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El aura del Indio Solari en la época de la reproducción masiva

En tiempos de oro de la televisión, internet y redes sociales como forma de multiplicación infinita, el Indio Solari eligió el camino inverso mostrándose poco. Fue padre de experiencias rituales masivas

Editado por Nacho Rodríguez Jardel
rodriguezjardel@gmail.com

Me encantaría confirmar que Carlos Alberto Solari (1949 – 2026) leía en sus tiempos de hojas de papel en un sillón de su casa de Parque Leloir a pensadores como Walter Benjamin, Theodor Adorno y Max Horkheimer, un grupo de intelectuales y teóricos marxistas del siglo XX que desarrolló una crítica muy fuerte a la “industria cultural” desde la denominada Escuela de Frankfurt. O también podría tratarse de una casualidad.

Para esos pensadores, los medios masivos -radio, cine, revistas y posteriormente la televisión- tendían a transformar el arte en mercancía, homogeneizando gustos y comportamientos. La lógica del mercado terminaba imponiéndose sobre la autonomía artística.

Con Adorno, El Indio parece haber construido la crítica a la industria cultural y con Benjamin la construcción del aura y del acontecimiento.

Despedida Indio Solari Plaza de Mayo Kaloian Santos Cabrera

Miles de personas se reunieron el viernes en Plaza de Mayo para despedir al Indio Solari, quien murió de un ACV a los 77 años.

Solari con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota intentó preservar cierta autonomía frente a los mecanismos de la industria cultural ya que rechazó sistemáticamente a la televisión comercial, dio muy pocas entrevistas y no hacía campañas publicitarias tradicionales, aun en el auge de la publicidad comercial.

Con su estética de la ausencia construyó un vínculo directo con el público bancando una imagen artística difícil de mercantilizar porque además desconfiaba de los grandes grupos mediáticos, muchos de los cuales han salido a criticarlo por, entre otras cosas, su posición política o su vida de supuestos lujos.

Ambas cosas son parte de su vida privada y no opacarían en nada su trayectoria como ídolo de masas que interpeló a varias generaciones de argentinos que se están moviendo desde sus pueblos en el adentro profundo de la Argentina hacia la capital del país para poder despedirlo.

Solari construyó una especie de “antiestrella”: mientras gran parte del rock buscaba visibilidad permanente. Cultivó el misterio, la ausencia y la escasez de apariciones públicas. Paradójicamente, esa negativa a participar del espectáculo terminó aumentando enormemente su aura. La resistencia a la lógica del mercado terminó generando una de las marcas culturales más poderosas de la Argentina, una paradoja.

indio solari plaza independencia

El Indio Solari, una pasión que movía multitudes en todo el país.

El aura para Benjamin es la singularidad irrepetible de una obra, su presencia única en el tiempo y el espacio. Era más benévolo que Adorno y buscaba descubrir en los fenómenos populares de la cultura, potencialidades emancipadoras.

Solari construyó un aura en una época que parecía destinada a destruirla. Con la reproducción técnica el Indio democratizó el acceso a su música pero generó un fenómeno donde la escasez de apariciones aumentaba el valor simbólico de cada una.

Es decir, mientras la tecnología permitía una circulación masiva de sus producciones, él preservaba una cierta distancia personal que fortalecía el mito. Los recitales de Los Redondos y luego los del Indio funcionaban casi como experiencias rituales.

Para miles de seguidores, el acontecimiento no era simplemente escuchar canciones, sino participar de una experiencia colectiva cargada de símbolos, relatos y pertenencia. Una comunidad cultural que se organiza alrededor de una obra artística sin depender de los canales tradicionales y donde cobra importancia la recepción colectiva.

Diego Maradona - Indio Solari

Una de las tantas pancartas que aparecieron tras la inesperada muerte del Indio Solari este viernes en su casa de Parque Leloir.

“A mis seguidores no les importaba si las entradas para un show estaban agotadas, iban igual”, dijo alguna vez el mismísimo Solari.

Benjamin observaba que ciertas formas artísticas modernas no eran consumidas individualmente sino comunitariamente. Los recitales donde el Indio era protagonista, tenían ese carácter: la experiencia excedía la música y se transformaba en un fenómeno social.

Solari logró construir una forma de aura artística en plena era de la reproducción técnica, mediante una estrategia de escasa exposición pública y fuerte ritualización de la experiencia colectiva de sus recitales.

El “ricotero” como figura social se parece bastante a lo que Benjamin llamaba una comunidad de recepción, donde el significado de la obra no se agota en el autor sino que es recreado constantemente por quienes la comparten. Benjamin quizá hubiera querido comprender qué tipo de experiencia colectiva, memoria compartida y construcción simbólica estaba ocurriendo allí. “Vivir solo cuesta vida”.

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