Para muchos suena de película, sin embargo, los espías son un recurso utilizado por la mayoría de los países. En América del Sur, varios son lo casos registrados. En particular destaca en el último tiempo una pareja de Rusia que trabajo de incógnita.
El país de América del Sur donde operaba una familia espía de Rusia: acabaron frente a Putin y siendo reconocidos en Moscú
Una pareja de Rusia logró infiltrase con éxito en un país de América del Sur, reclutando información precisa y siendo recibidos por Putin. Todos los detalles.
Caminaban por las calles con naturalidad. Tenían hijos que hablaban perfecto español. Pagaban sus cuentas, llevaban a los chicos al colegio, vivían en un departamento común en el barrio de Belgrano. Nada los delataba. Nada, excepto una cosa: no eran quienes decían ser. Te contamos en que país de América del Sur se establecieron.
El país de América del Sur donde operaba una familia espía de Rusia: acabaron frente a Putin y siendo reconocidos en Moscú
Durante más de cinco años, Artem Dultsev y Anna Dultseva se hicieron pasar por una pareja argentina. Pero sus verdaderos nombres solo se conocerían mucho después, cuando ya no había vuelta atrás. Eran espías de Rusia encubiertos, miembros del programa de “ilegales” del SVR, el servicio de inteligencia exterior de Moscú.
La misión era tan silenciosa como efectiva: infiltrarse en América del Sur, crear una vida creíble, y desde ahí operar en nombre del Kremlin. Para eso, en 2012 construyeron identidades falsas con una precisión quirúrgica. Se hacían llamar Ludwig Gisch y María Rosa Mayer Muños. Ella decía ser artista; él, emprendedor tecnológico
No hablaban ruso en casa. No lo necesitaban. Sus hijos nacieron en suelo argentino, crecieron creyendo que eran locales, sin sospechar que sus padres en realidad eran piezas de un tablero geopolítico oculto a plena luz del día. La forma de operar era hacerse amigo de los padres de los chicos del colegio, que eran dueños de grande petroleras.
América del sur: cuando el disfraz se resquebraja
En 2017, se mudaron a Eslovenia, y en 2022, la verdad finalmente salió a la superficie. Fueron arrestados en Ljubljana, acusados de espionaje y uso de documentos falsos. Sus hijos quedaron al cuidado del Estado mientras el mundo comenzaba a entender la dimensión del engaño.
En agosto de 2024, fueron intercambiados en un acuerdo secreto entre Rusia y Occidente, al mejor estilo de la Guerra Fría. El avión que los llevó de regreso a Moscú también traía a sus hijos. Fue allí, a miles de metros de altura, cuando se reveló lo impensado: los niños no sabían que eran de Rusia. Ni siquiera entendían el idioma.
El presidente Vladimir Putin los recibió como héroes en el Kremlin. Les dijo “Buenas noches” en español, y dejó en claro que esta pareja había cumplido una misión de altísimo valor. Porque a veces, los espías no llevan gabardina. No aparecen en los pasillos oscuros de los aeropuertos. No se esconden en sótanos.
La información obtenida del caso comenzó a ser publicada por el periodista Hugo Alconada Mon en el diario La Nación y ahora ha escrito un libro llamado "Topos. La historia real de los espías rusos que tomaron Buenos Aires como su base de operaciones".





