Carlos Herrera es uno de los recolectores de residuos que recorren las calles de Las Heras. Su actividad es una de las consideradas esenciales y siente satisfacción por lo que hace, como muchos otros mendocinos que deben salir a cumplir su labor diario en medio de la cuarentena por el coronavirus.
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“Orgullo”. Con esa palabra Carlos Herrera define lo que siente por su trabajo en estos días, porque pese a que rige el aislamiento social obligatorio, él tiene que salir todos los días para brindar un esencial servicio para la población, como es la recolección de los residuos domiciliarios.
Entonces, mientras muchos están protegidos en sus casas y cumpliendo con la cuarentena para evitar el contagio del coronavirus, Carlos y sus compañeros se encargan de que Las Heras se mantenga limpia.
“Hace un año y cuatro meses que trabajo para esta empresa y para la Municipalidad de Las Heras”, dice este lasherino de 29 años, uno de los 112 empleados de LIME, la empresa encargada de recolectar los residuos en el departamento.
Como a todos los que tienen la obligación de continuar con sus actividades laborales, aún con esta pandemia, a Carlos se le cambiaron algunas rutinas, como cuando llega a su casa. “Tengo tres hijos (8, 5 y 2 años) y no los puedo abrazar ni besar apenas llego. Primero me tengo que sacar la ropa afuera, la dejo colgada al sol y después la lavo. Y cuando la saco, rocío con cloro o lavandina el lavarropas. Además me lavo las manos frecuentemente”, cuenta sobre algunos hábitos que ha tenido que adoptar en este último tiempo.
Claro que por su trabajo, al estar en contacto con la basura, el lavado de manos es algo que siempre tuvo incorporado. Pero reconoce que “ahora tomamos más precauciones”.
La ciudadanía, a través de diversos gestos, como los aplausos, reconoce la tarea de profesionales de la salud y de otros trabajadores que le están poniendo el cuerpo a esta situación de pandemia. Y uno de esos laburantes son los recolectores de residuos, como Carlos Herrera. “La gente nos reconoce lo que hacemos, nos aplauden y nos dan las gracias, y uno se siente orgulloso y le pone más ganas”, manifiesta con satisfacción en un pequeño descanso que se toma con sus compañeros de cuadrilla.
“Le estamos poniendo el hombro a la situación”, reflexiona consciente de la realidad que como sociedad nos toca vivir y asumiendo el peligro de este virus que tiene en vilo a todo el planeta.
Pero más allá del miedo lógico que él o cualquier vecino pueda tener por el avance del coronavirus, es fundamental saber que hay normas de prevención. “Tuvimos charlas y nos dieron los elementos necesarios para cuidarnos entre todos, pero lo más importante es que se tienen que quedar en la casa”, destaca.
Y esos cuidados también se tienen que trasladar al vecino que todos los días deja la bolsa de basura en su canasto para que estos trabajadores la recojan. Carlos Herrera aconseja: “Les pedimos a la gente que rocíe las bolsas con alcohol o lavandina. A veces cuando las levantamos sentimos olor a cloro y eso está bueno, porque se están cuidando ellos y nos están cuidando a nosotros”.



