Es una historia compleja, triste, dramática, aún sin final, vivida en un mundo áspero y escrita fría y parcialmente en un expediente judicial. Su capítulo más angustiante comenzó en 2016 pero para entenderla conviene empezar por la actualidad.

Una pareja, él de 32 años y ella de 37, tienen tres hijos. En 2006, por una medida preventiva, la Justicia se les quitó. El hijo mayor tenía 12 años, el siguiente, 7 y la menor era una beba de 40 días y tomaba el pecho.

Después de concurrir a talleres, entrevistas periódicas y tratamientos, que continúan aún hoy, y de mejorar sus condiciones de vida, hace tres meses la pareja logró que les restituyeran a los dos hijos mayores. Sin embargo no han conseguido que ocurriera lo mismo con la bebé.

La pequeña, que ahora tiene 3 años, fue entregada a una pareja de “pretensos adoptantes”, denominación judicial que reciben los potenciales padres adoptivos.

Por ello, desde hace dos años los padres tienen prohibido verla, a pesar de que los distintos equipos de asistentes sociales y psicólogos que han atendido a los niños y a los padres, han elaborado informes que recomiendan la restitución.

El caso ahora llegó a la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.

Ficha judicial

Los expedientes son el 6939/16. OAL Ley 26061 Control de Legalidad; el 8497 OAL por adoptabilidad de la hija menor, que continúa con el expediente 10.392/18- 514/18 de la Cámara de Apelaciones de Familia; y expediente 9262/18 DINAF, por adoptabilidad de los dos hijos varones.

Ficha de los protagonistas

La pareja vive en la ciudad de Rivadavia, en una casa ubicada en los fondos de una propiedad familiar, en una zona relativamente céntrica.

Padre: Tiene 32 años. Hace changas de jardinería, pintura, lavado de autos y ha trabajado como auxiliar de a bordo de dos empresas de transporte de larga distancia. Actualmente está terminando el secundario en un CENS local y le quedan dos materias para terminar.

Madre: Tiene 37 años. Trabaja como empleada doméstica, tiene un contrato en la Municipalidad de Rivadavia y se encarga de la limpieza de un salón de la comuna. También está a punto de terminar el secundario en el mismo CENS que su pareja.

Hijo mayor: Tiene 15 años. Asiste a una escuela secundaria de Rivadavia. Pasó a cuarto año y obtuvo el mejor promedio. Practica atletismo y se destaca en esa actividad deportiva. Fue a competir a Córdoba y sus padres se han hecho cargo de todos los gastos. Tenía 12 años cuando lo sacaron de al lado de sus padres y lo llevaron a un hogar de la DINAF. Hace tres meses fue restituido a sus padres y hay un seguimiento constante por parte del Estado sobre su estado y evolución.

Hijo menor: Tiene 10 años. Asiste a una escuela primaria de Rivadavia. Pasó a 5to. grado, con muy buen desempeño. Tenía 7 años cuando lo sacaron de al lado de sus padres, junto a su hermano. También restituido hace 3 meses a su familia y se realiza un constante seguimiento sobre su situación.

Hija menor: Tiene 3 años. Tenía cuarenta días cuando se la sacaron a los papás y tomaba el pecho. Los padres pudieron verla hasta el 18 de diciembre de 2017, luego fue prohibido el contacto. Sus dos hermanos todavía pueden visitarla. Hoy vive con una pareja de "pretensos adoptantes".

La historia

El 6 de septiembre de 2016, a través del Organismo Administrativo Local (OAL), dependiente de Desarrollo Social, Niñez, Adolescencia y Familia de la Provincia, la Justicia ordenó retirarles los tres niños al matrimonio.

Se consideró que podían estar en riesgo. Había indicios de violencia verbal y algún caso de violencia física intrafamiliar, especialmente entre el matrimonio. Además hubo algunos testimonios que indicaban haber visto a los niños trabajando junto a su padre, cuando este hacía changas. Esto se daba porque la madre también trabajaba y no había nadie que pudiera cuidarlos.

