Lo que comenzó en el año 2.000 como el abandono de una finca con pérdidas económicas en West Sussex, Inglaterra, terminó dando origen a un ejemplo de cómo la recuperación ambiental no siempre requiere plantar miles de árboles o intervenir constantemente sobre el territorio.
Dejaron de cortar el pasto durante años en la finca y regresaron cientos de especies
La estrategia de dejar que la naturaleza se regenere sin intervención humana intensiva resultó en un aumento del 916% en aves reproductoras y una mayor diversidad de insectos en la finca
Durante décadas, la finca había sido utilizada para una agricultura intensiva que dependía de maquinaria, fertilizantes y pesticidas. Sin embargo, el modelo dejó de ser rentable y sus propietarios tomaron una decisión que parecía arriesgada. Dejaron de intentar controlar la naturaleza y permitir que el ecosistema comenzara a recuperarse por sí mismo.
¿Qué hicieron para recuperar esta finca?
Uno de los primeros pasos fue retirar kilómetros de cercas internas para volver a conectar el territorio. También dejaron de utilizar los sistemas de drenaje que mantenían secos los campos y eliminaron zanjas artificiales. Con el tiempo, el agua comenzó a recuperar sus recorridos naturales, generando zonas temporalmente inundadas, estanques y humedales que ofrecieron nuevos espacios para la fauna.
Otro elemento central fue abandonar el uso de maquinaria y pesticidas y permitir que los grandes herbívoros cumplieran funciones que anteriormente realizaban los seres humanos. Para ello, incorporaron cuatro especies que desempeñaban un papel diferente dentro del ecosistema. Las vacas abren senderos y remueven el suelo al alimentarse. Los ponis mantienen algunas áreas de pastizal corto. Los cerdos hozan la tierra y generan espacios donde pueden crecer nuevas plantas. Mientras que los ciervos consumen brotes y ayudan a controlar el crecimiento de determinados árboles y arbustos.
Los responsables del proyecto también dejaron crecer especies que tradicionalmente son consideradas malezas, como las zarzas y los endrinos. Sus densos matorrales espinosos ofrecen refugio a distintos animales y protegen a los árboles jóvenes de los grandes herbívoros, creando las condiciones necesarias para que especies como los robles puedan desarrollarse.
Los resultados de esta investigación
El proceso de esta finca también transformó el paisaje. Según investigaciones de la Universidad Queen Mary de Londres, una de las zonas de Knepp ganó alrededor de 96 hectáreas de hábitat de matorral entre 2001 y 2019, equivalentes a aproximadamente 1.3 millones de metros cuadrados.
Los estudios realizados en Knepp registraron un aumento del 916% en la abundancia de aves reproductoras en el bloque sur entre el censo inicial de 2007 y los registros actuales. Durante ese mismo período, la riqueza de especies de aves aumentó un 132%. Además, distintas investigaciones documentaron una expansión significativa de los hábitats de matorral y un aumento de la diversidad de insectos.
En pocas palabras
- Finca abandonada: El abandono de una finca en Inglaterra en el 2000 permitió la recuperación ambiental sin intervención humana directa.
- Retorno de la naturaleza: Al dejar de controlar la tierra y eliminar cercas, se crearon humedales y ecosistemas que atrajeron fauna.
- Biodiversidad multiplicada: La ausencia de maquinaria y pesticidas, junto a la reintroducción de herbívoros, generó un aumento del 916% en aves reproductoras y mayor diversidad de insectos.






