Libros

Cometierra y Miseria, las conmovedoras heroínas de Dolores Reyes contra los femicidios y la violencia obstétrica

Dolores Reyes es docente, escritora y militante feminista. Reconocida internacionalmente por Cometierra ahora publicó Miseria, una continuidad de la trama

Cuando, hace cuatro años, apareció Cometierra, su primera novela, Dolores Reyes conoció un fulminante y bien merecido reconocimiento como autora.

La historia de una chica que tiene el don de encontrar personas desaparecidas desmenuzando en su boca una porción de tierra que hubiera tenido relación con ellas, tuvo un sorpresivo eco internacional. Publicaciones tan prestigiosas como The New York Times o el suplemento cultural Babelia señalaron su libro como uno de los principales títulos de aquel recordado 2019.

Con la reciente publicación de Miseria, continuidad de la trama, que traspasa la acción de la localidad de Pablo Podestá a Liniers, siempre en Buenos Aires, el suceso tuvo su natural continuidad.

Refrendado, todo esto, por Daniel Burman que está dirigiendo, en México, la serie basada en el relato original para la plataforma Amazon Prime.

►TE PUEDE INTERESAR: Diario de un procrastinador, por Diego Geddes: "Cada uno hace lo que puede para luchar con sus demonios"

Cometierra y Miseria.JPG
Cometierra y Miseria, dos creaciones de Dolores Reyes.

Cometierra y Miseria, dos creaciones de Dolores Reyes.

Desde el conurbano bonaerense, su lugar de siempre, donde ejerce su labor docente y donde ha criado a sus siete hijos, Dolores habla con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Burman está rodando la serie basada en tu libro Cometierra en México. ¿Por qué en ese país, Dolores?

-En realidad, Amazon de México es la que está haciendo Cometierra. Hay más de cien personas trabajando en sets y necesita mucha producción. La verdad, yo no tengo ni idea del tema costos, pero sé que tiene que ver con eso. Igual, una parte se filmó también acá al lado, en Uruguay.

-¿Y por qué en nuestro medio no fue posible?

-Antes se hacían muchas series y publicidades. Yo tengo un hermano que labura de eso. Y no sé qué pasó que hace un tiempo se filma muy poco en Argentina. Supongo que tiene que ver con nuestras crisis económicas. Los costos de producción son delirantes en comparación con lo que sale hacer un libro.

-La pregunta venía a cuento de que tanto Cometierra, como Miseria, su continuación, cuentan una historia muy argentina, tienen una identidad muy ligada al conurbano bonaerense.

-En realidad, mis novelas hablan de los femicidios. Y México es como el epicentro de los femicidios. Yo quise trabajar voces del conurbano bonaerense porque sentía, a partir de lo que conozco y de las pibas con las que me relaciona, que ese era un epicentro de la violencia clarísimo.

-Con muchos casos con nombre y apellido.

-Melina Romero, Araceli Ramos; la aparición, en el caso Mangeri, del cuerpo de la chica violentada, Ángeles Rawson, en el CEAMSE. Tantos y tantos ejemplos. Es decir, acá hay un epicentro muy fuerte y por eso yo elijo narrar desde ellas, desde su propia experiencia y desde Pablo Podestá.

-¿Cómo ves, entonces, el asunto del cambio de locación?

-En cuanto a este tema, vuelvo a decir: los costos de producción son terribles. Yo nunca vi que en Pablo Podestá grabaran una serie porque allí, tristemente, ni siquiera hay una librería; ni hablar, ya, de una productora.

-Por lo que decís, el espíritu del libro se mantiene también en México.

-No me parece tan terrible el traslado en el sentido de que se narra desde un lugar que puede ser perfectamente transitado por Cometierra. Allá, en Ecatepec y en todo lo que son las afueras de México, me parece que se conforma también un epicentro muy interesante, no solo de las violencias, sino de la vida de los jóvenes.

-Esta atmósfera es fundamental para el desarrollo de tus personajes.

