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China se fortalece mientras Estados Unidos y Rusia pierden control en la nueva era nuclear

Mientras los antiguos guardianes del equilibrio nuclear se desgastan, China avanza con sigilo, remodelando las reglas del poder global y dejando atrás la estabilidad de la posGuerra Fría

La realidad que se está configurando no es una inquietud remota ni un debate académico. El último gran pacto nuclear entre Estados Unidos y Rusia, el conocido como New START, ha expirado, dando paso a una etapa sin límites legales ni mecanismos de verificación para los arsenales más poderosos del planeta.

Firmado en 2010 y prorrogado hasta 2026, el tratado había sido durante años la única barrera tangible que impedía una carrera armamentista nuclear abierta entre las dos potencias que concentran la mayoría de armas nucleares del mundo. Sin ese borde protector, la historia entra en una fase más inestable. Y China sale ganando.

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China se fortalece mientras Estados Unidos y Rusia pierden control en la nueva era nuclear

China aparece como un actor estratégico cada vez más relevante. Pekín aún posee un arsenal menor comparado con los de Estados Unidos y Moscú, pero su expansión es notable y está ocurriendo con rapidez. Analistas internacionales estiman que el país asiático construye decenas de nuevas cabezas nucleares cada año, reduciendo gradualmente la brecha con los dos gigantes tradicionales.

Asi mismo, China no solo está aumentando la cantidad de armas nucleares, sino también la diversidad y modernización de sus sistemas de lanzamiento.

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Mundo sin límites

Para Estados Unidos, incluir a China en futuras negociaciones de control de armas se ha convertido en una prioridad declarada. Pero Beijing se resiste a participar en acuerdos multilaterales mientras sus fuerzas nucleares sigan muy por debajo de las de EE.UU. y Rusia, argumentando que los pactos deberían primero exigir reducciones significativas de los arsenales más grandes.

Este estancamiento no es solo una cuestión técnica de números o porcentajes de ogivas. Es un síntoma de un orden internacional que está dejando atrás las reglas claras y verificables que dominaron la posGuerra Fría, para entrar en un terreno de competencia estratégica más fluido y con menos certezas.

Este no es un asunto de “ganadores” o “perdedores”. Un mundo sin límites nucleares claros no reduce el riesgo de conflicto, solo lo hace más difícil de prever y administrar. Y en un planeta donde las decisiones estratégicas pueden tomar apenas unos minutos, la falta de transparencia se traduce en mayor incertidumbre, más desconfianza y, en última instancia, un escenario global más frágil.

Además, este escenario de creciente opacidad y competencia estratégica está incentivando a los países a invertir no solo en más armas, sino en tecnologías de alerta rápida, misiles hipersónicos y sistemas de defensa antimísiles, lo que a su vez multiplica los riesgos de malentendidos.

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