Eran la fuente principal de cultura y conocimiento. Las generaciones anteriores a Google seguro recuerdan claramente la importancia de las bibliotecas populares, las públicas de los pueblos y ciudades y las de cada escuela, pese a que desde hace muchas décadas se insiste en que la lectura está en crisis. Pero lo cierto es que las bibliotecas, antes y también ahora, siguen siendo la trinchera del saber. El 24 de septiembre fue elegido, años atrás, como el Día Internacional de las Bibliotecas y el motivo no es un dato menor. Las bibliotecas populares juegan un papel determinante en esto.

Ese día de 1992, el músico bosnioherzegovino Vedran Smailović tocó su violonchelo entre los escombros de la biblioteca de Sarajevo, que había sido bombardeada con proyectiles de fósforo entra la noche del 24 y la madrugada del 25 de agosto de ese año durante la Guerra de Bosnia. Irónicamente quien ordenó el ataque fue el profesor Nikola Koljevic, un asiduo concurrente a esa biblioteca y que era reconocido por sus cursos de poesía y lírica y su devoción por Shakespeare, pero que después se había enrollado en el ejército ultranacionalista serbio y llegó a ocupar un alto grado.

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En la destrucción de esa biblioteca, además de que el edificio quedó destrozado, se quemaron unos 2 millones de libros, pese al esfuerzo de quienes trabajaban allí, que intentaron rescatar el material, aún cuando todavía el lugar se incendiaba.

Después, en 1997, se decidió declarar el 24 de septiembre como el Día Internacional de las Bibliotecas, en recuerdo a ese lugar, ese momento y al acto purificador del violonchelista.

Pero, más allá de esto, más allá de las excelentes bibliotecas que hay en Mendoza y del personal que allí trabaja y ejerce con vocación su oficio, hay alguna otra versión también muy interesante: las bibliotecas populares. Esa si es una trinchera o un puesto de avanzada, según se mire, ante la exclusión y el olvido.

En el barrio

La Biblioteca Popular Fuente de Sabiduría está en La Favorita y fue construida y fundada por sus propios vecinos y hoy es, además de biblioteca, un centro cultural y social esencial para la vida allí.

“El origen fue una experiencia de los habitantes de La Favorita que, a medida que fueron instalándose, esto es en lo que hoy es La Favorita Centro, fueron también pensando en tener su biblioteca”, cuenta Moris Vásquez, profesor de Historia y Ciencias Sociales, miembro del equipo de Red Puentes, un dispositivo de abordaje integral de consumos problemáticos, y que es gestor cultural de la biblioteca.

“En ese tiempo las comunidades, que estaban muy activas por la autoconstrucción, estaban bien organizadas y cada vecino fue donando algo para levantar el edificio de la biblioteca, pensando en que se debía transformar en un espacio social y cultural”, relata Moris.

El gestor cultural cuenta que “siempre ha sido un desafío acercar a las personas y los habitantes del barrio a los libros, a la literatura y los múltiples saberes que existen. Para nosotros los libros son una herramienta de mediación cultural para relacionarnos con la comunidad. No siempre se logra una participación masiva, pero hemos generado algunos talleres como el de literatura infantil, hecho por talleristas de Red Puentes y que son del barrio, un interesante acercamiento hacia el sector infantil, pero vinculando en ese aprendizaje también a los padres”.

Para Moris “los libros no son solo un ejercicio de lectura mecánico, sino que también son una experiencia la literatura y de conocimiento desde donde se pueden abrir posibilidades. Creemos que la gente busca en los barrios más alternativas culturales y de fortalecimiento personal a través de los talleres artísticos, sobre todo en el sector adolescente y de jóvenes, para buscar un apoyo y posibilidad de enfrentar la situaciones sociales adversas que se viven en los barrios populares, como La Favorita”.

Cuenta que “durante la pandemia ha sido muy difícil volver a funcionar, mantener la actividad” pero la biblioteca sigue siendo un punto de referencia.

Allí, además de que se dan desde hace mucho una multiplicidad de talleres, también se trabaja en el tratamiento de consumos problemáticos a través de la Red Puentes, perteneciente al Movimiento Popular La Dignidad, que aborda, de manera libre y gratuita, el tratamiento y la prevención específica e inespecífica de los consumos problemáticos de sustancias en niños, jóvenes y adultos de los sectores populares.

Para quienes quieran aportar a este proyecto o colaborar, pueden contactarse a este número:

+54 9 2615 07-9232

La libertad de los libros

También hay múltiples experiencias de bibliotecas en centros de detención. La biblioteca móvil “Ulises Pirola" funciona en la Unidad Penal de Jóvenes Adultos, de Mendoza.

Uno de los responsables es Gabriel Pelegrina, suboficial auxiliar del Servicio Cuerpo de Seguridad y que, además, es psicólogo social.

Allí se trabaja con libros adaptados para lectura fácil y audio libros, un proyecto que comenzó hace más de un año y que está dando muy buenos resultados.

“La lectura fácil es un modo de redacción de textos y contenidos adaptados a las necesidades de todas las personas, en especial a las que tienen dificultades de comprensión lectora”, cuenta Gabriel.

En la Unidad “hay 160 jóvenes y desde hace unos años venimos realizando una transformación de la forma de abordarlos, realizando una exhaustiva observación de las necesidades reales de los jóvenes de hoy, viendo sus distintas problemáticas e innovando, especialmente con talleres”.

De allí surgió CCQ (Contala Como Querás), una publicación realizada por los internos “para atender sus necesidades de expresarse y mostrar quienes son, comunicándose con el afuera”.

En esencia el programa Lectura Fácil “es una nueva forma, una rampa para ingresar al mundo de la lectura y ampliar horizontes”.