La aparición de jóvenes que se identifican como therians -adolescentes que adoptan comportamientos o estéticas vinculadas con animales- abrió debates, desconcierto y también reacciones agresivas en redes sociales y espacios públicos. En Mendoza, incluso, una convocatoria entre adolescentes para reunirse en la plaza Independencia terminó suspendida tras la circulación de mensajes que promovían ataques contra quienes asistieran.
El fenómeno therian en Mendoza y una alerta profesional por la violencia de las respuestas sociales
La especialista en educación Mónica Coronado analizó el fenómeno y advirtió que la reacción social y el odio resultan más inquietantes que la práctica en sí
Para la psicopedagoga, formadora y escritora mendocina Mónica Coronado, el fenómeno puede analizarse desde distintas perspectivas, pero advierte que el dato más preocupante no es la excentricidad juvenil sino la violencia que despierta. “Hay dos miradas posibles: la del adolescente que busca pertenecer y la del otro que responde desde el odio”.
Adolescencia, educación y necesidad de pertenecer
Coronado vincula la aparición de los therians con procesos habituales de la adolescencia.
Compara el fenómeno con otras tribus urbanas que marcaron distintas generaciones, como los emos o los floggers.
Desde esa perspectiva, estas expresiones funcionan como modos de exploración de la identidad en una etapa atravesada por la búsqueda de reconocimiento y de grupo. Para la especialista, se trata de manifestaciones que suelen ser transitorias y que aparecen en contextos donde los jóvenes buscan visibilidad y un lugar propio.
Al mismo tiempo, aclara que lo llamativo o extraño que pueda resultar el fenómeno therian no impide analizarlo con cierta distancia social. “Es un elemento discordante dentro de la sociedad”, reconoce, aunque insiste en que la reacción frente a esa diferencia dice tanto del entorno como del propio fenómeno.
Cuando la diferencia despierta agresividad entre adolescentes
La especialista advierte que el problema aparece cuando la respuesta social parte desde la burla, el rechazo o la violencia. “Tiene que ver con la crueldad de una época que sanciona y castiga la diferencia”, sostiene.
En ese sentido, remarca que muchas de estas prácticas no implican conductas hostiles hacia terceros, pero de todas maneras se convierten en objeto de ataques.
El episodio ocurrido en Mendoza -donde circuló un grupo de WhatsApp que convocaba a agredir a jóvenes que asistirían a una juntada therian- aparece, para Coronado, como un ejemplo de esa reacción social. El encuentro finalmente fue suspendido.
El rol del mundo adulto y de la escuela frente al fenómeno therian
Otro punto que señala la especialista es la reacción de los adultos, muchas veces atravesada por el temor o la incomprensión. Según plantea, ese miedo puede reforzar discursos agresivos en lugar de promover otro tipo de respuestas relacionadas con la lógica.
En el ámbito escolar, Coronado considera que deben plantearse normas claras de convivencia. “A la escuela va la especie humana”, resume, en una frase que combina humor y límite pedagógico. Explica que la mayoría de las instituciones ya cuentan con códigos de vestimenta que impiden asistir con máscaras u objetos que cubran el rostro, por lo que la intervención debe darse desde reglas existentes y no desde la sanción violenta.
También advierte sobre una confusión frecuente: equiparar el fenómeno therian con identidades trans. “No es lo mismo”, señala, y explica que se trata de experiencias distintas que requieren abordajes diferentes dentro de la comunidad educativa.
Cómo intervenir si existe hostigamiento
Para Coronado, el principal desafío aparece cuando la diferencia se transforma en motivo de bullying o exposición pública. Incluso si los jóvenes no expresan esa identidad dentro de la escuela, pueden ser hostigados por publicaciones en redes sociales.
En esos casos, plantea la necesidad de que las instituciones educativas cuenten con criterios claros de intervención y promuevan una enseñanza básica: la convivencia frente a aquello que no se comparte.
Según la especialista, muchos adolescentes buscan visibilidad y reconocimiento, y advierte que esa necesidad no debería convertirlos en blancos de una violencia social que encuentra, cada tanto, un nuevo objeto sobre el cual descargarse.






