Documentos filtrados y señales de alerta en los servicios de inteligencia reactivaron la atención de Estados Unidos sobre un país de América Latina que rara vez figura en el radar de las grandes disputas estratégicas globales.
El país de América Latina en la mira militar de Estados Unidos tras una filtración iraní
Tras revelaciones sobre la presencia de agentes de Irán en América Latina, Estados Unidos intensifica su vigilancia sobre un país de la región.
Lo que comenzó como un episodio aislado terminó por exponer una combinación delicada de espionaje, influencia regional y tensiones políticas internas, suficiente para despertar el interés del Pentágono y volver a colocar a América Latina en el tablero de prioridades de Estados Unidos.
El país de América Latina en la mira militar de Estados Unidos tras una filtración iraní
Según varias fuentes con conocimiento directo de las conversaciones, Estados Unidos ha intensificado la presión diplomática sobre Bolivia para que expulse a presuntos espías iraníes que estarían operando dentro de su territorio, y al mismo tiempo endurezca su postura frente a grupos militantes vinculados con Irán. Esta exigencia no se presenta como un ultimátum ruidoso, sino más bien como parte de un esfuerzo más amplio por reducir la influencia iraní en América Latina.
Durante años, diferentes administraciones bolivianas mantuvieron relaciones pragmáticas con Teherán, e incluso permitieron que diplomáticos y agentes iraníes realizaran actividades que, según funcionarios estadounidenses, iban más allá de lo habitual. Con un clima de contrainteligencia considerado “permisivo” por Estados Unidos, Bolivia llegó a ser vista como un nodo donde actores internacionales podían operar con relativa libertad.
La respuesta de este país de América Latina
La dinámica cambió con la llegada al poder del presidente Rodrigo Paz, un centrista que asumió tras décadas de gobiernos más alineados con la izquierda y con críticas abiertas a Estados Unidos. Ese giro ha abierto la puerta para reevaluar alianzas estratégicas, atraer inversiones y reconsiderar la presencia de actores extranjeros en asuntos de seguridad nacional.
Es en este contexto que Estados Unidos ha intensificado sus gestiones, buscando que La Paz declare como terroristas a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, a Hezbollah y a Hamás, clasificaciones que tienen un fuerte peso simbólico y práctico en la política internacional.
Para Bolivia, esta presión llega en un momento delicado. El país de América Latina enfrenta tensiones económicas internas y un equilibrio político que aún se está definiendo. Para Estados Unidos, la jugada no solo apunta a combatir la influencia iraní, sino también a reafirmar su presencia estratégica en una región históricamente vista como su “patio trasero”.






