En el extremo norte del mundo, donde el hielo se rompe y los mares revelan rutas que durante siglos fueron solo sueños de exploradores, dos potencias militares comienzan a dibujar un mapa de influencia que inquieta a Estados Unidos.
Dos potencias militares se unen contra Estados Unidos y lo desafían por el Ártico
El norte está en disputa, y Estados Unidos deberá responder, no solo con fuerza, sino con estrategia.

Rusia y China han intensificado su cooperación en el Ártico. No es un pacto formal de guerra, pero sus movimientos conjuntos, patrullas navales y vuelos de bombarderos de largo alcance, hablan un lenguaje claro. Sus intereses se alinean frente a Estados Unidos y sus aliados.
Dos potencias militares se unen contra Estados Unidos y lo desafían por el Ártico
Alexus Grynkewich, general de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, lo advirtió con la calma de quien mide cada palabra. En los últimos años, la presencia de ambos países en el Ártico ha crecido de manera constante, tanto en el mar como en el aire.
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No se trata solo de ejercicios militares. Es un ajuste silencioso de fuerzas, un ensayo de capacidades y coordinación que altera la histórica hegemonía de Estados Unidos en la región. La OTAN, explica Grynkewich, observa y calcula, buscando reforzar su postura y entender cómo proteger los intereses comunes en una zona que se vuelve cada vez más estratégica.
La ambición militar de Rusia y China
La ambición de Rusia no sorprende. Con sus bases reforzadas, patrullas más frecuentes y el Ártico como corredor estratégico entre Europa y Asia, Moscú protege recursos y proyecta poder. China, por su parte, se acerca con paciencia y precisión. No es un país ártico, pero envía rompehielos, buques de investigación y apoyo logístico, consolidando su presencia en rutas comerciales y proyectos energéticos.
Lo que preocupa a Estados Unidos y Bruselas no es un ataque militar directo, sino la posibilidad de que esta cooperación redefina el equilibrio de poder. Control sobre rutas marítimas, presencia militar consolidada y acceso a recursos estratégicos. Groenlandia, un territorio danés, se convierte en símbolo de esta tensión, recordando que incluso los confines helados son piezas clave en un tablero global donde cada movimiento se observa con lupa.