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Trágico 30 de diciembre de 2004

Cromañón, a 15 años: historias de incendio, tragedia y masacre

Pasaron 15 años de aquel 30 de diciembre de 2004, en el que la discoteca República de Cromañón se incendiaba durante un recital de la banda de rock Callejeros. 194 personas murieron entre esa noche y los días posteriores.

Mientras se entonaban los acordes del primer tema, decenas de jóvenes encendieron bengalas y pirotecnia de la denominada "tres tiros" que provocaron un incendio en la media sombra que recubría el techo del local, lo que generó un humo tóxico que terminó con la vida de casi 200 personas.

La investigación judicial señaló graves fallas en las habilitaciones y controles del local por parte del Estado porteño.

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"Fue un antes y un después", dicen. Los jóvenes que salieron con vida de aquel horror, afrontan dos cuestiones, por un lado el tema del esclarecimiento y la justicia, y por otro, las vivencias propias, el afrontar la vida con esa marca tan honda y dolorosa.

Para Santiago Morales, que había ido a Cromañón con su hermana de 17 y su hermano de 19, porque era en un horario temprano, la tragedia o masacre, como denominan distintos sobrevivientes "fue un antes y un después, cuando pensás en tu vida, en el tiempo, esto siempre aparece".

Y ese quiebre "no sólo es por lo que significó en mi caso con la pérdida de mi hermana, sino porque aquellos chicos y chicas que sobrevivimos tuvimos un conjunto de recuerdos terroríficos y la culpa de haber sobrevivido cuando otros amigos murieron, la culpa de haber salido y haber sacado a cinco y no a diez chicos, y en particular, la culpa de no haber podido sacar a mi hermana", expresó cuando se cumplieron diez años de la tragedia.

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En este sentido, enfatizó que "la realidad es que la mayoría de los hechos de esta magnitud, en donde hay tantas muertes, quienes sobreviven llevan para siempre la culpa de haber sobrevivido y el dolor de haber vivido cosas que uno nunca se va a olvidar como, por ejemplo, una fila de chicos muertos; eso te marca para siempre".

Al abordar el tema de la culpa, Santiago destacó que "estas cosas son sentimientos personales sin análisis, porque si me pongo a pensar, yo no tengo ninguna culpa de no haber sacado a mi hermana ni de haber sobrevivido, porque al analizar cuáles son las personas responsables para que suceda Cromañón, ahí no estamos nosotros".

"Esto es importante diferenciarlo, porque yo, mi familia, todo el grupo, estamos convencidos desde el primer momento que no éramos responsables ni culpables", dijo.

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A su vez, entre tantos sentimientos que lo atravesaron durante estos años, Santiago se refirió a "vivir en carne propia el odio inclaudicable a la injusticia humana", al hablar de la pérdida de su hermana y de todos los jóvenes que murieron esa noche, "es una injusticia sentida en el cuerpo".

Otro relato es el de Julieta Catán, la joven que tenía 22 años en el momento de la tragedia y que había ido esa noche a escuchar a Callejeros y estaba, en el momento en que se desató el incendio en el peor lugar del boliche, en la parte de arriba.

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Ella también afirmó que Cromañón "fue un antes y un después, partió al medio nuestras vidas, y lo de cada uno es un sentimiento único".

"Para mi el 2005 fue un año oscuro, dejé la facultad, estuve con tratamiento, nos daban pastillas, y al mismo tiempo salía, tenía una angustia que no sabía cómo sacarla, entonces necesitaba estar de joda todo el tiempo; esto me pasó durante un año y me fui de vacaciones con ese espíritu de 'salgo todas las noches, no me importa nada, me divierto, está todo bien', pero en realidad no podía asimilar lo que había pasado", contó.

Después algo le hizo 'click': "Rendía o perdía todo en la facultad; hice un parate y me dije 'estás perdiendo el tiempo', claro que la terapia fue fundamental".

"Pude mutar eso tan doloroso, pude revalorar todo y pensar las cosas que quería para mí, en este sentido me cambió mucho la cabeza, y pude activar mi vida, terminé la facultad, me puse en pareja y tuve un hijo", narró.

