Distinción española

El rey de España condecoró al ingeniero mendocino Alberto Arizu por su aporte vitivinícola

En su finca, el referente vitivinícola y leyenda de Luigi Bosca recibió por parte del Reino de España la misma distinción que en mayo le dieron a Mirtha Legrand

En un encuentro íntimo y familiar celebrado en Finca El Paraíso, la histórica propiedad de la familia Arizu en Mendoza, el ingeniero agrónomo Alberto Arizu recibió la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica, una de las máximas distinciones que otorga el Reino de España y la misma que en mayo pasado le dieron a Mirtha Legrand.

La prestigiosa condecoración fue entregada por el Cónsul General de España en Mendoza, Ramón Blecua Casas, en reconocimiento a la destacada trayectoria del profesional de 85 años y a su contribución al fortalecimiento de los vínculos entre el país europeo y la comunidad internacional.

La Orden de Isabel la Católica es una de las más altas condecoraciones civiles otorgadas por el Reino de España. Creada originalmente en 1815 por el rey Fernando VII bajo el nombre de Real y Americana Orden de Isabel la Católica para premiar la lealtad en los territorios de ultramar, fue reorganizada en 1847 adoptando su denominación actual.

En una ceremonia íntima en su finca El Paraíso, el ingeniero agrónomo Alberto Arizu recibió la condecoración en manos del cónsul general de España en Mendoza, Ramón Blecua Casas.

En una ceremonia íntima en su finca El Paraíso, el ingeniero agrónomo Alberto Arizu recibió la condecoración en manos del cónsul general de España en Mendoza, Ramón Blecua Casas.

Con este reconocimiento, Arizu se suma a una selecta lista de argentinos distinguidos, entre quienes se encuentran personalidades como Mirtha Legrand -condecorada a principios de mayo-, Eva Perón, Lola Membrives y Juliana Awada, además de expresidentes y embajadores que recibieron grados superiores de la orden.

La insignia de la Cruz de Oficial consiste en una cruz esmaltada en blanco con detalles dorados y una corona de laureles. En su centro destaca el emblema histórico de las Columnas de Hércules junto al lema “Plus Ultra”, símbolo tradicional de la monarquía española, y se lleva prendida sobre el pecho mediante una cinta amarilla y blanca.

España también distingue un legado familiar

Integrante de la dinastía vitivinícola más antigua del país que aún lidera su propia compañía, Alberto Arizu ha sido un pilar fundamental en los 125 años de historia de la bodega Luigi Bosca, fundada en 1901 por su bisabuelo, el inmigrante español Leoncio Arizu.

“Recibir esta distinción es un honor y estoy profundamente emocionado. Es un reconocimiento al trabajo y a la continuidad del legado a través de cuatro generaciones que encontraron en Argentina una tierra de oportunidades y mantuvieron siempre vivo el vínculo con sus raíces españolas”, expresó el ingeniero durante la recepción esta semana en su finca que abarca la residencia familiar estilo château de 1905, ubicada en Barrancas, Maipú.

La familia Arizu en su finca El Paraíso donde se encuentra la residencia, una antigua casona de principios de siglo XX.

La familia Arizu en su finca El Paraíso donde se encuentra la residencia, una antigua casona de principios de siglo XX.

Bajo la dirección ejecutiva de Arizu, Luigi Bosca consolidó su proyección internacional, exportando hoy a más de 60 mercados y posicionándose con fuerza en el segmento de vinos premium y de colección, como la emblemática colección De Sangre.

Asimismo, el rol que supo tener como director y presidente de Wines of Argentina lo convirtió en un embajador clave para el posicionamiento global del Malbec. Recientemente, y bajo su conducción, la firma recibió el prestigioso premio internacional como "Mejor Bodega del Nuevo Mundo".

El ingeniero que impulsó la D.O.C. en el vino

Alberto Arizu, ingenierio agrónomo, nació en 1941 en Luján de Cuyo, como parte de la tercera generación de la familia Arizu, fundadora de Luigi Bosca. Es una de las personalidades más reconocidas de la vitivinicultura argentina por su larga trayectoria con un rol fundamental en el desarrollo de la bodega y la investigación vitícola del país.

Fue uno de los principales impulsores de la creación de la Denominación de Origen Controlada (D.O.C.) Luján de Cuyo (1989), la primera de América Latina, iniciativa que contribuyó a proteger y jerarquizar uno de los terruños más emblemáticos del país.

Cursó la escuela primaria en el colegio Don Bosco y el secundario en el Liceo Militar General Espejo. Su trayectoria formativa continuó en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, donde obtuvo su título de ingeniero agrónomo con honores en 1965.

Alberto Arizu, a sus 85 años, recibió la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica de España.

Alberto Arizu, a sus 85 años, recibió la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica de España.

Convencido de que la excelencia de un vino nace en el viñedo, Alberto Arizu promovió una visión basada en el respeto por el origen, la innovación sustentada en el conocimiento y la preservación de la identidad de cada lugar.

Nos beneficiamos diariamente de las bondades de la naturaleza mendocina, y protegemos y preservamos la tierra para las futuras generaciones. Nos beneficiamos diariamente de las bondades de la naturaleza mendocina, y protegemos y preservamos la tierra para las futuras generaciones.

Su aporte fue decisivo para posicionar a Luigi Bosca como una de las bodegas referentes de la Argentina y para fortalecer el prestigio internacional de los vinos argentinos.

El vino como patrimonio afectivo

Más allá de los logros comerciales y los reconocimientos globales, la historia de los Arizu está profundamente ligada a los rituales familiares y al respeto por la tierra mendocina.

El ingeniero -primo del ministro de Producción de Mendoza, Rodolfo Vargas Arizu- recordó en una entrevista reciente una tradición que atravesó a las generaciones: tras identificar el mejor viñedo del año, su abuelo solía descansar allí y pisar el suelo descalzo al atardecer en señal de agradecimiento. “También lo hizo mi padre y después lo hice yo. Era a la hora de la oración, el momento más lindo del día, el de mayor conexión con la naturaleza”, rememoró al diario La Nación.

Ese lazo afectivo con el tiempo se preserva también en su colección privada, donde Alberto Arizu conserva el vino que su abuelo elaboró para el nacimiento de su padre, además de partidas dedicadas especialmente a su esposa Alicia, a sus hijos y a cada uno de sus 12 nietos.

Una muestra de que, para esta familia, el vino excede cualquier definición comercial y permanece como un patrimonio cultural vivo.