En Luján de Cuyo, cerquita de la "Triple Frontera" que tiene con Godoy Cruz y Maipú, hay un lugar mágico, aferrado al pasado, donde habita un raro tipo de duende o especie en extinción. Se trata de la rotonda donde convergen las calles Juan José Paso y San Martín. Allí un personaje entrañable de Carrodilla ejerce un oficio ya en desuso: reparador de pelotas deportivas.
Don Gareca: el lujanino que en plena crisis sostiene su antiguo oficio de arreglapelotas
El se llama Armando Robles, pero nadie lo llama así, todos lo conocen como Don Gareca, apodo asignado de su época de futbolista pelilargo, por su parecido con El Tigre Ricardo Gareca, delantero de Boca, River, Vélez Sarsfield, América de Cali, y luego DT internacional. Robles está separado de su esposa María -pero en buenos términos- y tiene una hija que cursa sexto grado. Este mendocino destacado ha sabido adaptarse a los tiempos y sobrevivir con sus oficios.
Nuestro héroe no alcanzó renombre por sus performances futbolísticas, sino por una actividad afín: de joven se dedicó a reparar pelotas, oficio artesanal duro, en épocas de duros cueros, y casi desaparecido en estos tiempos de materiales sintéticos y productos prácticamente descartables importados.
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Sin embargo, la crisis económica, que golpea a instituciones y particulares por igual, ha generado nuevamente infinidad de clientes para Don Gareca, que otrora tuvo su tallercito en la mítica estación de servicio de la mencionada rotonda lujanina. La "bomba de nafta" tuvo gran prestigio y fue punto de referencia recurrente cuando el carril Cervantes, del lado de Godoy Cruz; y San Martín, del lado de Luján de Cuyo, era nada menos que parte de la mítica Ruta Nacional 40 Sur.
Tras las obras de extensión y ampliación de esta arteria y calle Paso, el bello edificio de estilo arquitectónico Misión (Mission Style o neomisión), construido a fines de la década del '30, quedó como monumento dentro de la rotonda, y Don Gareca se tuvo que cruzar enfrente para atender a sus clientes.
Uniendo gajos y emparchando pinchaduras
Armando Robles, es un ex bombero de aquella estación de servicio la YPF de Carrodilla, aunque además tuvo múltiples oficios para ganarse honradamente el sustento propio y de su familia. Pero el más importante y actual es el de reparador de balones deportivos. Se lo considera el último artesano cultor del “cosido a mano” para los balones deportivos, en especial las pelotas de fútbol.
En una nota realizada por Julián Chabert para el programa Desde la Redacción, de Canal Siete, el lujanino se presentó: "Tengo muchos clientes, clubes como (Deportivo) Maipú, Godoy Cruz (Antonio Tomba), CEC, (Deportivo) Guaymallén, Gutiérrez (Sport Club), o la Lepra (desde la cercana Ciudad Deportiva de Independiente Rivadavia)", señaló orgulloso Don Gareca. Respecto a su poco usual oficio, explica, rodeado de pelotas de fútbol, básquetbol, rugby y vóleibol, explicó: “A los jóvenes no les gustará el oficio… o no saben".
Heredero de los talabarteros del siglo XIX
Su trabajo es de antigua data. Desde fines del siglo XIX, cuando comenzaron a llegar los distintos deportes a nuestro país, los talabarteros locales supieron, primero copiar, y luego mejorar, las pelotas que eran traídas de Europa. Incluso en nuestro país, se creó el balón de fútbol tal como se lo conoce ahora, sin el "tiento" y con válvula automática de inflado, obra de los jóvenes cordobeses -de Bell Ville- Romano Polo, Antonio Tossolini y Juan Valbonesi, en 1931.
"Ahora es todo sintético, no hay nada de cuero. Ni las zapatillas son de cuero. Hay pelotas, como las de básquet, que se arreglan con un líquido", contó Armando, separando el tipo de pelotas, donde algunas son de una sola pieza, como las anaranjadas de básquet, distintas a las de fútbol, con gajos de distintas formas, que van cosidas entre sí, y con una cámara neumática interna.
