Antiguamente, existió una mujer que hizo historia divina ante todo el mundo: fue acusada de infidelidad y para demostrar su inocencia, se vio obligada a caminar sobren nueve rejas de arado al rojo vivo puestas sobre el pavimento de una catedral. Su nombre era Emma de Normandía.
El caso de la única mujer que caminó sobre hierros al rojo vivo y mostró su fidelidad ante el mundo
Se trata de una mujer que fue esposa de dos reyes, madre de miles de hijos y entre otras cosas, sobrevivió a un juicio para mostrar fidelidad

El caso de la única mujer que caminó sobre hierros al rojo vivo y mostró su fidelidad ante el mundo. Foto La Brújula Verde
Además de haber contraído matrimonio con tan solo 15 años con el entonces rey de Inglaterra, se casó bajo un objetivo imponente para la época: ser pacificadora en el enfrentamiento entre Inglaterra y Normandía, territorio vikingo. Pero el poder de las malas lenguas la alcanzó.
El caso de la única mujer que caminó sobre hierros al rojo vivo y mostró su fidelidad ante el mundo
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Emma de Normandía fue la cuarta hermana de cinco y casada con un hombre para arreglar las relaciones tirantes entre dos territorios problemáticos luego de que el monarca inglés intentara secuestrar a su futuro cuñado sin éxito. Su caso representa una de las leyendas medievales más impactantes en la historia sobre el poder, la traición familiar y la justicia divina mediante los juicios de Dios.
Emma fue reina consorte de Inglaterra en dos ocasiones diferentes y con monarcas rivales: primero con el rey anglosajón Etelredo II y, tras la invasión vikinga, con el conquistador danés Canuto el Grande. Esta posición política y dinástica la distanció de los hijos de su primer matrimonio por cuestiones obvias. Sin embargo, al tiempo Eduardo, uno de sus hijos ascendió al trono y como guardaba un profundo resentimiento hacia su madre, acusó a la mujer de traición y la obligó a renunciar a sus riquezas.
La tensión llegó a su punto máximo cuando el arzobispo de Canterbury convenció al rey de que su madre mantenía una relación íntima e infiel con el fallecido obispo de Winchester. Allí es cuando la mujer intentó limpiar su honor y el del clérigo, ofreciéndose voluntariamente a un "juicio divino" basado en una prueba mística normal de la época donde se creía que Dios protegería al inocente.
La prueba consistió en caminar completamente descalza sobre nueve rejas de arado de hierro ardientes, al rojo vivo. Cuatro eran por sus propias acusaciones y cinco por las del obispo. Tras pasar la noche anterior rezando, Emma caminó sobre los hierros candentes y, según la leyenda, los superó milagrosamente sin sufrir ninguna quemadura ni dolor demostrando entonces su total fidelidad y pureza ante el mundo.