Mientras en Mendoza los bocinazos se adueñaban de las calles después del triunfo sobre Suiza y el gol de Julián Álvarez hacía estallar a miles de hinchas, a miles de kilómetros de distancia otros mendocinos vivían exactamente la misma emoción. Cambiaban los idiomas, los paisajes y hasta los horarios, pero el sentimiento era idéntico. En un bar de Kioto, sobre la playa de Copacabana y frente al Arco del Triunfo de Barcelona, tres comprovincianos comprobaron una vez más que cuando juega la Selección argentina las fronteras parecen desaparecer.
El Mundial achica distancias: mendocinos contaron cómo festejaron el triunfo desde Japón, Brasil y España
Una artista en Kioto, una psicóloga de vacaciones en Copacabana y un arquitecto radicado en Barcelona vivieron el pase a cuartos rodeados de argentinos
La primera historia llega desde Japón y tiene como protagonista a la artista hiperrealista mendocina Florencia Aise, quien permanecerá 2 meses en ese país para realizar una residencia artística y exponer sus obras. Antes de comenzar esa experiencia decidió recorrer Japón junto a su familia y el Mundial la encontró en Kioto, una ciudad repleta de turistas, aunque con muy pocos argentinos.
Como el partido se disputaba a las diez de la mañana, encontrar un lugar abierto para verlo no fue sencillo. Recorrieron varios sitios hasta que una mujer japonesa, hija de madre peruana, les recomendó un bar que nunca cierra, conocido como Casa de Amigos, un restaurante mexicano donde suelen reunirse los fanáticos del fútbol.
Lo que encontró allí la sorprendió.
"Éramos muy pocos argentinos, no más de 10 en todo el lugar. Pero estaba lleno de gente de distintos países con camisetas argentinas. Había japoneses, estudiantes de arte, turistas... y la mayoría alentaba por Argentina", cuenta.
Uno de esos hinchas terminó convirtiéndose en el protagonista de los videos que compartió en sus redes sociales.
"Filmé a un japonés que era fanático de Argentina. Gritaba los goles como un loco. Eso fue lo que más me impactó", relata Florencia.
Para Florencia hubo algo que quedó claro durante esa mañana en Kioto.
"En todos lados decís que sos argentina y enseguida te responden 'Messi'. Acá ser fanático de Argentina es como algo cool. Nos dimos cuenta de cuánto respeto despierta nuestro fútbol en cualquier rincón del mundo".
La locura total en Copacabana, la capital del fútbol
A miles de kilómetros de Mendoza, la psicóloga y arquitecta Soledad Bermejo vivía una escena completamente distinta, aunque igual de emocionante. Aprovechó unos días de vacaciones junto a su esposo, Gustavo Prieto, para viajar a Río de Janeiro, sin imaginar que terminaría compartiendo el Mundial en uno de los escenarios futboleros más emblemáticos del planeta.
"Estamos en Copacabana y el clima de festejo es total", resume.
Sobre la playa comenzaron a multiplicarse las camisetas argentinas. Hasta hace pocos días predominaban las de Brasil, pero el avance de la Scaloneta cambió el paisaje.
"Ahora aparecen banderas y camisetas argentinas por toda la costa", dice. La pareja eligió seguir el partido en uno de los bares que se convirtieron en punto de encuentro para los hinchas argentinos.
"Fuimos a Juanas, uno de los bares donde se junta exclusivamente público argentino. Fue una verdadera fiesta", cuenta.
"Había muchísimos brasileños y todos fueron muy respetuosos. La gente que nos atendió fue excelente. Había familias, chicos, parejas, grupos de amigos. Fue un festejo enorme, pero muy tranquilo", repasa.
Para Soledad, el Mundial tiene una capacidad difícil de explicar.
"El fútbol logra algo increíble. Reúne a personas con ideas distintas, con historias distintas, con creencias diferentes. Cuando juega Argentina desaparecen las diferencias y queda solamente ese sentimiento de pertenencia", reflexiona.
Dice que esa fue la emoción más fuerte que sintió.
"Uno está lejos de su casa, pero por un rato vuelve a sentirse muy cerca", agrega.
La tercera historia tiene como escenario Barcelona y un detalle tan curioso como desopilante.
Un arquitecto mendocino en Barcelona y una vecina que amenazaba por ruidos molestos
El arquitecto mendocino Franco Colucci, fanático de Godoy Cruz, vive desde hace un tiempo en la ciudad catalana. Allí comparte una cábala inalterable: cada partido de la Selección argentina lo mira en la casa de un amigo.
Solo que esta vez apareció un problema inesperado. La vecina del departamento de arriba les advirtió que, si seguían gritando los goles como en partidos anteriores, presentaría una denuncia y los multarían.
Así que tuvieron que hacer un esfuerzo casi imposible para cualquier argentino. "No podíamos gritar los goles", cuenta entre risas. Toda la euforia quedó contenida durante 90 minutos.
Pero apenas terminó el encuentro, llegó el desahogo. Y todo está documentado en su Instagram @francolucci__
"Nos fuimos directo al Arco del Triunfo de Barcelona. Eran las seis y media de la mañana y pensábamos que no iba a haber nadie", relata.
Se equivocaron. "Había miles y miles de argentinos. Seguían llegando personas hasta las 8 de la mañana. Ahí pudimos sacar toda la emoción que habíamos tenido guardada durante el partido."
El histórico paseo catalán terminó convertido en una extensión de cualquier plaza argentina después de un triunfo mundialista.
Las banderas aparecieron por todos lados. Los cantitos también. Y durante varias horas Barcelona dejó de parecer España.
Las tres historias tienen escenarios completamente distintos. Una transcurrió entre templos y callecitas de Kioto; otra, frente al mar de Copacabana; y la última, bajo el Arco del Triunfo catalán. Sin embargo, todas terminan contando exactamente lo mismo: que la Selección argentina tiene una capacidad única para unir a quienes están lejos de casa.
Ahora, mientras la ilusión sigue creciendo y el próximo desafío será Inglaterra, los tres coinciden en algo. No importa si el partido se ve de madrugada, en un bar mexicano, sobre una playa brasileña o conteniendo un grito para no despertar a una vecina. Cuando rueda la pelota y aparece la camiseta celeste y blanca, el corazón siempre encuentra la manera de volver, aunque sea por 90 minutos, a Mendoza.








