Más allá de patrullas y ejercicios militares, China ha movido una pieza inesperada. Se trata de ofertas de empleo para trabajar en las islas que reclama junto a otros países, en un intento por afianzar su control territorial no solo con barcos y barcos de guerra, sino con personas, infraestructura y presencia civil sostenida.
China disputa el poder con 5 países sobre una isla y lanza ofertas de empleo como método
Los arrecifes, islotes y atolones del Mar de la China Meridional están en disputa entre hasta seis países, incluidos China, Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán. Las reclamaciones de Pekín abarcan casi la totalidad del mar mediante la llamada línea de nueve trazos, a pesar de que un tribunal internacional dictaminó en 2016 que gran parte de esas pretensiones carecen de base legal bajo la Convención del Derecho del Mar.
La disputa se da, precisamente, sobre áreas como el archipiélago de las Spratly y el Arrecife Scarborough (Huangyan Dao), ricos en pesca y posiblemente hidrocarburos, y con una ubicación estratégica en las rutas marítimas más importantes del planeta. Pero lejos de una estrategia militar, recientemente, el gobierno chino publicó convocatorias de trabajo para cubrir distintos puestos en las islas del Mar de la China Meridional, una medida interpretada por analistas como otro paso para reforzar la presencia soberana de Pekín en los territorios en disputa.
¿Cuál es la estrategia de China en estas islas?
Según estas ofertas, se buscan trabajadores civiles para desempeñarse en actividades que van desde mantenimiento e infraestructura hasta servicios básicos en las áreas ocupadas por China. La estrategia tiene una lógica política y simbólica, la presencia de trabajadores civiles permanentes, apoyada por infraestructura y servicios gubernamentales, puede reforzar los reclamos de soberanía, haciendo que estas zonas disputadas dejen de ser simplemente posiciones militares en medio del océano para transformarse en territorios con población, servicios y actividad económica bajo control chino.
La pugna por el control de estos islotes y las aguas circundantes no es nueva. Desde hace décadas China ha construido estructuras, pistas de aterrizaje y bases en arrecifes como los de las Spratly, y ha reforzado su guardia costera y patrullas navales para defender lo que considera “sus derechos soberanos”. Otros países reclamantes, como Filipinas, han respondido con protestas diplomáticas y presencia propia, aunque el poder militar y económico de Pekín ha inclinado la balanza en muchos casos.
La importancia de estas aguas no está solo en la soberanía territorial. La mitad del comercio marítimo mundial circula por aquí, y las posibles reservas de gas y petróleo hacen que los reclamos vayan más allá de un simple dibujo en el mapa. Al ofrecer empleos en zonas disputadas, China está combinando herramientas civiles con su estrategia de afirmación territorial en el Mar de la China Meridional. Es una señal de que la disputa no se limita a buques militares y declaraciones diplomáticas