Gareca es habilidoso con las manos y se da maña para muchas cosas. “Me han venido a preguntar si arreglo zapatos, pero no, no arreglo eso. Armaba zapatos mocasines en una fábrica, pero ya cerró, y entonces me dediqué a esto", destacó.
Respecto a las dificultades de su oficio, con cambios constantes de materia prima, y la demora de cada reparación, detalló: “Depende de la pelota y la cantidad de pinchaduras. A veces lleva media hora, a veces 15 minutos, no es algo fijo.
Que la numerosa clientela lo busque y siga no es casual, sino que son atraídos por el profesionalismo y ética de Robles. "Acá hay muchas pelotas porque algunos no vienen a buscarlas. Estuve esperando a un cliente dos años y medio para que viniera. Es un empresario que estaba haciendo negocios en México, y lo agarró la pandemia y se tuvo que quedar allá. '¿Ya me vendiste la pelota?', me dijo cuando volvió. No señor, acá está la pelota", ejemplificó el artesano.
"El precio depende también del trabajo y de la pelota. La que lleva líquido tenés que comprar el líquido reparador, buscar las pinchaduras, y eso también lleva su lleva tiempo. Esta pelota (de fútbol, número cinco), me lleva más o menos una hora de trabajo, o menos, y cobro unos $1.800", confesó.
Taller al aire libre
Cuando tuvo que cruzar el carril enfrente, comenzó a trabajar al aire libre en la entrada de la delegación municipal de Carrodilla: “Me gustaría un tener un localcito, trabajo al aire libre. Espero que el intendente Bragagnolo me agrande la 'piecita'. Estaría bueno un lugarcito y más con este frío…”, dijo a modo de broma Armando.
Luego agregó: "Que el intendente me agrande la pieza. Él no se acuerda, pero yo era jardinero de su abuela. Tenía un jardín con ligustrín alto, que daba a la vereda, había que podar y regar. También barría la vereda. ¡Eso sí, a la siesta no había que hacer ruido, porque para don Bragagnolo era la hora sagrada!", recordó el Gareca mendocino sobre otro de sus oficios y su conocimiento de la familia del actual intendente lujanino.
La ayuda de la muni lujanina
Quien acompañó al artesano Robles en la entrevista televisiva, fue Cecilia Soulé, delegada municipal del mencionado distrito de Luján. “A raíz del proyecto de YPF de la recuperación de la vieja estación de servicio, que es un hito acá en Carrodilla, esto incluyó a Don Gareca, que es una leyenda. Vienen de todos lados de la provincia a traerle pelotas. El problema es cuando no lo ven a él, y la gente viene a la delegación y comienza a preguntar por él. Es trabajador, no falta nunca; es parte del paisaje de Carrodilla, sin dudas", explicó cariñosamente la funcionaria que le dio cobijo al trabajador.
Luego Soulé contó que "la relación de don Gareca con el mMunicipio viene motivada por la remodelación de la vieja estación de servicio, que está en la rotonda, un proyecto que realizó YPF en conmemoración de los 100 años de la empresa, junto con Vialidad Nacional, y con la participación de la Municipalidad de Luján".
Luego continuó su explicación sumando: "En ese espacio, durante años y cuando se hizo la remodelación, tenía su tallercito Don Gareca. Incluso de la DNV le habían dado una llave de una de las piecitas, ya que de paso custodiaba que no usurparan la casa".
"Luego cuando comenzaron las obras de remodelación, Gareca se acercó a la delegación y expresó su preocupación sobre dónde iría él, ya que Vialidad no se lo definía. Entonces nos comunicamos con Sebastián (Bragagnolo), el intendente, y me dio el OK para que le diéramos un espacio. Hicimos una especie de ampliación, por afuera de la delegación, siguiendo con la estética de la facahada, y logramos darle un espacio para su depósito, donde guarda sus herramientas y las pelotas, que son un montón", detalló Cecilia.
Para finalizar, la delegada expresó: "Él convive con nosotros, es uno más el equipo; lo mimanos. Acá tiene baño, agua caliente, electricidad, y utiliza el jardín de la delegación para que la gente lo siga viendo y pueda seguir desarrollando su actividad".