-En todo el otro lado que tienen las novelas, tanto en Podestá como en Liniers, hay un vitalismo que yo enfoco muchísimo. Hay música, hay comidas, hay bebidas. Hay pibas que quieren vivir y son preciosas. Y esto lo veo tanto acá como en México. Incluso allá, la lucha de las madres y de las organizaciones buscando a sus hijas también está supervigente.

-Esa búsqueda es la que va empujando la trama, paso a paso.

-Más allá de estas decisiones que, vuelvo a decir, me exceden, porque tienen que ver con costos de producción, las flores, las cruces en el desierto, todos los reclamos o toda la denuncia que viene desde la época de Bolaño con 2666, ya empezaron hace mucho porque México, desafortunadamente, es una maquinaria brutal de fagocitar cuerpos de mujeres.

-Coincidimos, no parece terrible el cambio de escenario, porque lo mismo que sucede en México podría trasladarse a la periferia de Santiago de Chile o de alguna ciudad colombiana.

-En Colombia, esto también es increíble, ¿no?

-Lo que sí resulta curioso es cómo el guion va a trasladar al mexicano el lunfardo argentino, tan expresivo, con el que se comunican tus personajes.

-No es tan fácil ni es tan difícil. Todas las grandes ciudades tienen un argot. Y sobre todo la lengua de los adolescentes, que es muy creativa y que siempre se quiere despegar de la norma, justamente para crear una suerte de lenguaje propio que a mí me interesa muchísimo trabajar a la hora de escribir las novelas.

-Está bien que hagás foco ahí, porque define mucho tu estilo narrativo.

-Siento que ahí hay una creatividad, una potencia impresionante, que muchas veces se traduce en temas de canciones, lo que se llama la música urbana. Y sé que explotaron bastante eso para la serie.

-Por lo que pudimos saber, tomaste contacto también con los protagonistas.

-(Ríe) Las actrices y el casting me gustaron muchísimo. Mucho, mucho, mucho…

-Hasta te sacaste una foto con la Cometierra mexicana.

-¡Sí! Me emocionó mucho conocerla a Lilith (Curiel). Cuando nos vimos nos dimos un fuerte abrazo. Todo eso te transmite mucha adrenalina. ¡Era impresionante caminar ahí y ver a tus personajes!

-Te encanta, en definitiva, cómo va la cosa.

-Sucede que me siento muy en casa en Latinoamérica. Es increíble eso, porque yo viajo mucho y todos me dicen: “Qué tal Noruega y cómo te fue en España y en Francia, y esto otro te debe gustar, etcétera”. Me encanta, por supuesto, viajar y tuve la oportunidad de hacerlo muchísimo con Cometierra y con Miseria, y ahora lo sigo haciendo este año.

-¿Y cuál es tu balance, hasta aquí?

-Siempre me siento turista en Europa, no sé, como diciéndome “de acá no soy” (ríe). En cambio, en todo lo que es Latinoamérica, me siento muy en casa. Incluso, cuando estoy afuera, me termino juntando con colombianos, si hay argentinos con argentinos, con mexicanos…

-¿Qué encontrás de común en todos ellos?

-Si bien las violencias son, por supuesto, sistémicas y planetarias, hay algo muy de latinoamericano en nuestras formas de habitar el mundo; incluso, no solo en las violencias, sino también en juntarnos, en lo que sería acá la bailanta y que en otros lados tiene otras expresiones, pero que son muy similares. En resumen, me siento transitando algo que es, justamente, Latinoamérica.

Dolores Reyes1.jpg
Dolores Reyes en la Villa 31.

Dolores Reyes en la Villa 31.

-En tus novelas hay gente grande, obviamente, pero la fuerza de la historia la ponen jóvenes o adolescentes, como las mismas Cometierra y Miseria. Se supone que ahí está expresada toda tu experiencia personal, porque tenés un montón de hijos y has sido docente en Fuerte Apache, en Ciudadela, en Pablo Podestá, ¿no?

-Sí. Eso es un vínculo que nunca quiero cortar. Lo tengo muy pegado porque siento que me voy a oxidar si me separo del todo. Hay años de observación, de ida y vuelta, de sensibilidades, de emociones, de anécdotas. Bueno, de diez millones de cosas que están puestas en los personajes.

