Iniciativa

Buscan recuperar un pueblo abandonado de La Paz

Hay un proyecto para recuperar la estación ferroviaria y el pueblo de Cadetes de Chile, ex Alpatacal, en La Paz. La comuna y los cadetinos cuentan con el interés de la Nación para financiar el proyecto y transformarlo en un sitio de interés turístico

Es una larga y rica historia, pero también tremenda y dolorosa. En el corazón del territorio de La Paz hay un pueblo abandonado, al lado de una estación de trenes casi derrumbada. Pese a eso, desde que se fueron de allí sus dos últimos habitantes, en 1993, los vecinos regresan cada tanto, a limpiar el pueblo, comer algo allí y hasta dormir alguna noche. Es Alpatacal, después Cadetes de Chile que ahora podría ser recuperada si se cumple el plan de la Municipalidad y de los viejos cadetinos de que la Nación financie la restauración del lugar y se vuelvan a radicar sus pobladores, teniendo al turismo como base de la nueva economía.

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Juanjo Furlotti, responsable del área de Turismo de la comuna de La Paz, confirmó que "la idea es recuperar el lugar debido a que es un sitio histórico, entre otras cosas porque allí ocurrió una de las tragedias ferroviarias más grandes del país y que, además, involucró a dos países: Argentina y Chile".

Claro, Furlotti se refiere a la Tragedia de Alpatacal, ocurrida el 7 de julio de 1927, cuando dos trenes chocaron de frente allí. Murieron 29 personas y 57 resultaron heridas. De los fallecidos dos eran cadetes chilenos, 10 eran militares trasandinos y 17 fueron obreros ferroviarios argentinos.

La tragedia hizo que la estación de Alpatacal pasara a llamarse Cadetes de Chile y que la primera estación más cercana hacia el Este, fuera bautizada “Maquinista Levet”, en honor a Arthur James Levett, quien era el conductor del tren que había partido de Buenos Aires y que se inmoló intentando evitar o al menos minimizar el impacto frontal.

"Allí, en ese pueblo, llegaron a vivir unas 400 personas y hoy no queda ninguna", dijo Furlotti.

Y es así. Un día de 1993 Florencia Ortiz y Roberto Núñez cargaron sus cosas en una camioneta y se fueron para siempre de allí. Antes, como desgranándose, se habían ido las otras 14 familias que quedaban en el pueblo, incluido el almacenero Pantaleón Ordóñez.

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El pueblo nació y murió con el tren. La estación Alpatacal, allá en el desierto de La Paz, fue inaugurada el 31 de marzo de 1910, unos años después de que quedara habilitada la vía a Mendoza. El pueblito fue así: La estación; la escuela 1-353 Manuel Gálvez donde se educaban un promedio de 30 chicos; el almacén de Pantaleón Ordóñez (“don Panta”, le decían) y 15 familias más o menos acomodadas en casas de adobe, todas con algún integrante ligado a la vida ferroviaria y algunos también haciendo algunas monedas en las dos estancias cercanas, la de Galeano y la de Auría.

"Fue un pueblo que tenía la estación como referencia, pero que también tenía correo, registro civil, parroquia, pulpería", dice Furlotti.

El tren no solo traía trabajo, víveres, combustible y correspondencia. También traía agua potable. Y en 1993, cuando ya no hubo tren, tampoco hubo agua. Y sin agua no hay nada.

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Pero, aún abandonado, el pueblo siguió siendo trascendental para los cadetinos. Con el empuje de Tito Nieva, hombre de a caballo y con un entusiasmo a prueba de olvidos, varios vecinos siguieron regresando a su pueblo periódicamente, en especial el 7 de julio, aniversario de la tragedia.

Bien organizados, se quedan allí un par de días, en especie de campamentos comunitarios. Incluso han logrado sostener una de las construcciones, que les sirve de refugio.

"Ellos tienen toda la intensión de volver. Allí han crecido, pasado su infancia... es su lugar", dijo Furlotti.

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Por esto la Municipalidad de La Paz está trabajando en un relevamiento general del lugar y en un proyecto para recuperar el lugar "teniendo al turismo como una de las herramientas posibles de reactivación", dijo el funcionario.

Furlotti contó que "ya le hemos presentado la idea a funcionarios del gobierno nacional y les ha interesado mucho", cosa que ha entusiasmado a los paceños en general.

El plan está planteado en varias etapas y la primera "es recuperar la estación del tren", informó.

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“A mí me gustaría volver a vivir allí. Yo pasé toda mi infancia, hasta los 16. Y si la Municipalidad, por ejemplo, asegurara la provisión de agua, yo volvería”, dijo hace un tiempo Mariela, una vecina de Cadetes de Chile,

Hay varias historias y leyendas en Cadetes de Chile.

Con el pueblo ya convertido hacía tiempo en pueblo fantasma, entre el domingo 13 y el lunes 14 de agosto de 2006, una banda de 6 hombres robó la estatua de 3.000 kilos de bronce que recordaba la tragedia, cargándola en un camión y vendiéndola a una chacarita por $28.000. La imagen era la de una mujer con una palma en la mano y uno de sus pechos descubierto.

La banda fue detenida y condenada tiempo después, pero la estatua ya había sido fundida.

Y hay más, mucho más interesantes, como en un Macondo cuyano. Pero esas historias las contarán los cadetinos, cuando reciban a los visitantes en su pueblo.

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