El domingo 16 de febrero, la expedición integrada por el militante peronista Alfredo Álvarez, el oficial de reserva del Ejército argentino Tabaré Muñoz y el docente Julián Prato, lograron hacer cumbre en el cerro Aconcagua, de 6.962 metros, llevando en sus mochilas los bustos de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón. Pero, integrantes del parque provincial ya los bajaron porque no tenían autorización, según el pedido expreso de la Secretaría de Ambiente.
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Actualmente, el busto de Perón se encuentra en la base de Plaza de Mulas (4.200 metros) y el de Evita aún permanece en el campamento de Independencia, a unos 6.400 metros.
El objetivo de la expedición era reponer los bustos en ese lugar, que habían sido colocados por simpatizantes peronistas, en febrero de 1954, y luego mandados a quitar en otra expedición, en 1956, por el dictador Pedro Eugenio Aramburu luego del golpe de Estado de 1955 y en el marco de la aplicación del decreto 4161/56.
Antes de partir, la expedición, los bustos y los expedicionarios, fueron bendecidos por el padre Pepe, de estrecha relación con el presidente Alberto Fernández y el papa Francisco.
Durante el ascenso a la montaña más alta de América, los acompañó como protección especial un rosario bendecido especialmente por el papa Francisco.
La expedición contó con el apoyo logístico de ATE capital, representada por su secretario general Tano Catalano.
También contó con el apoyo de la dirigente vinculada al massismo, Mónica Litza, y los dirigentes peronistas Gabriel Vidal y Esteban Nanni.
“Las buenas obras, los buenos ejemplos, los buenos valores, están destinados a ser exhibidos a la luz, en lo alto de las montañas, a la vista de todos, para que inspiren a los demás. Por eso era necesario reponer estos bustos en la cumbre del Aconcagua, de donde habían sido retirados por el odio gorila”, afirmó Álvarez.




