Depredadores tienen a mal traer a los crianceros

Un par de chivos con las orejas arrancadas. Un ternero con la pata trasera derecha garroneada y otro muerto, con faltantes que lo han transformado en una monstruocidad irreconocible y putrefacta. Son las huellas de los depredadores.

Los pumas, las jaurías de perros cimarrones, algunos zorros hambrientos. Ya muertos, los animales se transforman en esqueletos blanqueados por los jotes y por el sol.

Los productores de La Paz, que porfían con el ganado caprino y vacuno en el secano mendocino y puntano y que están muy lejos de la facilidad de crianza que da la pampa húmeda, están cada vez más jaqueados por las dificultades.

Si no son los incendios, es la sequía. Sino el frío y, si falta algo, los depredadores. “No hay estadísticas, porque jamás las hubo, pero han aumentado las pérdidas porque creció la población de depredadores”, decía ayer un productor de la zona. “Que no se sepan los números exactos es culpa nuestra, porque casi nunca denunciamos esto”, agregó después.

Pero la coincidencia de testimonios entre los productores ganaderos de La Paz, Santa Rosa y también la vecina San Luis, indican que se trata de un fenómeno general y no de un hecho aislado.

No es raro que chicos y cabras aparezcan son orejas, cortadas a mordiscones. Pero el animal al menos queda vivo. Hay peores cuadros.
Encontrar los animales muertos y mutilados totalmente.

Los pobladores estos hallazgos son cada vez más frecuentes y que se debe al aumento de la población de depredadores.

Dicen que ha crecido la cantidad de pumas, pero también ha aumentado mucho la de perros cimarrones. Algunos también culpan al aumento de la población de zorros, aunque estos son menos dañinos para el ganado y prefieren las aves de corral.

Dicen que el aumento en la población comenzó desde ya bastantes años y que se inicia cuando los proteccionistas comenzaron con las campañas para evitar la caza. Los productores no quieren ser ni perseguidos ni penados y tampoco quieren aparecer como los malos de la historia.

Los más sanguinarios

Podría suponerse que, por su tamaño y fiereza, el más dañino es el puma. Pero no es así. Los más sanguinarios y que mayor daño causan, son las jaurías de perros cimarrones.

El puma mata solo lo que va a comer. Los perros salvajes matan lo que van a comer y también, cebados, matan porque si, incluso solo mordisqueando ligeramente a su presa y muchas veces dejándola intacta.

“Hubo un fuerte crecimiento de jaurías en los últimos años, especialmente en las zonas donde hay basurales cercanos”, dijo el médico veterinario Nicolás Pérez Naves.

Las jaurías se forman por indolencia humana. Los perros abandonados se refugian en un basural en busca de comida, tienen crías y, por hambre, comienzan a salir a cazar en jaurías.

Estas jaurías atacan al ganado pero también han comenzado atacar a otros perros, estos animales domésticos, e incluso en algunos sectores de Mendoza han hecho incursiones en barrios de los suburbios y causados destrozos y muerte. También algunos caminantes y ciclistas han visto estas jaurías deambulando por algunos senderos.

“El problema es que uno no puede salir con un rifle a cazar perros. Seguro que uno se llena de enemigos y, además, a nadie le gusta andar matando esos animales”, dijo un productor.

“Todos los extremos son malos. Hay que tratan de encontrar un equilibro y también generar consciencia”, dijo el veterinario.

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