La falta de árboles es uno de los problemas ambientales más preocupantes en muchas regiones del planeta. Sin embargo, en el norte de España ocurre exactamente lo contrario. Allí, la expansión de una especie introducida hace más de un siglo se ha convertido en un desafío ecológico de gran magnitud.
En 1960 pensaron que era buena idea plantar estos árboles en España: hoy es un invasor que se está cargando la avifauna local
El norte de España enfrenta una paradoja poco habitual: el problema no es la falta de árboles, sino el éxito desmedido de una especie cuya expansión ha terminado generando nuevos desafíos ambientales.

Lo que comenzó como una solución para impulsar la producción forestal terminó generando consecuencias inesperadas. Hoy, el eucalipto ocupa enormes extensiones de territorio y su presencia es objeto de un intenso debate entre científicos, administraciones y organizaciones ambientalistas.
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Desde entonces, su crecimiento ha sido constante hasta convertirse en una de las especies dominantes de la cornisa cantábrica. Aunque no existen cifras oficiales actualizadas, se estima que el eucalipto ocupa alrededor de 760.000 hectáreas en estas comunidades, una superficie equivalente a toda la extensión de la comunidad autónoma del País Vasco. Uno de los principales cuestionamientos hacia esta especie es su impacto sobre los ecosistemas locales.
Los "desiertos verdes" que preocupan a los expertos
Diversos especialistas sostienen que su rápida expansión favorece la creación de los llamados "desiertos verdes": extensas masas forestales con escasa diversidad biológica que desplazan a la vegetación nativa y alteran el equilibrio natural del territorio. Además, se le atribuye una elevada demanda de recursos hídricos, lo que puede afectar la disponibilidad de agua en determinadas zonas.
La preocupación llegó a tal punto que el Comité Científico de Flora y Fauna Silvestre concluyó que estos árboles deberían ser catalogados como una "especie exótica invasora". Sin embargo, debido a la enorme relevancia económica y social que tiene el eucalipto para la industria forestal, la administración optó por no aplicar esa clasificación. Según los críticos de esta decisión, el debate se cerró por motivos políticos y económicos, dejando en segundo plano las evidencias científicas relacionadas con el impacto de los eucaliptos naturalizados sobre la biodiversidad.
Otro de los aspectos más controvertidos es su relación con los incendios forestales, un problema recurrente en regiones como Galicia. La inflamabilidad del eucalipto lo convierte en un factor que puede favorecer la propagación del fuego. Sus aceites esenciales y la acumulación de corteza seca facilitan la combustión y contribuyen a que las llamas avancen con mayor rapidez.
Esta situación no solo representa una amenaza para los ecosistemas, sino también para las comunidades que viven cerca de estas plantaciones. La elevada densidad de los árboles y la forma en que suelen establecerse dificultan las tareas de extinción, convirtiendo cada incendio en un desafío especialmente complejo para los equipos de emergencia.