Mendoza siempre tuvo artistas entrañables e inolvidables, en cualquier tipo de expresión. Lejos del esplendor de la era dorada de la radio, hubo algunos que supieron volver a convocar a los mendocinos junto al aparato receptor en plena vigencia de la TV, e incluso en la era digital. Uno de ellos es Carlos Romairone, quien ya forma parte del inconsciente colectivo de los mendocinos. Esta semana pasada Carlitos y su panoplia de personajes le dijo adiós a Radio Nihuil y se jubiló.
Carlitos Romairone, el humorista que hizo reír a los mendocinos durante casi cuatro décadas en Radio Nihuil
La jubilación es sólo un tema burocrático y administrativo, ya que el arte y la relación artista- público no tiene fecha de vencimiento, y el inefable Carlitos Romairone seguirá este romance con el público en todas las facetas artísticas que lo han tenido como un mendocino destacado.
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Personajes como el diputado Salvador Versetti, Carlos González Koco, Don Serafín, Marucha, La Hilda, Teto Kamo, el patético Soyapa (en canal Siete), Eloy Ente, el inefable Chiro de El Futre son parte de la exitosa galería de este artista que se despidió de Radio Nihuil al llegar la jubilación, dejando una de las más entrañables historias de vida de personalidades locales.
Observador y analista, Romairone encontró la inspiración para crear personajes en la vida cotidiana misma. "La calle y la gente te va mostrando los personajes, es cuestión de saber mirar", explicó el criado en Carrodilla, de 63 años.
Nacido para comunicar alegría y hacer reír
La entrevista en la propia casa del humorista-artista plástico-imitador sirvió para crear en forma espontánea el perfil. Tan transparente y auténtico es Carlos, que con solo llegar a su casa y entrar, se lo puede definir. Y para definir la impresión que causa, basta con usar la palabra armonía.
Bien mendocino, Romairone nos hizo pasar al patio, y bajo la parra que le da sombra a un gran patio lleno de plantas y verdor, y dolores de cabeza al fotógrafo, la charla surgió espontánea, de "entre amigos". En el mediodía del Viernes Santo desfilaron recuerdos, anécdotas, los dibujos y pinturas y hasta el libro Carlos González Koco -69 poemas rumiánticos, de su autoría-, con los desopilantes poemas de su personaje.
"Creo que nací ya con el don de alegrar y hacer reír a la gente. De chico me crié acá cerca de donde estamos, en Carrodilla, cerca de Carbometal, en casa de mis abuelos. Mi mamá estaba separada de mi padre, y vivimos con los padres de ella. Mi abuela me bautizó Rey de los Pajaritos", recordó con cariño.
"A cada rato y todo el día venían a buscarme los otros chicos del barrio y teníamos un código para llamarnos: era un silbido igual al del ringtone de los celulares Samsung. Entonces mi abuela decía que eran pajaritos, y como me buscaban a mí, yo era el rey de los Pajaritos", agregó, para explicar el porqué del apodo que le puso su abuela.
El humorista nació con él y así lo recuerda: "Siempre estuve rodeado de amigos, y yo no paraba de hacerlos reír, era el centro de atención, y me gustaba", explicó con cierto pudor, ya que su personalidad está lejos del histrionismo y la sobreactuación.
El ADN heredado
"Si buscamos antecedentes, mi herencia de 'gracioso' vino de mi abuelo materno, Andrés Díaz, quien era un humorista innato, y nunca le faltaban las invitaciones para asados o serenatas. Ahora la saga sigue con mi hija más chica, María Amelie", señaló el también genial imitador. "Mi abuelo iba a buscarme a alguna fiesta, cuando yo tenía 12 o 13 años, y se terminaba quedando él. Cuéntese algún chiste don Andrés, le pedían, y ahí arrancaba mi abuelo, al estilo Landricina, y no paraba", sumó.
Precisamente, la nena de cuatro años de Carlos y su esposa Cecilia, vestida con un disfraz de princesa de Disney, no deja de bailar, hablar y hacer poses cada vez que se dispara el flash de la cámara de Axel, el fotógrafo que ilustra esta entrevista.
"A María Amelie le encanta la pintura, como a mí y la hemos mandado a aprender con un profesor. También ama bailar, y la mandamos a danza, pero no tuvo buen feeling con las profes y no siguió. Ya buscaremos otra academia, porque ama bailar", destacó.
Carlos tiene además dos hijos mayores, Rebeca, de 38 años, y Manuel, de 34.
Detrás y delante del micrófono
Al despedirse de Nihuil, el capricorniano Romairone dejó detrás 38 años de pasión por comunicar. "A los 16 años empecé con mi gran pasión que es la música. Mi papá me ayudó y pude tener un importante equipo para trabajar como DJ. Primero en bailecitos del barrio, y luego escalando a fiestas más grandes. En los casamientos me pedían que hiciera las tradicionales solicitudes de aplausos para novios, padrinos, etcétera", recordó Carlos, que así le fue tomando pasión al micrófono. Su voz se seguirá escuchando en otros medios de Mendoza.
El paso del gracioso al humorista, lo dio Carlitos ya trabajando en la vieja Nihuil, en calle Esteban Echeverría, donde ingresó como operador "volante" en 1985, gracias a Rodolfo J. Ricolfe, y Julio Fusté. "Empecé a hacer humor de la mano del querido Jorge Sosa. Cuando hacían en Hola País el radioteatro El Futre, me invitó a hacer el personaje Chiro, ya que como el Futre no tiene cabeza, hacía ventriloquía. Me preguntaron si podía imitar a Chirolita (del recordado dúo Chasman y Chirolita).
Carlos supo imitar de manera superlativa a grandes personalidades, siendo los puntos más altos, Juan Román Riquelme y el ex presidente de AFA, Julio Grondona.
Artista polifacético
Como ya mencionamos, el humorista lujanino y amante del fútbol, siendo hincha de Gimnasia y Esgrima de Mendoza y Boca Juniors, también se destaca en las artes plásticas. Un sinfín de dibujos y pinturas que nos mostró durante la charla, dan testimonio fiel. "Siempre me gustó mucho dibujar y pintar. Estudié pintura con Orlando Pardo, y dibujo con Luis Ciceri, dos grande maestros que ya no están, pero me dejaron una enseñanza maravillosa", destacó Carlos.
También tuvo su turno una incursión por las historietas, publicadas en Diario UNO, y hasta caricaturas, las que formaron parte de una colección que se realizó con motivo de la Copa América de Fútbol de 1991, con el visto bueno de otro maestro desaparecido, Hugo Cacho Cortez. "Hicimos un álbum con las caricaturas de los jugadores de todos los seleccionados", rememoró con cariño Romairone.
Respecto a su anticipada jubilación, Carlos Romairone señaló que "esto es algo más bien administrativo. Nunca voy a dejar de hacer lo que más me gusta. Si bien esta profesión me dejó algunos sabores amargos al haber celos y envidias en colegas, me guardo los mejores de los recuerdos y las ganas de seguir", dijo el creativo, para aportar: "Aprendí de la grandeza de Jorge Sosa, que no tenía los miedos de otros, faltos de seguridad, y estaba por encima de esos sentimientos negativos", concluyó.











