Alrededor de la mitad de las muertes por cáncer podrían prevenirse modificando factores de riesgo relacionados con el estilo de vida. Entre ellos, la inactividad física, que ya se considera una pandemia global, ocupa un lugar central. El ejercicio físico ayuda a mejorar el sistema inmune según estudios científicos.
Ejercicio y salud: un aliado clave contra el cáncer
La evidencia científica muestra que el ejercicio regular se asocia con menor incidencia, menor recurrencia y menor mortalidad por cáncer en adultos. Y lo hace de forma independiente de otros factores como el tabaquismo o la obesidad.
Aunque la relación entre salud y ejercicio se estudia desde hace más de un siglo, hoy la ciencia empieza a entender mejor qué ocurre dentro del cuerpo cuando nos movemos.
Cómo el ejercicio activa el sistema inmune contra el cáncer
El músculo esquelético, el que utilizamos para caminar, correr o nadar, actúa como un órgano endocrino. Cuando se contrae, libera moléculas llamadas miocinas al torrente sanguíneo. Entre ellas se encuentran citocinas como la interleucina-6 (IL-6), IL-7 e IL-15.
Estas sustancias no solo mejoran el metabolismo, sino que también influyen en el sistema inmune.
Durante el ejercicio, la IL-6 puede aumentar hasta cien veces respecto a sus niveles normales. A diferencia de la IL-6 producida por otras células, la liberada por el músculo tiene un efecto antiinflamatorio: estimula otras citocinas protectoras y reduce factores proinflamatorios vinculados a múltiples tipos de cáncer.
Además, investigaciones en modelos animales demostraron que el ejercicio favorece la movilización de células “natural killer” (NK), especializadas en detectar y destruir células tumorales, facilitando su infiltración en los tumores.
Intensidad, frecuencia y efectos reales en la salud
La intensidad importa. En humanos, cada sesión de al menos 20 minutos de ejercicio vigoroso —como caminar rápido, correr o pedalear— genera un aumento transitorio de linfocitos con alta capacidad antitumoral, como células NK, CD8+T y γδT.
El ejercicio intenso y regular produce dos efectos fundamentales:
- Reduce la inflamación crónica, considerada un terreno fértil para el cáncer.
- Mejora la infiltración de células inmunes en tumores, algo observado en pacientes con cáncer de próstata y páncreas.
Además, estudios realizados en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y la Universidad Europea de Madrid mostraron que el ejercicio hospitalario acelera la recuperación inmunológica en niños con cáncer sometidos a trasplante de médula ósea, disminuye infecciones y mitiga efectos de la quimioterapia.
Mover el cuerpo no es solo una cuestión estética o deportiva: es una herramienta biológica poderosa. La ciencia confirma que el ejercicio fortalece la salud inmunológica y puede convertirse en un aliado clave frente al cáncer.
No reemplaza tratamientos médicos, pero sí construye un terreno más fuerte desde el cual el organismo puede defenderse.
Fuente: El Nuevo Herald






