El Mar Muerto, ubicado entre Jordania, Israel y Cisjordania, experimenta un fenómeno particular: mientras sus aguas retroceden, la temperatura de su cuenca aumenta. Un estudio liderado por Emmanuel Guillerm, del Centro GFZ Helmholtz de Alemania y la Universidad de Binghamton en Estados Unidos, vinculó la pérdida hídrica con la concentración de sal y el intercambio de calor.
El mar Muerto está desapareciendo, pero antes está cambiando el clima por algo extremo
Un estudio sobre el mar salino explica la relación entre la pérdida de agua, el aumento térmico y la formación de un clima extremo

La investigación demostró que la reducción del volumen en el mar cerrado alimenta el calentamiento profundo, generando condiciones propicias para un clima extremo.
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Calentamiento del mar
Entre 1979 y 2019, el nivel del agua descendió cerca de 34 metros. Durante ese período, las aguas profundas se calentaron 2,8 °C, mientras que la capa superior aumentó aproximadamente 1,7 °C. Las simulaciones determinaron que el incremento térmico del aire aportó 1,3 °C al calentamiento profundo, mientras que la baja del nivel del agua aportó 1,5 °C.
La evaporación suele enfriar el agua remanente, pero las sales disueltas alteran el proceso y reducen esa tendencia a una temperatura determinada. Al concentrarse la salmuera, el enfriamiento evaporativo se debilita y el agua restante eleva su temperatura. Guillerm explicó que «esta parte del calentamiento del agua se debe, por lo tanto, al desvío de agua, y se suma al calentamiento del agua debido al calentamiento antropogénico del aire».
Durante el verano, el agua superficial más cálida y salada reposa sobre capas más frías, transportando calor hacia el fondo mediante corrientes descendentes. La mezcla invernal también traslada las temperaturas atmosféricas hacia las profundidades del lecho.
Proyecciones futuras
Los investigadores evaluaron proyecciones hacia el año 2100 bajo condiciones sin aportes fluviales ni extracción industrial. Los cálculos proyectan un descenso de 85 metros en el nivel del agua y un incremento térmico de entre 5 °C y 8 °C, según el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero. La recuperación del caudal histórico de agua dulce frenaría la caída del nivel lacustre. Según Guillerm, «el calentamiento debido al aumento de la salinidad se detendría».
El equipo también simuló una cuenca mayor con un mar Mediterráneo oriental desconectado del océano. En esa prueba de 8.000 años, el agua subió unos 20 °C y el nivel cayó 2,5 kilómetros, generando sales de potasio solubles bajo un clima regional menos riguroso. «Nuestro trabajo no proporciona la solución», aclaró Guillerm respecto al debate histórico, aunque el estudio publicado en Geophysical Research Letters plantea que las bolsas de salmuera permiten rastrear el retroceso de antiguos mares.