-Y que se van recreando de una novela a otra.

-En Miseria van a aparecer otros personajes, otras amigas muy distintas y más grandes, como la señora de los panes o la Tina, Justina, que incluso son de otras culturas. O sea, ahí trato de abrir un poco más hacia Latinoamérica porque siento ese movimiento de ida y vuelta, sobre todo en lo que es provincia de Buenos Aires.

-¿Y qué nos podés decir, expresamente, en este punto, de tu labor docente?

-Como soy maestra desde los diecinueve años, recuerdo cómo recibíamos niñitos de Perú, de Bolivia, y cómo se iban integrando y cómo iban surgiendo problemáticas. Entonces, en cuanto a Cometierra, Miseria y los barrios que habitan, me parecía muy extraño que eso no estuviera presente.

-Sí, vas barrio por barrio, calle por calle.

-Hay una zona de Liniers, a la que le dicen el Barrio Andino, que a mí me encanta, sobre todo la feria andina en donde hay un cruce impresionante de cultura, de religiosidades, de magia. Es algo que en lo que me meto bastante, sobre todo en Miseria.

-Cometierra, gracias a su don, logra ver el destino de personas desaparecidas. Logra ver en “el más allá”. Pero en Miseria la cosa se vuelve más chamánica, te empezás a meter en zonas turbias como la magia negra.

-Me parecía que estaba ahí. Y, en realidad, desafortunadamente, sobre todo ahora, mirando sí a la Argentina, tenemos una trayectoria mucho más desarrollada en esas magias oscuras que en las luminosas.

-Sí. Nubes negras sobre nosotros.

-Recién en este último periodo estamos tratando de conectar con el lado luminoso, ¿no? Sin embargo, hay otras experiencias que han devenido libros.

-¿Por ejemplo?

-Pienso en el caso Satán de los esteros, que María Enríquez toma para hacer un cuento que se llama “El chico sucio”. Hay ahí un pacto satánico. De hecho, se juzgó a los que participaron en el crimen de Ramoncito y la mayoría de ellos están presos; no solo los autores intelectuales, sino también todos los autores materiales de esa masacre ritual de un niño.

-Volvamos a la aparición de la magia en tu historia.

-Por eso digo que, como siento que ciertas oscuridades de la magia están más transitadas, a mí me interesaba ir hacia un lado luminoso. Eso linkea también con el conocimiento de las mujeres; un conocimiento, incluso, bastante reprimido y negado de las mujeres. Uno, por ejemplo, es la partería, un conocimiento que se transmite de generación en generación y que ha sido bastante bastardeado.

-Como decíamos, vos tenés un montón de hijos, demasiados para una familia común de estos tiempos. ¿Fueron partos naturales o asistidos? ¿Cómo fue tu experiencia de dar a luz?

-(Ríe) Me da risa la pregunta. Yo empecé muy chica. A fines de los noventa tuve a mis tres primeros hijos y Eva a Luz nació en el 2001. Así que no había tanto margen de opción. Está también el tema de los recursos.

-¿Cómo fue la experiencia inicial?

-Fui una chica de dieciséis años, embarazada, que pisó hospitales y, justamente, eso está muy plasmado en lo que va contando Miseria, como las miradas de desprecio o las frases hirientes.

-Todo es muy elocuente y, si se quiere, fuerte, en tu relato.

-El desprecio de las pibas adolescentes embarazadas como si ya hubiesen arruinado su vida y no sirvieron para nada, lo he visto, lo he percibido, lo he escuchado en hospitales, en clínicas y quería hacer algo con eso. Quería hacer algo con esa violencia obstétrica, que muchas veces es mucho más grave.

-¿Por qué? ¿En qué sentido?

-Porque pone en riesgo la vida de la mujer y de ese bebé que está naciendo, en el momento de máxima vulnerabilidad, porque muy pocas pueden elegir. Y eso de poder elegir, incluso, es muy reciente.

-O sea que vos pasaste por situaciones similares a las de Miseria.