Los niños fueron retirados del seno familiar. Los dos mayores fueron enviados a un hogar de la DINAF y la pequeña fue a una Casa Cuna, prohibiéndosele a la madre continuar dándole la teta, luego pasó a ser entregada provisoriamente a una familia de la Asociación Voluntarios de Mendoza de Niñez y Familia (Avome) y luego a una familia de potenciales adoptantes.

Los padres comenzaron a intentar recuperar a sus hijos. Cuando se les notifica el control de legalidad de la medida que se había adoptado, fueron derivados a la Codefensoría de familia y el caso fue tomado por la doctora Stella Aliotta, codefensora de Familia de la Tercera Circunscripción Judicial.

A partir de allí la pareja comenzó a a realizar tratamientos psicológicos en el Servicio de Salud Mental del Hospital Carlos Saporiti, en Rivadavia, con las profesionales Gabriela Catarutti y Soledad Vereda.

Además el padre comienza a asistir al "Grupo de Abordaje a Hombres con Problemáticas de Violencia de Género”, coordinado por el psicólogo Daniel Rodríguez y dependiente de la Subsecretaría de Desarrollo Humano de la Municipalidad de San Martín. Fueron tres meses de encuentros semanales, donde se trabajó sobre situaciones de riesgo y alternativas para resolver conflictos.

Los padres lograron que se estableciera un régimen de comunicación con los varones y con la niña, pero luego las autorizaciones para ver a la niña se fueron espaciando.

En los expedientes consta que, pasado el tiempo legal respecto a la medida tomada por el OAL y no obstante los esfuerzo de los padres para revertir la situación, el organismo solicitó que los tres niños queden en situación de adoptabilidad y, llamativamente, comienzan a tramitarse en expedientes separados, uno para los varones y otro para la niña.

A través de la codefensora, los padres se opusieron la adoptabilidad de los tres hijos, aduciendo que estaban en condiciones de hacerse cargo de sus hijos, presentando los informes de los profesionales del Hospital Saporti y de la Municipalidad de San Martín, que avalaban esta postura, además de informes del área social del Cuerpo Auxiliar Interdisciplinario (CAI) del Juzgado de Familia, que indicaron que la pareja estaba en condiciones de hacerse cargo de sus hijos.

Uno de los informes indica que “al día de la fecha seguimos trabajando para intentar llevar a cabo el proceso de re vinculación, porque hemos podido observar el deseo y la perseverancia de estos papás en logar un contacto constante con sus hijos y también porque hemos observado que los niños piden por sus padres (…)”. Este escrito está fechado el 6 de marzo de 2018 y firmado por el equipo profesional de Servicio de Salud Metal Hospital Saporiti.

Además la pareja realizó diferentes denuncias formales por irregularidades que ocurrían en el hogar donde estaban alojados los niños.

Pese a que se aportaron en los expedientes otros testimonios e informes que sostenían que los padres podían hacerse cargo de sus hijos, solo se logró que se les restituyera a los dos varones, pero no a la niña, sobre la que se declaró el estado de adoptabilidad.

Esta medida fue recurrida ante la Cámara de Apelaciones de Familia de Mendoza. Mientras se resolvía el recurso, aún sin estar firme la medida, la nena fue entregada a una familia de pretensos adoptantes y solo se logró que sus hermanos pudieran seguir visitándola, pero no sus padres.

La Justicia tomó medidas distintas en los expedientes de los varones y de la niña, pese a que en ambos constaban las mismas pruebas. El Juzgado aceptó el regreso de los niños a su hogar, pero rechazó que ocurriera lo mismo con la nena y la Cámara confirmó esa medida.

“Lo que no se entiende es cómo para criar dos hijos la pareja es apta para ejercer el rol paterno y materno y para la niña no”, indicaron desde del ámbito cercano a los padres.

Ahora, como último intento legal para revertir la situación, los padres presentaron un recurso ante la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.

Entre otros argumentos se sostiene que, no solo el derecho a ejercer la paternidad ha sido vulnerado, sino que también se vulnera el derecho de los niños a ser criados juntos por sus padres, estando estos en condiciones de hacerlo.

Por acción u opción, los organismos del Estado y la Justicia siempre están en la mira en estos casos. En ellos cae toda la responsabilidad, especialmente porque las consecuencias de sus decisiones pueden ser irremediables.

Temas relacionados: