Los crímenes del psicólogo y la paciente: 13 años sin culpables

Estaba escrito que debía morir el miércoles 12 de julio de 2006 en horas de la tarde, en la calle Barcala de Ciudad. Ahorcada. Con una soga de nailon con pintas negras, que fue hallada después. Atacada desde atrás por su asesino y luchando contra la muerte hasta no dar más. Y así fue. 

Se llamaba Analía Estrella Libedinsky, tenía 30 años, y su cadáver fue encontrado en el consultorio de su terapeuta a la mañana siguiente. Estaba helado. Azul. Tan rígido como el cuerpo de su psicólogo Flavio Piottante (39), que yacía cerca de ahí, bajo el mismo techo. Con el rostro desfigurado, como lo encontraría la madre. Asesinado de dos disparos de arma de fuego, como revelaría la autopsia.

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Hoy, casi trece años después, ese doble crimen sigue tan impune como entonces. Y en julio quedará al borde de impunidad definitiva porque han pasado tantos años como la cantidad que el asesino debió estar preso.

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La sospecha tiene nombre y apellido

Las investigaciones a cargo del fiscal Daniel Carniello derivaron en que un hombre llamado Mauricio Suárez debía presentarse a declarar como testigo el lunes 17 de julio en la Unidad Fiscal de Delitos Complejos.

¿El motivo? Había sido pareja de Andrea Troncoso hasta que ella lo dejó por Piottante, semanas antes del doble asesinato. Suárez, impactado, se había ido de la casa con un bolso repleto de camisas, remeras, zapatillas y pantalones, y con la angustia de extrañar al hijo en común, que ya tenía 3 años. Para los pesquisas esta sumatoria fue suficiente para sospechar de él y encerrar su nombre y apellido en un círculo rojo.

Suárez fue citado por escrito. Entonces buscó asesoramiento con abogados porque jamás había pisado una fiscalía y quería saber a qué atenerse. En plena feria judicial le fue difícil conseguir consejo. Sin embargo, la historia cuenta que jamás acudió a la citación del fiscal porque el domingo 16 de julio, un día antes de la obligación de presentarse y dos horas después de haber almorzado con los padres en la casa familiar, en Las Heras, abandonó su automóvil Fiat Uno en una esquina de Guaymallén, cerca de la Terminal, y emprendió una fuga que está por cumplir trece años.

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Defender al prófugo

Martín Ríos es abogado penalista y tiene un estrecho vínculo con la familia de Mauricio Suárez. Especiamente con el padre, Argentino Suárez, "Coco, gran amigo mío y chapista". Por eso representa al prófugo.

"Creo en la inocencia de Mauricio Suárez porque en la causa judicial no hay elementos que lo vinculen directamente con los homicidios" "Creo en la inocencia de Mauricio Suárez porque en la causa judicial no hay elementos que lo vinculen directamente con los homicidios"

Martín Ríos, penalista

¿Qué opina del informe de las antenas telefónicas? ¿Fue sobrevalorado por la Justicia en perjuicio de su cliente?

Suárez habría estado en las cercanías (de la escena del crimen -Barcala 400 entre Chile y Mitre, Ciudad) por haberse detectado llamadas hechas y recibidas en su celular en antenas cercanas. Esto no prueba nada, ya que bien podría haber estado haciendo cualquier otra cosa cerca de allí o bien podía no haber tenido su teléfono ese día.

En la planta alta se hallaron muestras de sangre y de grasa que podrían ser del asesino. Si Suárez es inocente, ¿por qué en 2007 el padre no se sometió a un ADN para ayudar a despegar al hijo?

No lo permití porque podría afectar los derechos de Mauricio Suárez como imputado, amén de que se trata de una decisión personal permitir este tipo de pruebas. Si Suárez se presentara a la Justicia, si situación se aclararía rápidamente y sería sobreseído.

Ríos ha trabajado intensamente por la familia Suárez en este caso. Logró recuperar para ellos el auto de Mauricio Suárez que estuvo secuestrado por orden judicial en busca de huellas e indicios.

La esperanza

Durante años ese vehículo fue utilizado por un hombre, único habitante de una casa de calle Videla Castillo de la Cuarta Sección. Hubo súbitas expectativas porque se pensó en Suárez. Se montaron guardias y discretos seguimientos.

Al final, la desilusión de los pesquisas fue tan estrepitosa como la de Mauricio Suárez cuando comprobó que su amada Troncoso lo había dejado por Piottante, ese psicólogo robusto y de ojos casi transparentes que una noche se había sentado a su mesa matrimonial en Vistalba en otros tiempos. Los tiempos felices.

Caras conocidas

Hoy Carniello es fiscal de casos de violencia de género. Cuando sucedió la masacre de la calle Barcala estaba remplazando a otro fiscal de Delitos Complejos: Eduardo Martearena, que estaba de vacaciones por la feria judicial. Hoy Martearena es juez de sentencia y en 2018 condenó a Mariano Luque a 12 años de cárcel por el homicidio de la desaparecida Soledad Olivera, en Tres de Mayo, Lavalle.

A Carniello lo asistía Gustavo Stroppiana, joven ayudante fiscal que con los años pasó a ser fiscal. Hoy Stroppiana es conocido públicamente por su investigación del caso Próvolo: abusos a hipoacúsicos a cargo de religiosos en ese instituto.

Cuando la plata no sirve

Dos recompensas ofreció el Ministerio de Seguridad para dar con Suárez. La primera fue de $10.000 y fue lanzada a poco de la tragedia. La segunda rige desde enero de 2007 y es por $50.000. Hasta hoy, ambos ofrecimientos sirvieron para atender una docena y media de llamadas con pistas falsas.

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Nada por aquí, nada por allá

A San Luis fue una comisión policial mendocina en enero de 2007 en busca de Suárez. Hicieron foco en una zona turística. De cabañas. Cerca de las sierras. Todo terminó en una nueva frustración: el cuidador de unos alojamientos que estuvo dos días en la mira no era el buscado. Tampoco se parecía.

El hallazgo

El jueves 13 de julio de 2006 la concertista de piano Beatriz Llin viuda de Piottante amaneció con un nudo en la garganta. La noche anterior se había ido a dormir sin poder dar con su hijo Flavio, que vivía del otro lado de la calle Chile. Varias veces lo había llamado por teléfono pero nada. El miedo aumentó cuando supo que esa mañana el hijo no se había presentado a trabajar en la Penitenciaría. Entonces fue al dúplex donde Flavio vivía -en la planta superior- y tenía consultorio -en planta baja-.

Entró valiéndose de una copia de la llave que solo usaba para casos de urgencia. Entonces vio.

Primero vio al perro atado en un patiecito delantero, dando grandes saltos para ser liberado.

Luego vio la puerta corrediza de vidrio entreabierta.

Después vio desorden, y vio muebles tirados... hasta que vio la muerte en su hijo y una chica a la que no conocía.

"A las 0.15 le dejé un mensaje en el teléfono pidiéndole un turno porque quería saber de él, aunque vivía a media cuadra" "A las 0.15 le dejé un mensaje en el teléfono pidiéndole un turno porque quería saber de él, aunque vivía a media cuadra"

La madre de Piottante a Diario UNO

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Horas decisivas

Estaba escrito que Analía Estrella Libedinsky moriría aquel 12 de julio de 2006. Había llegado al consultorio de Piottante en horas de la siesta luego de por lo menos tres reprogramaciones de la sesión de terapia prevista, originalmente, para el lunes 10. Piottante, dicen, la evitaba porque ella estaba enamorándose de él.

La chica llegó, tocó el timbre y como nadie abrió cruzó la calle Barcala y fue a un quiosco, donde pidió papel y lapicera. Quería avisarle que volvería en un rato: "Vine y no estabas...", le dejó por debajo de la puerta. Más tarde, Piottante llegó a su casa traído por Andrea Troncoso en su auto y un rato después la paciente tocó el timbre y fue recibida para no volver a salir nunca jamás.

¿Qué pasó?

Dos teorías se barajaron en estos casi 13 años de impunidad.

La primera indica que el asesino tocó el timbre y que cuando Piottante abrió la puerta lo empujó hacia adentro del consultorio y le disparó dos veces tras un forcejeo. Y que luego fue el turno de Libedinsky, atacada desde atrás, apenas bajó las escaleras -estaba en la parte del dúplex destinada a vivienda- aterrada por los disparos. 

La segunda indica que cuando Libedinsky entró a lo de Piottante éste ya había sido asesinado, y que ella fue atacada por el homicida casi de inmediato.

Sin embargo, exámenes de laboratorio realizados con posterioridad sobre muestras orgánicas sirvieron para descartar esta hipótesis y reafirmar la primera, ya que determinaron que las víctimas habían tenido relaciones íntimas minutos antes de ser ultimados.

En la escena del crimen había muebles tirados, una cartera de mujer y manchas de sangre en el piso y las paredes.

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Los pesquisas hallaron indicios de un pequeño incendio provocado intencionalmente y rápidamente apagado con agua en el sector donde Piottante guardaba historias clínicas.

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El otro mensaje

No solo la notita de Libedinsky había pasado por debajo de la puerta de Piottante en esas horas. En la escena del doble crimen los investigadores hallaron otra, también escrita a mano pero en una hoja cuadriculada: "Te vine a buscar. Son las 3:10 am. Ya no sé si esto es amor o locura...". A esa hora Piottante y Libedinsky llevaban varias horas muertos. Por lo menos ocho.

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La nota estaba firmada por "Andre". Era Andrea Troncoso y cuando declaró como testigo explicó que fue a lo de Piottante apenas iniciado el jueves 13 de julio.

Lo hizo en su auto, manejando desde Vistalba, con el pequeño hijo de ella y de Suárez dormido en el asiento de atrás, porque Piottante no le atendía el teléfono desde las 20.30 y temía que le hubiera pasado algo malo: Piottante había sido hospitalizado semanas atrás por una dolencia menor, explicó Troncoso.

¿Qué pasaría si...?

Si Suárez cayera preso o se presentara argumentando que la causa caducó quedaría inevitablemente detenido hasta comprobar, vía ADN, si los restos orgánicos hallados en 2006 le pertenecen o no. Si ocurre lo primero se sería considerado culpable pero sería sobreseído, es decir que no le cabría ninguna sanción penal.

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