-Vuelvo a decir. Con mis hijos no tuve esa esa posibilidad. Tuve que adaptarme a lo que había y muchas veces con mucho miedo y recibiendo este tipo de respuestas.

-¿Cómo era la situación?

-Ahí parece que una no sabe nada y que una no conoce su cuerpo (ríe). Incluso con Eva Luz me pasó lo mismo. Me decían: “Mamá, ahora te vamos a trasladar. Quedate, tranquila”. Y yo les decía: “¡No! ¡Está naciendo, está naciendo!”.

-¿Y cómo terminó la cosa?

-Finalmente tuve que parir ahí, con la ropa que llevaba puesta, con una mínima asistencia de una obstetra de guardia, porque justamente les estaba explicando que tenía contracciones de expulsivas y no me escuchaban.

-¡Qué situación angustiante!

-Pasa un montón eso. Te tratan como diciendo “vos no sabés sobre tu cuerpo, sabemos nosotros y punto”. Es duro, ¿no?, porque todo salió bien, pero también todo pudo haber salido mal.

-Te preguntaba específicamente sobre este punto porque en tu segunda novela, Miseria, la tapa lleva una chica embarazada y se relata, desde el comienzo mismo, todo el proceso de una maternidad adolescente. Era de imaginar que ahí se reflejaba también tu experiencia.

-Sí, te imaginás bien. Sí, sí, absolutamente. Vuelvo a decirte que tenía hace tiempo el ojo puesto en este lugar, por dos lados. El lado negativo es el de una de las violencias que más ha afectado a muchísimas mujeres, a abuelas que han quedado traumatizadas; cortadas, mutiladas, sufrientes, como la maldición de “parirás con dolor” llevada al extremo.

-¿Y por otro lado?

-Por otra parte, hay un lado muy luminoso que, al menos en la Argentina de los últimos años, tiene que ver con otro tipo de partería que se está difundiendo y que no va contra la medicina natural tradicional, pero sí es mucho más amable con el cuerpo de las mujeres.

-Un proceso más integral, más contenedor.

-Incluso tiene que ver con la compañía de las mujeres: de las doulas, de las parteras, de las mujeres que saben desde otro lugar, de años de experiencia y de sabiduría. Esta era una práctica guiada por las mujeres hasta que, sí, una medicina bastante violenta las sacó de su esfera.

-Vos fuiste madre tempranamente en los noventa. ¿Cómo ha evolucionado la cosa? ¿Y cómo es la situación en otros países de Latinoamérica en donde, quizá, hay prácticas más machistas que en la Argentina?

-Es bastante difícil generalizar. Ahora, hay una cosa que me pasó. Y me pasó muchas veces y no solo con respecto de Latinoamérica. Una está acá y es supercrítica. Todos estos años, desde fines de los noventa y hasta ayer mismo, hubo marchas en todo nuestro país. Fueron años muy combativos y de mucha lucha.

-¿Y qué quedó de ese proceso?

-Uno siempre tiene la mirada ahí, en lo que falta, en lo que reclamamos, en lo que queremos conquistar y a veces, cuando salís, te encontrás con realidades muy dolorosas.

-¿Como cuáles?

-Como las violencias hacia las mujeres y el machismo en algunas zonas, que son desoladoras. Incluso están desapareciendo las mujeres que se organizan, las buscadoras, sistemáticamente las periodistas que van a difundir feminicidios, actos de violencia. A las organizaciones también las desaparecen. Es un fenómeno muy complejo y terrible.

-Uno, cuando imagina a Cometierra tragando la tierra que ha estado en contacto con las víctimas, se genera como una reacción física. Como que se te cierra la garganta. ¿Vos has comido tierra, por lo menos para saber qué siente tu personaje?

-(Ríe) Es una cosa muy común comer tierra en la infancia.

-Pero si sos niño ni te das cuenta.

-Cualquier madre sabe que los niños comen tierra. Y si los llevás a la playa, cuando tienen un año y medio, los sentás y se llevan la arena a la boca. El período oral, justamente, tiene que ver con conocer el mundo por medio de la boca. ¡Y se llevan a la boca todo! Es superpeligroso.

