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Cuando ET destronó a Harrison Ford en aquellos cines de Mendoza que hoy son estacionamientos

Los Hidalgo fueron la marca del cine a salas llenas en Mendoza, donde se disfrutaban dos películas por función y se comía maní con chocolate. El cambio de paradigma fue gracias a internet y al streaming

Si la época dorada de los cines en Mendoza tuviera un apellido sería Hidalgo, gracias al recordado propietario e inquilino de salas emblemáticas en el centro.

Antes, ir al cine era "un acontecimiento social", evoca Juan Miguel Hidalgo, hijo de Juan, uno de esos pioneros de la industria que, durante décadas, reinó en calles Lavalle y Buenos Aires, y entretuvo a varias generaciones.

Majestuosas se alzaban las salas para miles de espectadores, como el América y el Cóndor, entre otras. Como el Gran Rex, el Premier, el Roxy o el Avenida. O el City. Y la lista es enorme.

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El cine Gran Rex funcionó en calle Lavalle entre San Martín y San Juan, frente al Ópera y pegadito al Cóndor.

El cine Gran Rex funcionó en calle Lavalle entre San Martín y San Juan, frente al Ópera y pegadito al Cóndor.

Antes se pagaba en la boletería con dinero en efectivo para ver dos películas: los estrenos de cada jueves y el complemento. Había butacas de madera y vendedores ambulantes que anunciaban a viva voz los turrones, los caramelos y las bebidas que llevaban en cajoncitos de madera colgados al cuello. ¡Y el infaltable maní con chocolate!

Nos esperaba el acomodador con la linterna a pilas siempre a mano para guiarnos y con una pila de folletos impresos para saber, a cambio de una propina, el programa semanal en cada sala y los futuros estrenos.

Aunque nada eso haya sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios y a las modas, permitámonos, una vez más, que suba el telón y se apaguen las luces. ¡Acción!

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Vivir como en Cinema Paradiso

Juan Manuel es una parte de la historia viva de los cines de Mendoza y palabra autorizada para evocar y analizar aquel fenómeno, desde hace ya varios años reducido a un puñado de playas de estacionamiento, templos y locales comerciales.

Hidalgo anda por los cincuenta años y cuando adolescente fue, muchas veces, como Totó, el entrañable y pequeño personaje de la película italiana Cinema Paradiso (1998), que homenajeó al cine de todos los tiempos y a sus hacedores: proyectistas, dueños de salas y operadores.

"Esa película de Giusseppe Tornatore reflejó gran parte de nuestras vidas. Con mi hermano, muchas veces entrábamos al cine en determinados momentos de ciertas películas para ver ciertas escenas. Sabíamos con precisión a qué hora y lo repetíamos como un loop" "Esa película de Giusseppe Tornatore reflejó gran parte de nuestras vidas. Con mi hermano, muchas veces entrábamos al cine en determinados momentos de ciertas películas para ver ciertas escenas. Sabíamos con precisión a qué hora y lo repetíamos como un loop"

Hidalgo habla del cine en formato antiguo que sucumbió progresivamente frente a la televisión en color y a la aparición de las videocasetteras y los videoclubes -ver el cine en casa, cuando uno quisiera-.

La tevé por cable también hizo lo suyo hasta que los complejos de salas de los centros comerciales que desembarcaron con la globalización comenzaron a reinar con una propuesta distinta, más chica y menos costosa para los dueños.

Luego fue el turno del streaming, favorecido por la pandemia, que nos permite ver cualquier película, serie o documental en un TV inteligente, una computadora o en el teléfono donde y con quien sea. Mientras estamos en casa, o de viaje o en una cinta caminadora.

Tener una buena conexión de la diosa internet es suficiente para darse un banquete.

"El Ópera disponía de 1.500 localidades; el Rex ofrecía 2.000 butacas. Sostener toda esa estructura se volvió imposible. El Roxy, donde se proyectaban películas para chicos y era furor en épocas de vacaciones, recibía hasta 900 espectadores" "El Ópera disponía de 1.500 localidades; el Rex ofrecía 2.000 butacas. Sostener toda esa estructura se volvió imposible. El Roxy, donde se proyectaban películas para chicos y era furor en épocas de vacaciones, recibía hasta 900 espectadores"

La desaparición de los salas tradicionales arrastró una costumbre que era parte de la ceremonia de ir al cine: comer una pizza o un lomo a la salida de la función, o disfrutar un chocolate con churros o de un trago, ¡para seguir hablando de la película!

