"Escoliosis", la columna torcida de Ariel RobertSospecho que en los diarios de países como Canadá, Dinamarca, Finlandia, a los horóscopos los escribe un historiador. Previsibles. Ordenados. Cautos. ¿Aburridos? Dicen que son aburridos. Aburridos tal vez, pero sin helicópteros a mano.Sólo en ocasiones muy especiales comparten títulos con los cientos de miles de periódicos de las periferias y de las ciudades más caóticas. Y seguramente se les complica la diagramación en esas situaciones. O no, porque seguramente lo tienen previsto.En absoluto estamos entre las ciudades en las que las tapas de los diarios son siempre escasas en columnas por la cantidad de siniestros, asesinatos y catástrofes. Difícil para El Tiempo, El Heraldo, La Prensa y la Tribuna de Honduras, que tienen record en homicidios en todo el Planeta. Ahí el desafío consiste en que la muerte violenta sea lo que denominamos en nuestro oficio "un hecho noticiable", sabemos que la frecuencia de repetición en un intervalo, atenúa la sorpresa y puede hasta pasar desapercibido el acontecimiento más gravitante.Así como hay decesos que obligan a titular en la portada, aunque fuese natural y previsible que ocurriera esa muerte. No son muchas. Y alguien podría decir con razón, cada vez menos.Lamentablemente en esta semana hubo competencia de sucesos luctuosos, más allá de las simpatías y los afectos. Todos de carácter internacional, aunque con distintos acentos y del mismo idioma.Exactamente a 60 años de haber escapado en el navío Granma (*) de la guardia costera mexicana aquellos barbados jóvenes, liderados por el otrora jesuita devenido líder de la revolución cubana, el mismo comandante, Fidel Castro Ruz murió. Acontecimiento que sirve para poner en evidencia que la grieta no es un invento nacional. Para algunos todo es discutible y opinable. Para otros, no. Revolucionario tenaz, persistente líder y dúctil político. Dictador y tirano. Desde uno y otro lado, la coincidencia es que su figura en vida provocaba fascinación. Y su estatura física coincidía con la intelectual. Un rasgo de época que con la desaparición de Fidel Castro queda clausurado. El católico transfigurado en marxista hoy es ceniza y lo único inevitable será su conversión en mito.Poco importa la simpatía por un color. Tampoco la preferencia por la disciplina deportiva. La alegría por la obtención inaugural de la copa Davis, quedó postergada por la tragedia del fútbol. Un avión de una línea que hoy es sospechada, se precipitó y con él la vida de demasiados jóvenes, cuya manifestación revolucionaria fue alcanzar una final internacional desde la ignominia de un Club novel. Lo que pueda revelar la caja negra todas las conjeturas con niños ángeles incluidos poco ayudará. La historia es irreversible y el Chapecoense se quedó repleto de lágrimas y dolor.Quizá para no desentonar con el tenor trágico, volvió a ganar lugar en los espacios informativos del mundo, sin necesitar de aeropuerto. Chicos sordos habían sido abusados sexualmente y durante años en un establecimiento educativo religioso. Nuevamente la Iglesia Católica sube al altar de lo inadmisible. Imperdonable al menos por el Hombre. Aberración y ultraje en este caso, simulado a través de un silencio cínico y aterrador. Años. Decenas. No deberíamos perder la conmoción tras el dato estadístico.Entre tanta oscuridad resulta casi imposible advertir una nueva mancha. Pero la hubo. Uno de los empresarios más conspicuos e influyentes de todos los gobiernos, vierte conceptos que profundizan las heridas al punto de parecerse a Cordera, aquél extemporáneo rocker autor de "la argentinidad al palo".Esto lo publicaron todos en sus versiones digitales, pero los grandes diarios porteños en versión papel, lo omitieron.¿Un papelón? No, de ninguna manera. Es la expresión más cabal de la grieta sin fin. Tampoco un exabrupto lo disimula, ni un grosero error sirve como pretexto. No es producto de la torpeza discursiva ni una puesta en escena para la ocasión. Es la grieta que va encontrando distintos actores y motivos.Es en definitiva la injusticia, esa rendija indisimulable para quienes la padecen, pero también peligrosa para los que con su indolencia y desprecio, la incrementan. Y si no se ensayan puentes sólidos, puede convertirse en una fosa común.
