La eutanasia vuelve al centro del debate público tras conocerse el caso de Wendy Duffy. Esta mujer de 56 años tomó la determinación de finalizar su existencia en una clínica especializada. El motivo principal radica en la imposibilidad de superar el fallecimiento de su único hijo, Marcus, quien murió hace cuatro años. A pesar de no padecer una enfermedad física terminal, la clínica aceptó su solicitud basada en su sufrimiento psicológico crónico.
El viaje hacia Suiza representó el cierre de un proceso que duró más de un año. Durante ese tiempo, la mujer completó trámites, evaluaciones psiquiátricas y envió su historial médico completo. El costo del procedimiento alcanzó las 10.000 libras esterlinas. La clínica Pegasos, ubicada en territorio suizo, aprobó el caso al considerar que su angustia era severa, duradera y resistente a cualquier tipo de tratamiento convencional.
Determinación firme
La madre declaró en entrevistas previas que su existencia era una agonía constante. "No me importa nada más. Existo, pero no vivo. Cuando Marcus murió, yo también morí por dentro", afirmó con contundencia. Esta voluntad inquebrantable la llevó a preparar cada detalle de su partida, desde las cartas de despedida para sus familiares hasta la ropa que utilizaría en su lecho de muerte.
Para este último momento, eligió vestir una camiseta que perteneció a su hijo y que todavía conservaba su aroma. Los expertos evaluaron su salud mental mediante correos y mensajería digital antes de dar el visto bueno final. La mujer manifestó que no cambiaría de opinión y pidió a sus allegados que se sintieran felices por ella, bajo la premisa de que se trataba de su propia elección.
Por qué Suiza lo permite
El país de Suiza cuenta con regulaciones que permiten este tipo de prácticas, aunque no todas las instituciones aceptan casos psiquiátricos. La clínica donde acudió la mujer es una de las pocas que admite pacientes sin enfermedades físicas, siempre que cumplan requisitos rigurosos. En contraste, las leyes de su país de origen prohibirían un caso similar, ya que allí solo se contempla para enfermos terminales con pocos meses de vida.
Los restos de la mujer volverán a su hogar tras la cremación. Su deseo final consiste en que sus cenizas descansen cerca del banco dedicado a la memoria de su descendiente. Al llegar al centro médico, la madre contactó a sus hermanos para informarles sobre el momento definitivo. "Mi única estipulación es que las ventanas estén abiertas para que mi espíritu sea libre", expresó antes de concretar su plan en la nación de Suiza.






