Gabriel Rolón, reconocido psicólogo, escritor y psicoanalista argentino, es conocido por sus reflexiones profundas sobre la vida, el amor, el dolor y las emociones humanas. En uno de sus consejos más profundos, abordó un tema universal e inevitable: el duelo.
El consejo de Gabriel Rolón sobre el duelo: ¿Por qué el dolor es la prueba final de cuánto amamos?
Gabriel Rolón revela un consejo real sobre uno de los momentos importantes de la vida: aprender a aceptar la ausencia
Gracias al poder de sus libros, podemos conectar con vos y brindarte el consejo del día en cuanto a unos de los temas más complejos en la vida del ser humano. Gabriel Rolón nos invita a mirar desde nuestras entrañas, sobre el peso del dolor y de la pérdida.
Gabriel Rolón y su verdad sobre el duelo
El consejo de hoy va más allá de lo que somos. Si no más bien, de lo que fuimos o de lo que ya no somos. Habla de la pérdida, del dolor, donde en cada una de ellas encontramos un mismo invasor: la muerte o la ausencia.
Es por eso que Gabriel Rolón dice: "Solo se duela aquello que se ha amado. El duelo es el intento de transformar una presencia torturante en un recuerdo que, al menos, nos saque una sonrisa."
Probablemente, esta frase resuena especialmente entre quienes han atravesado la pérdida de un ser querido, y pone palabras a una de las emociones más difíciles de procesar: el duelo.
Hablar de perder un ser querido, no siempre quiere decir su muerte explícita. Como mencionamos antes, se trata de la ausencia. De lo que perdimos y del lugar que perdimos con ese objeto que ya no está.
Esto suele ocurrir con las separaciones de pareja. Cuando alguien deja de estar a nuestro lado, de acompañarnos, de preocuparse sobre nosotros, ahí deja un espacio, un hueco que indefectiblemente genera un dolor, un duelo.
Por eso, muchas veces solo se siente un duelo profundo por aquello que tuvo un lugar central en nuestra vida. Hay que llorar, sufrir y patalear, pero el recuerdo constante impide seguir viviendo y es necesario convertirlo en una memoria que nos acompañe sin desgastar.
Después de vivir el duelo, la memoria de la pérdida genera un sentimiento agridulce, un malestar sin raíz, pero eso es lo que permite recordar con cierto cariño los momentos buenos para ir aceptando la nueva realidad.
Con este consejo de Gabriel Rolón se trata de cambiar el lugar de la persona o cosa perdida, aceptando que la ausencia física es definitiva, pero que su influencia permanece en el propio ser por cuanto lo amamos. Y ese amor da pie a cargarlo y aceptar desde la forma en que amamos, su pérdida.