-¿Cómo sigue ese desarrollo?

-Hay niños que lo continúan, después de ese período. Es bastante común. Y yo lo que hago es darle una vuelta más a esa historia. Es una nena que come tierra, que cierra los ojos, entra en una suerte de trance y tiene visiones sobre la persona que habitó esa tierra.

-Sí, esa es la mecánica central de las dos novelas.

-Hay ahí una suerte de máxima que se repite en las dos novelas, tanto en Cometierra como en Miseria y es que la tierra que habitamos nos conoce. No es cualquier tierra, sino la tierra que nos vio crecer e, incluso, la tierra que recibió nuestros cuerpos cuando han sido violentados. Entonces esa tierra sabe, justamente, dónde hay una chica desaparecida, dónde hay una chica muerta, dónde hay un niño que falta.

-Para eso se nece

Dolores Reyes2.jpg
Dolores Reyes, militante feminista.

Dolores Reyes, militante feminista.

sitaba, entonces, la intérprete del fenómeno.

-Lo que hacía falta para linkear ese conocimiento de la tierra con los seres queridos que están buscando a alguien, era una suerte de vidente o médium que pudiera decodificar lo que la tierra sabe y transmitírselos a los buscadores. Esa es Cometierra.

-Cuando la gente se entera de que Cometierra tiene ese atributo, la busca con ansiedad. Hacen cola para verla, con botellas de tierra en la mano. A vos también te sucede algo parecido, aunque no dispongas del don. Es muy singular.

-Sí. Incluso, cuando salen las novelas, que aparece mucha prensa, me pasa que hay gente que lo entiende como algo literal y me vienen a buscar, me cuenta una historia que siempre es muy terrible de alguien querido que le falte, de una hermana que no está hace veinticinco años. Saben que ya nadie las busca y desde la desesperación me preguntan si soy yo la que come tierra o si conozco a la vidente.

-Quedás mimetizada con tu personaje, en suma.

-O sea, no lo leen como algo literario, sino como algo literal. Y es difícil explicar que se trata de una ficción, pero que esa ficción y ese personaje en particular señalan nuestra realidad más terrible de una forma tan directa que crean esta confusión.

-Cuando irrumpiste con Cometierra, tu primera novela, tuviste un impacto brutal. Hasta The New York Times y Babelia te celebraron a nivel internacional. ¿Cómo te pegó en el plano personal? ¿Cómo lo asimilaste?

-(Ríe) ¡Es muy loco! Cinco años después te estoy hablando a vos y miro la tapa del Babelia que me regalaron con Miseria. Algo totalmente impensado.

-¿Por qué impensado?

-Porque yo no tuve tapas de suplementos culturales acá en Argentina y me hicieron una de Babelia que es como “el” suplemento cultural de El País. Muchos me dicen: ay, no caés, no dimensionás. Entonces, yo pienso: bueno, ¿y para qué? Para qué me voy a poner a reflexionar demasiado sobre eso. Lo vivo con mucha alegría.

-¿Dónde notás el fenómeno en cuanto a tu persona?

-Yendo por el camino o en el subte, en el tren. Incluso en la plaza de Caseros, donde vivo yo, me frenaron las chicas y me maquillaron. Había como veinte. Me hicieron los hilitos verdes de purpurina en los ojos con toda la buena onda del universo. Como veinte veces me pararon para sacarme fotos en una de las marchas. Es algo muy lindo, muy natural.

-¿Te cambió mucho la vida todo esto?

-Siempre quise que mi vida cambiara, en lo cotidiano, lo menos posible. Estoy en mi casa y soy como una mujer más, la mamá de mis hijos. De hecho, ahora estoy con cumpleaños, club, partidos de fútbol, todo lo que se te ocurra (ríe). Acabo de terminar de hacer dos docenas de empanadas.

-¿Y la escritora?

-Después, sí, tengo mi tiempo para ponerme a escribir. Pero es verdad que ha cambiado otra parte, la parte de los viajes, la parte de las entrevistas, la de la prensa. Y la de la escritura, bueno, cambió muchísimo.

