A quién podría ocurrírsele que una persona se puede sentir libre estando presa. Parece un contrasentido, o un estado de disociación de la mente y el cuerpo. Pero, según la propuesta “Reconexión, un puente hacia la libertad”, que la profesora de yoga Gabriela Navarro realizó con 6 internas de la cárcel de mujeres de Almafuerte, la experiencia fue todo lo contrario.
El proceso de "libertad interior" de seis internas de Almafuerte a través del yoga
Un grupo de mujeres presas se unieron a un programa de yoga terapéutico, dictado por Gabriela Navarro. Las internas experimentaron profundos cambios
Esto significa que las mujeres presas, conocieron la posibilidad de ser dueñas del control sobre ellas mismas, sobre sus emociones y sobre la regulación de su sistema nervioso. Eso las llevó a experimentar una libertad interior con la que ni siquiera habían soñado.
De hecho, según contó Gabriela, las mujeres de Almafuerte lloraron durante su última clase. Lo hicieron porque querían que el programa continuara.
La profesora aseguró que aunque esta etapa terminó –se trataba de una experiencia de 20 horas, dividida en clases de 3 horas- la intención es seguir y sumar a otras mujeres que quieran participar de los encuentros.
La Libertad adquirida: ser conscientes de la autorrealización
Según explicó Gabriela, el principal requisito para integrar este proyecto que ella puso a la gente de la penitenciaría, fue el de trabajar con gente que se “hiciera cargo” de su proceso de transformación. “yo no trabajo con personas a las que hay que maternar”, manifestó.
En este sentido, luego de una charla inicial, donde se presentó el proyecto, las mujeres que se unieron entendieron este “requisito”, estar comprometidas con el objetivo de transformar y ser dueñas de sus vidas.
Sin embargo, un poco costó al principio la definición de “libertad”.
El proceso que produjo la práctica del yoga y el autoconocimiento para las internas, cambió la respuesta al final del proceso. Entonces, lo que respondieron fue que la libertad es ser dueñas de si mismas, y de sus emociones. Un proceso que Gabriela mencionó como “profundamente inspirador”.
Partir desde un duelo personal para evolucionar
La experiencia personal de Gabriela con el yoga, tuvo que ver con un cúmulo de situaciones dolorosas, entre las que se cuentan la muerte de seres queridos y el planteo que se hizo a ella misma de encontrar un nuevo sentido a su vida.
“Yo lo tenía todo, casa, auto, un buen trabajo, un perro. Pero después de un año terrible, me replantee la vida entera”.
Así fue como se formó en el yoga terapéutico –que no persigue objetivos fitness- en Rishikesh, India, el lugar que se conoce como “la capital mundial del yoga”.
Desde allí se dedica a trabajar con personas que tienen esa necesidad de replantearse nada más y nada menos que el sentido de la vida, al menos de la suya propia.
Sin embargo, explicó que esto no implica solamente estar a punto de morir, o morir y volver a la vida, sino encontrarse en un proceso de duelo, ya sea porque alguien murió, o porque un proyecto murió, o porque una situación murió, o porque algo que realmente estábamos cuidando muere.
Esto es un proceso de individuación, que también se llama despertar de la conciencia.
Para esto, el yoga y el mindfulness –vaciar la mente, una experiencia a la que se llega a través de la meditación- son herramientas, pero lo principal está en la determinación de la persona de querer dar un paso adelante, en mejorar.
Las ganas de seguir de las mujeres que participaron en el proyecto
El resultado de todo este trayecto dentro de la Penitenciaria, con las 6 internas que decidieron ser parte, fue realmente inspirador.
“Las mujeres lograron poder estar armonizadas con ellas mismas”,
La idea es ir dando ediciones y que en cada edición se vaya uniendo un grupo nuevo.
Por otro lado, que las mujeres que ya pasaron por la primera etapa de la experiencia, puedan profundizarla.
Lo primero en este “espiral hacia la conciencia” es pensar en su propia historia. Pero luego lo extienden a la historia que las ha rodeado: la de sus padres, etapa en la que pueden generar compasión por ellos.
Después van extendiendo eso a sus ex-parejas, a sus amistades, a sus familiares.
Lo que Gabriela quiere es las internas que comenzaron este camino puedan formarse y luego ser guías de las demás.
“Quiero que un día, este proyecto ya no dependa de mi, que camine solo”, manifestó.




