La historia de la evolución terrestre sumó un capítulo fundamental gracias a un hallazgo realizado en Richards Spur, Oklahoma. En este sitio, un grupo de científicos de la Universidad de Toronto Mississauga encontró un pequeño fragmento de epidermis de reptil preservada. El descubrimiento data de aproximadamente 289 millones de años, lo que la convierte en la epidermis fosilizada más antigua registrada hasta la fecha.
Descubrimiento en el fondo de una cueva es el más viejo encontrado hasta ahora
Un equipo de expertos analizó un fragmento de tejido de 289 millones de años. Este descubrimiento ofrece datos únicos sobre la adaptación terrestre
Este tipo de hallazgos resulta extremadamente inusual en el registro paleontológico. Los tejidos blandos suelen desaparecer a los pocos días de la muerte del animal debido a la acción de microbios y carroñeros. Por lo tanto, la inmensa mayoría de los restos fósiles corresponden a huesos o dientes, dejando grandes vacíos de información sobre la apariencia externa y la biología de las criaturas antiguas. La escasez de muestras blandas obliga a los expertos a tratar cada milímetro con extremo cuidado durante su preparación y estudio.
Un entorno único para la preservación
La supervivencia de este fragmento se debió a una combinación afortunada de factores geológicos y químicos dentro de la cueva. Durante el periodo Pérmico, lluvias similares a los monzones arrastraron cadáveres y sedimentos hacia las grietas del sistema cavernoso. Allí, los restos quedaron cubiertos por lodos finos y, crucialmente, por hidrocarburos procedentes de formaciones rocosas más antiguas. El petróleo permeó los sedimentos y recubrió los tejidos, creando un ambiente con poco oxígeno que frenó la descomposición y selló la materia orgánica antes de su destrucción total.
Al observar la muestra bajo el microscopio, la piel exhibió una textura similar a la de los cocodrilos actuales, con un patrón de escamas organizadas en bandas. El espécimen, del tamaño de una uña y tan delgado como un cabello humano, mostró zonas de bisagra entre las escamas. Esta disposición anatómica resultaba vital para la supervivencia en tierra: permitía la movilidad del cuerpo mediante las zonas flexibles, mientras que las partes rígidas formaban una barrera protectora contra la abrasión y la pérdida de agua en un ambiente seco.
Identificación del descubrimiento
Dado que el tejido no se encontró unido a un esqueleto completo, los investigadores compararon su textura con la de otros animales conocidos del yacimiento. Los análisis sugirieron que probablemente perteneció al Captorhinus aguti, un pequeño reptil similar a una lagartija que habitaba frecuentemente ese sistema cavernoso. Este descubrimiento arroja luz sobre los amniotas, vertebrados cuyos embriones se desarrollan en membranas protectoras, mucho antes de la aparición de los dinosaurios.
El estudio detallado de la muestra incluyó cortes histológicos transversales que revelaron una estructura tridimensional con capas diferenciadas. La presencia de una epidermis endurecida y rica en proteínas duras indica que las adaptaciones básicas para evitar la desecación surgieron muy temprano en la historia evolutiva. Este diseño de escamas y bisagras proporcionó a los artistas y paleontólogos una guía más firme para reconstruir la apariencia y los movimientos de los primeros reptiles terrestres, demostrando que la "armadura" contra los elementos ya estaba presente en los albores de la vida fuera del agua.





