Los ejercicios integrales son perfectos para quienes tienen poco tiempo para dedicarle al entrenamiento, ya que trabajan distintos grupos musculares en sintonía. Y qué mejor que poner en práctica una postura universal, es decir, que sea apta para todas las edades y géneros. En este caso, te hablaré de un movimiento que fortalece glúteos, gemelos, cuádriceps y abdomen.
Pocos lo saben: cuál es el mejor ejercicio para trabajar glúteos, gemelos, cuádriceps y abdomen
La sentadilla en L es un movimiento que sí o sí tiene que estar en tu rutina de entrenamiento. Aunque a simple vista parezca una postura estática inofensiva, este ejercicio representa una prueba de fuego para distintos grupos musculares. Es, en esencia, una técnica de cuerpo completo concentrado en un solo esfuerzo isométrico.
Este ejercicio consiste en mantener el cuerpo suspendido formando un ángulo de 90 grados, emulando la figura de la letra "L". La columna debe permanecer erguida mientras las piernas se extienden paralelas al suelo. Se puede ejecutar en barras paralelas, lo que ofrece mayor margen de maniobra, o directamente en el suelo, variante que exige una movilidad superior en las muñecas y una compresión abdominal extrema.
Para dominar este movimiento, la técnica es innegociable:
- Sentarte en el suelo con las piernas estiradas y los pies apuntando hacia adelante.
- Colocar las palmas de las manos junto a tus caderas.
- Contraer el abdomen profundamente (llevando el ombligo hacia la espalda) y presionar el suelo con fuerza para elevar la pelvis.
- Levantar las piernas del suelo simultáneamente, manteniéndolas rectas y juntas.
- Evitar encoger los hombros: imaginá que querés alejarlos lo más posible de tus orejas. Girá los codos ligeramente hacia afuera para estabilizar la articulación.
Estos son los beneficios de la sentadilla en L
Dominar la sentadilla en L aporta ventajas que trascienden el gimnasio. Trabaja principalmente el abdomen, los glúteos, los gemelos (dependiendo de la técnica de ejecución), los cuádriceps, los brazos y los hombros. A esto se le suma la corrección de la postura, involucrando la columna torácica y las escápulas.
Por otro lado, los atletas que practiquen este ejercicio ganarán potencia en las zancadas, mejorarán su control isométrico y también lograrán estabilidad escapular.