También marcó el The End para un ritual de muchos: ir a la función trasnoche de viernes y sábados que comenzaba, puntual, a las 0.45 y ofrecía una sola película. (Las aventuras del agente 007 -"Soy Bond, James Bond- y de Clint Eastwood en la piel de Harry, el Sucio, fueron deliciosas; ni hablar de la saga de Rocky)

El séptimo arte en Mendoza

El cine. Para los espectadores, un entretenimiento. Un plan. Una salida. Una cita obligada con otras miradas del mundo. Para los dueños, una forma de ganarse la vida. Un negocio.

Y cada nueva película a proyectar era una apuesta que podía salir bien. O no. Una moneda al aire.

Hidalgo cuenta que el comportamiento del público el día del estreno marcaba al pulso y el futuro: el éxito o el fracaso.

Puertas adentro de la familia Hidalgo hubo casos sorprendentes. Como con Tango Feroz, de 1993, con Fernán Mirás y Cecilia Dopazo. La estrenaron casi en puntas de pie, mirándola de reojo, y terminó quedándose en cartelera 12 semanas.

¿La Sociedad de los Poetas Muertos?, repitieron, incrédulos, los Hidalgo, cuando les avisaron de la llegada de la película de Robin Williams. Con todo, apostaron y ganaron: aquella fue una de las más vistas de 1989 y terminó ganando un Premio Oscar.

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La Sociedad de los Poetas Muertos, con Robin Williams, fue un inesperado éxito.

La Sociedad de los Poetas Muertos, con Robin Williams, fue un inesperado éxito.

El público elige siempre. Y bendice o destierra. Como en 1982 cuando todas las expectativas que generó el debut de la esperada y futurista Blade Runner, con actuación de Harrison Ford y música de Vangelis, sucumbieron al estreno simultáneo de la inovidable ET, de Steven Spielberg, historia para toda la familia.

Aquel fracaso comercial y de audiencia mendocina de Blade Runner, según Hidalgo, se explica así: "Estrenaron las dos películas al mismo tiempo; error de la compañía distribuidora".

El padre y el tío de Hidalgo, sanjuaninos de nacimiento, llegaron a Mendoza a fines de los '60 para regentear el Cine Ópera, en calle Lavalle, vereda norte, entre San Martín y San Juan.

Allí, donde alguna vez Luis Sandrini acompañó el estreno de una de sus obras, durante las vacaciones de invierno de 1996 se vivió uno de los últimos hitos de los cines en formato antiguo: el estreno de El Día de la Independencia.

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Larguísimas filas de espectadores hubo en Mendoza para ver El Día de la Independencia, con Will Smith y Bill Pullman, en los cines del centro.

Larguísimas filas de espectadores hubo en Mendoza para ver El Día de la Independencia, con Will Smith y Bill Pullman, en los cines del centro.

Día y noche, durante varias semanas, los espectadores hicieron una fila que comenzaba en la entrada del imponente edificio y como una serpiente doblaba por San Juan al norte y más de una vez giraba por Buenos Aires al oeste, incluso cruzándose con quienes esperaban para entrar al Premier o al Roxy.

Este año cumple medio siglo el edificio del ex cine América, en la vereda sur de calle Lavalle entre Salta y Federico Moreno, donde quien escribe recuerda, como si fuera hoy, haber visto, con apenas cinco años, El Zorro interpretado por Alain Delon, casi a fines de los '70. (Aún sigo creyendo que Romelia, mi tía, me llevó con la excusa de ver al galán francés a todo color)

Caído el telón y terminada la magia audiovisual, acalladas las risas y el llanto y puesto el punto final de una época inigualable, desde hace años se ha convertido en un templo religioso.

Otras salas corrieron suerte similar: estacionamientos o negocios. La rueda de la vida. Ni más ni menos.

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