-Debés ser una cocinera de la hostia porque para alimentar a tantas bocas, encima jóvenes, que devoran todo lo que tienen a su alcance.

-(Ríe) Me gusta mucho cocinar. Muchísimo, sí.

-¿Con qué los llenás?

-Mis hijos más chicos, además, son altísimos ¡y comen! ¡Siempre tienen hambre! El más chiquito, que acaba de salir para el club, mide uno metro 75 y calza 45. Es arquero de Estudiantes de Caseros.

-No solo comen. Se ve que también te ayudan a entender los temas que abordás ¿no?

-Sí, tomo muchas cosas de ellos para las ficciones porque de ahí me surgen preguntas, me surgen problemáticas, conflictos. Entonces, no puedo separar eso de que nazcan cuentos o personajes de mi relación con ellos, de sus amigos, de la observación, de la escucha.

-Eso queda muy claramente expresado en el desarrollo de tus novelas.

-Me gusta mucho la composición de personajes. Entonces uno va tomando, va a la caza y a la pesca de todos esos rasgos para componer (ríe).

-Has sido maestra en varios lados y tenés un montonazo de hijos. ¿Cómo hiciste para sentarte a escribir? Se supone que uno, para eso, necesita algunos momentos de paz o tranquilidad.

-¡Uf, era durísimo! No sé cómo sobreviví a eso, pero me levantaba a las cuatro de la mañana y escribía hasta poco después de las seis. Ya a las seis y media los tenía que levantar a todos para desayunar e ir a las distintas escuelas.

-Se ve que, finalmente, te resultó el esfuerzo.

-Lo hice también con mucha libertad porque no sabía que iba a hacer un libro, no sabía que iba a hacer una serie, ¡no sabía nada! Entonces yo lo hacía para el taller de escritura. Éramos pocos, un puñado y esa gente me escuchaba y nada más. En ese sentido fue bastante sacrificado. Había que robar tiempo como fuera.

-Y ahora, después de todos los reconocimientos y las nuevas responsabilidades, ¿cambió la rutina o sigue más o menos igual?

-¡Uy, es muy difícil también! Ari tiene un cumpleaños, Benja se fue al club, los más grandes se acomodan, hay reuniones y no sé qué. En un rato me voy a poner a escribir. Pero a veces pasa algo que es muy loco.

-¿Loco por qué?

-Porque cuando tenés todo el tiempo y todas las condiciones del mundo, capaz que te ponés a paviar y no escribís. En cambio, cuando tenés una hora y media, te decís: ¡es ahora!

-¡Y al ataque!

-Entonces dejás los platos y las asaderas que quedaron de las empanadas sin lavar. Y no me importa. Ahora es la hora de ponerse a escribir y cerrás la puerta. Metafóricamente le cerrás la puerta a todo.

-Hablando de cerrar, hay un aspecto de tu novela Miseria muy preocupante, porque hace su irrupción la bruja negra, Madame, se inventa una jugarreta y ahí queda. Es de suponer que habrá una continuación para que gane en protagonismo.

-(Ríe) Continuará… Sí, sí, sí. Ahí está, muy plantada. Aparece con todo. Las estuvo rondando sin que ellas se dieran cuenta. Y cuando se muestra le mueve el mundo a Cometierra y la deja, incluso, lesionada.

-O sea, se viene la próxima aventura.

-Ahí hay una promesa de continuidad, en muchos aspectos. Además de Madame, está el papá, la historia de la seño Ana… Hay muchas cosas que continuarán, claramente.

-Además, cuando se pueda ver la serie de Burman, te van a exigir más cosas, más contenidos.

-Burman y toda la gente de la productora están eufóricos. Están muy contentos con lo que está quedando. Me transmiten bastante esa alegría.

-¿Para cuándo pinta el estreno?

-Sé que es este año, pero la fecha exacta la determina Amazon Prime. Ni los productores tienen ese dato.

►TE PUEDE INTERESAR: Julián Varsavsky, descubridor de mundos invisibles: "Los Andes son el resultado de energías inconmensurables"

Temas relacionados: