Los científicos quedaron perplejos al revisar grabaciones de cámaras en la isla Jicarón, Panamá. Las imágenes mostraron algo insólito: un mono capuchino joven caminaba con un bebé mono aullador aferrado a su espalda.
Científicos descubren un aberrante comportamiento en monos: secuestran crías y no les importa lo que les pase
Un equipo de científicos documentó en Panamá cómo machos capuchinos raptan bebés de monos aulladores, fenómeno nunca antes registrado
Meg Crofoot, ecóloga del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, expresó su asombro al portal especializado Smithsonian: "¿Qué estoy viendo aquí? Es muy extraño", comentó mientras analizaba el material que registró este fenómeno.
El misterioso caso del secuestro de crías
Al examinar más videos, los expertos identificaron un patrón alarmante: machos jóvenes capuchinos raptaban sistemáticamente bebés aulladores menores de cuatro semanas. Aunque no los lastimaban directamente, varios murieron por desnutrición al no recibir leche materna.
El primer caso ocurrió en enero de 2022 cuando un capuchino apodado "Joker" apareció cargando un bebé aullador. "Esto nunca se observó en ningún otro lugar", afirmó la investigadora Zoë Goldsborough.
Cinco meses después, otros capuchinos jóvenes adoptaron la práctica. Durante 15 meses documentaron 11 bebés aulladores transportados, algunos hasta por nueve días consecutivos.
Los enigmas detrás del aberrante comportamiento
Los científicos analizaron varias hipótesis. Descartaron la competencia por alimento, ya que ambas especies tienen dietas diferentes. Tampoco observaron que los capuchinos "transportadores" recibieran atención social positiva.
La teoría principal apunta al aburrimiento. El ambiente de Jicarón, con pocos competidores y sin depredadores naturales para los monos, puede resultar poco estimulante, llevándolos a crear nuevos comportamientos.
Susan Perry, primatóloga de la Universidad de California, sugiere que este comportamiento deriva de cómo los machos capuchinos a veces cuidan crías ajenas dentro de su propia especie.
Para Crofoot, estos hallazgos demuestran que los humanos no estamos solos en tener tradiciones sociales "arbitrarias", aunque estas puedan resultar perjudiciales para otras especies.



