Juan Carlos González tiene 55 años, es profesor de Historia y hace casi una década encontró una manera particular de seguir dando clases cuando termina la jornada escolar. De noche, entre mausoleos, nichos y tumbas, se convierte en guía del Cementerio de la Ciudad de Mendoza y lleva a decenas de visitantes por historias de amor, crímenes, bodegueros, médicos, arquitectos, mujeres que dejaron su huella y personajes que ayudaron a construir la provincia.
El profesor mendocino que convirtió un cementerio en otra aula y les devuelve vida a sus muertos
De día enseña Historia y de noche guía recorridos por el Cementerio de Mendoza, donde rescata historias de amor, crímenes y personajes que marcaron la provincia

No es solamente un recorrido por un cementerio. Para él es otra clase de Historia, pero con una diferencia fundamental: sus alumnos no se sientan frente a un pizarrón y quienes aparecen en sus relatos ya no están para contar su propia versión.
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Juan Carlos enseña Ciencias Sociales y Formación Ética y Ciudadana en el CENS 3-456 De la Libertad, de Guaymallén, dentro de la modalidad de Jóvenes y Adultos. Dice que su vocación nació de una combinación sencilla y poderosa: le gustaba la Historia y tuvo profesores que consiguieron que él también la amara. Esos docentes terminaron marcando su profesión y, muchos años después, él encontró su propia manera de contagiar ese interés.
El profesor que llegó al cementerio en 2016 y organiza visitas increíbles
En 2016 llegó al Cementerio de la Ciudad convocado por los hermanos Sevilla, que estaban a cargo de las visitas guiadas y conocían su trabajo y especialmente su conocimiento sobre el simbolismo. Cuando ellos debieron dejar la actividad por otros compromisos laborales, Juan Carlos quedó al frente y decidió que no quería limitarse a repetir una narración lineal sobre los personajes enterrados allí.
Quiso hacer otra cosa. “Siempre se contaba la vida y obra de gobernadores y bodegueros. Yo decidí darle un sentido más dinámico, con propuestas nuevas”, explica.
La idea fue sacar a los personajes de las fechas, los cargos y las biografías solemnes para mostrarlos como personas. Con aciertos, errores, amores, odios, decisiones, contradicciones y, también, secretos.
Así aparecieron nuevas temáticas. Las mujeres que hicieron algo por Mendoza. Los médicos. Los arquitectos. Las historias de amor y desamor. Los grandes crímenes de la provincia. La Generación del 80, pero mirada desde Mendoza y no solamente desde Buenos Aires. Los rituales funerarios y la simbología que aparece en algunas tumbas.
El cementerio empezó a funcionar, entonces, como un enorme libro abierto.
La propia Municipalidad de Mendoza ha presentado recorridos con Juan Carlos como guía y ha incorporado propuestas que atraviesan historias de personajes, rituales y símbolos. En 2024, por ejemplo, estuvo a cargo junto a Eleonora Aranguren del recorrido “Rituales del alma”, dentro de las actividades por el Día de los Difuntos.
El cementerio y sus innumerables historias contadas por un profesor
Pero hay algo que Juan Carlos considera todavía más importante que conocer quién está enterrado en cada lugar: entender qué tiene que ver esa persona con la Mendoza que conocemos hoy.
“Más allá de hablar de ellos, también está la oportunidad de que el ciudadano visitante conozca la historia de Mendoza, que muchos desconocen. No es sólo un recorrido, sino también una pequeña clase de Historia de Mendoza”, dice.
Y entonces una tumba deja de ser solamente una tumba.
Está, por ejemplo, la historia de los bodegueros Arizu y Escorihuela, que permite hablar del desarrollo de la vitivinicultura. También la de arquitectos y profesionales que participaron en la transformación de la ciudad. O la de Luis Lavoisier, el francés que fundó el Mercado Central en 1883 y que, con aquel espacio comercial, modificó la vida cotidiana de los mendocinos. La historia oficial del Mercado Central confirma que Lavoisier fue su fundador y que aquel lugar se convirtió en una pieza importante del crecimiento de la ciudad.
