Es irónico que el objeto que empleamos para lavar los platos, como la esponja, para mantener la cocina impecable sea, en realidad, uno de los objetos más contaminados del hogar. Investigadores han demostrado que estos elementos funcionan como auténticos "criaderos microbianos", superando incluso a los cultivos utilizados en laboratorios científicos.
El problema no radica únicamente en los residuos alimenticios que puedan acumularse entre sus poros. La verdadera razón se encuentra en su material, que genera las condiciones perfectas para el desarrollo de colonias bacterianas.
Un ecosistema microscópico perfecto
Los científicos realizaron múltiples pruebas con diferentes cepas de Escherichia coli para comprender cómo se desarrollan las comunidades bacterianas. Sus hallazgos revelaron que ciertos microorganismos necesitan convivir con otras especies para sobrevivir, mientras que otros prefieren el aislamiento total.
La estructura de las esponjas domésticas replica exactamente las características del suelo fértil combina zonas de separación con áreas comunitarias de diversos tamaños. Esta configuración multinivel permite que tanto las bacterias sociales como las solitarias encuentren su espacio ideal, maximizando la biodiversidad microbiana.
Lingchong You, especialista en ingeniería biomédica de Duke, comparó el comportamiento bacteriano con las reacciones humanas durante el confinamiento pandémico: algunos individuos sufren con el aislamiento, mientras otros florecen en la soledad. Las esponjas proporcionan ambientes para ambos grupos simultáneamente.
Cuando existen tanto interacciones positivas como negativas entre especies, un nivel intermedio de integración espacial favorece la coexistencia máxima. Y precisamente eso ofrecen las esponjas, una mezcla perfecta de zonas compartidas y privadas que potencia la supervivencia de múltiples especies bacterianas.
Métodos efectivos de higienización
Claudia Degrossi, doctora en Química y cofundadora de caza bacterias, enfatiza que mantener las esponjas sin restos orgánicos ni humedad es fundamental. Las bacterias se reproducen exponencialmente cuando encuentran alimento y agua disponibles.
Para mantenerlas en condiciones adecuadas, recomienda un proceso de tres etapas. Primero, eliminar manualmente todos los fragmentos de comida visibles después de cada uso, empleando detergente o bicarbonato de sodio junto con movimientos vigorosos de estrujado. Posteriormente, enjuagar completamente hasta eliminar toda la espuma.
El segundo paso consiste en extraer completamente la humedad. Una esponja mojada es un paraíso para los microorganismos.
Finalmente, la desinfección puede realizarse mediante tres métodos, sumergir la esponja en una mezcla de agua con lavandina, aplicar agua hirviendo directamente sobre ella, o colocarla en el microondas dentro de un recipiente adecuado durante algunos minutos.






