Con la llegada de marzo, la expectativa de cualquier aficionado a la jardinería es observar cómo sus árboles frutales continúan su crecimiento vigoroso y, en algunos casos, brindan frutas para su correspondiente cosecha. Sin embargo, en ocasiones puede que la planta no muestre su esplendor tal como esperábamos. En estos casos, podemos estar cometiendo algunos errores puntuales.
En concreto, los especialistas en jardinería señalan que en la gran mayoría de las ocasiones el árbol frutal no es el culpable: el problema reside en fallos sistemáticos durante su cuidado cotidiano. Factores ambientales y de mantenimiento básicos son los que determinan si una planta prosperará o se mantendrá estancada.
Jardinería: las razones por las que el árbol frutal no crece en marzo
Uno de los pilares del crecimiento es el manejo del agua, un equilibrio que suele romperse por exceso o por defecto. Debemos asegurar un suelo que se sienta húmedo al tacto pero que tenga un drenaje perfecto.
El error más crítico es la falta de control sobre la humedad del suelo. Aunque parezca que más agua equivale a más vida, el encharcamiento permanente satura los poros del suelo, expulsando el oxígeno y provocando la asfixia radicular. Sin oxígeno, las raíces se pudren y pierden la capacidad de absorber nutrientes, lo que detiene el crecimiento de forma inmediata.
Por el contrario, un riego deficitario somete al árbol frutal a un estrés hídrico que la obliga a detener su desarrollo para conservar energía.
Otra causa que atentará contra el desarrollo de las plantas frutales es la iluminación deficiente. Si se sitúa a la especie en una zona de sombra predominante, la producción de hojas y flores se verá drásticamente reducida.
Para que un árbol frutal se desarrolle de manera saludable y sostenga su ritmo de crecimiento, los expertos en jardinería sugieren un mínimo de seis horas de sol directo al día. Sin este requisito lumínico, el ejemplar entrará en un modo de supervivencia, priorizando mantenerse con vida antes que generar nueva biomasa o frutos.
Finalmente, no podar es un error grave. Sin una poda adecuada, el árbol frutal invierte energía en ramas débiles, mal orientadas o enfermas que le roban vitalidad a la estructura principal. Muchas personas, sin conocimiento previa, imaginan que podar es dañar el ejemplar, sin saber que realmente están perjudicando a la especie.






