero en constante movimiento, Florencia Aise sostiene una convicción que atraviesa toda su obra y su vida: "Si querés algo, hay que ir por eso. Pedir, trabajar y no tener vergüenza”. Porque, al final, para ella, el arte no es solo una profesión: es una forma de existir.

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