Pero si hay una historia que Juan Carlos elige cuando quiere explicar por qué el cementerio puede emocionar tanto como enseñar, aparece una pareja.
La historia de Frank Romero Day y María Angélica Day contada en el cementerio
Frank Romero Day y María Angelina Day.
Él fue el ingeniero agrónomo que quedó ligado para siempre a la historia de la Vendimia y cuyo nombre lleva el Teatro Griego. Sus restos descansan junto a los de su esposa en el Cementerio de la Ciudad. La historia cuenta que Angelina murió de cáncer y que Frank decidió ocultarle la gravedad de su enfermedad para evitarle el sufrimiento de saber que no había nada que él pudiera hacer. Después de su muerte, pidió que lo sepultaran junto a ella y que los féretros quedaran enfrentados, como si ambos pudieran seguir mirándose eternamente.
Es una de esas historias que Juan Carlos cuenta y que, según dice, suele terminar con visitantes emocionados.
“Creo que es la historia más bonita. Veo mucha gente llorar”, cuenta.
Y ahí aparece otra de las claves de su trabajo. No busca convertir el cementerio en un lugar de miedo. Tampoco pretende construir personajes perfectos. Al contrario: le interesa recuperar la humanidad que existe detrás de los nombres que aparecen en las placas.
Por eso también incorporó historias de crímenes que sacudieron a Mendoza, como la de Clemente Escorihuela, asesinado en el Pasaje San Martín, o la del profesor Manuel Domínguez, asesinado en El Challao. No se trata solamente de reconstruir un crimen, sino de utilizar esas historias para volver sobre una época, una sociedad, sus conflictos y las personas que la habitaron.
Las historias del docente en el cementerio de Ciudad
El trabajo también lo llevó a estudiar el simbolismo de las tumbas. En el cementerio hay mausoleos y monumentos que permiten hablar de creencias, pertenencias, valores y formas de entender la muerte. La simbología masónica, por ejemplo, es uno de los temas que Juan Carlos ha investigado y explicado durante sus recorridos.
Y hay fechas en las que ese vínculo entre historia, muerte y memoria se vuelve todavía más fuerte. Cada noviembre, alrededor del Día de los Difuntos, la Municipalidad organiza propuestas como “Rituales del alma”, que recuperan las formas en que distintas sociedades y personajes se relacionaron con la muerte.
Las visitas nocturnas, mientras tanto, tienen una respuesta que sorprende incluso a quienes ya conocen el lugar. Según cuenta Juan Carlos, suelen asistir al menos 70 personas y en esta época llegan a superar las 90. Las entradas se agotan rápidamente y la agenda se consulta a comienzos de cada mes en la programación cultural de la Ciudad de Mendoza.
La Municipalidad continúa ofreciendo recorridos temáticos durante 2026. Entre las propuestas anunciadas para septiembre aparece, por ejemplo, “Mujeres Cuyanas”, un circuito dedicado a mujeres que tuvieron participación en la vida laboral, educativa, social, cultural y política de Mendoza.
Juan Carlos sigue siendo profesor cuando vuelve a la escuela. Sigue enseñando Ciencias Sociales, Formación Ética y Ciudadana y sigue teniendo alumnos que llegan con historias y conocimientos muy diferentes.
Un aula y un cementerio, lugares de trabajo del profesor mendocino
Pero cuando cae la noche y atraviesa las puertas del cementerio, cambia el aula.
Ya no tiene enfrente a un curso de jóvenes y adultos. Tiene a decenas de mendocinos caminando entre tumbas, mirando mausoleos y escuchando nombres que quizá nunca habían oído.
Y él vuelve a hacer lo que aprendió de aquellos profesores que alguna vez despertaron su propia vocación: contar una historia hasta conseguir que alguien quiera saber más.
Sólo que esta vez los protagonistas están bajo tierra.
Y, en sus palabras, vuelven a caminar.
En pocas palabras
- Profesor de Historia: Juan Carlos González guía recorridos por el Cementerio de Mendoza, rescatando historias.
- Recorridos Temáticos: las visitas exploran relatos de amor, crímenes, y personajes que forjaron la provincia.
- Más que un Cementerio: el lugar se convierte en un aula viva para comprender la historia mendocina.