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Bárbara García Crespo, que tenía 17 años en el momento de la tragedia donde ella sobrevivió pero perdió a una amiga, también dijo que "para todos los sobrevivientes, Cromañón significó un quiebre en sus vidas", y que "siguen estando las condiciones para que se repita otro Cromañón, porque Cromañón es la expresión de la corrupción", se lamentó.

Aseguró que en el plano personal, el incendio la marcó: “Me di cuenta que si no te cuidás no te cuida nadie, me di cuenta de la inocencia que teníamos".

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Después de esa noche, "por un tiempo largo no puede ir a boliches porque sentía que nadie me garantizaba que no vuelva a pasar", expresó.

Al menos 17 suicidios de sobrevivientes de la tragedia de Cromañón

No se los protegió antes, no se los protegió durante y no se los protegió después. Por eso, al menos 17 de los chicos que salieron con vida del horror, no pudieron recuperarla plenamente nunca y terminaron tomando la abrupta decisión de matarse.

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El 3 de enero de 2015 la Coordinadora Memoria y Justicia por Cromañón anunciaba la muerte de Martín Cisneros: "Martín se suicidó hoy y dejó una esposa, un hijo de 15 y una hija de 5, que durante este tiempo lo acompañaron con sus bajones y angustias mientras los responsables de cuidarlo no estaban".

"Martín era un pibe de treinta y pico que después de Cromañón sufría de bajones y ataques de pánico, y como vivía en Paso del Rey, cada vez que necesitaba contención psicológica tenía que viajar hasta la capital federal", explicó por aquel entonces Luciano Frangi, de la Coordinadora.

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No quedan músicos de Callejeros presos por Cromañón

El ex cantante de la banda Callejeros, Patricios Santos Fontanet, quien fue condenado a siete años de prisión por el incendio en el boliche Cromañón, ocurrido en 2004, fue liberado el 2 de mayo de 2018 desde el penal de Ezeiza tras haber cumplido más de la mitad de la sentencia.

Estaba alojado en el pabellón psiquiátrico de la cárcel en el marco del Programa Interministerial de Salud Mental Argentina (Prisma).

Fontanet y el resto de los músicos de Callejeros habían sido detenidos por primera vez en esta causa en diciembre de 2012 por orden de la Cámara de Casación Penal, cuando ese tribunal rechazó los recursos presentados por todos los imputados y ordenó el "inmediato cumplimiento" de todas las penas impuestas.

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Pero un año y nueve meses después, en agosto de 2014, la Corte Suprema aceptó un recurso para revisar las condenas impuestas por Casación y aceptó que todos permanecieran en libertad.

No obstante, en abril de 2016 el máximo tribunal rechazó los últimos planteos de las defensa y dejó firme las condenas por "estrago culposo seguido de muerte y participación necesaria con cohecho activo", oportunidad en la que volvieron a ser detenidos todos los miembros de la banda.

Es decir, Fontanet estuvo en prisión tres años y nueve meses, lo que implica que cumplió poco más de la mitad de la pena impuesta.

El único miembro de la banda que queda preso es el baterista Eduardo Vásquez, quien recibió una condena de seis años por Cromañón pero sumó una pena a prisión perpetua por el femicidio de su esposa, Wanda Taddei (29).

En tanto, los otros integrantes de Callejeros que habían recibido penas menores y recuperaron la libertad eran el escenógrado Daniel Cardell, el manager Diego Argañaraz, los guitarristas Maximiliano Djerfy y Elio Delgado, el bajista Christian Torrejón y el saxofonista Juan Alberto Carbone.

Otros condenados por el caso que también salieron de la cárcel son las ex funcionarias del Gobierno porteño Fabiana Fizbin y Ana María Fernández, y Raúl Villareal, ex mano derecha del fallecido gerenciador de Cromañón, Omar Chabán (62).

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El ex subcomisario Carlos Díaz, que pertenecía a la seccional con jurisdicción en el boliche y recibió una pena de ocho años de prisión.

Con información histórica de Télam

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