El estudio de los cuerpos que cruzan el espacio suele deparar sorpresas debido a la naturaleza errática de estos objetos compuestos por hielo y roca. Recientemente, un grupo de astrónomos detectó un comportamiento inusual en el meteorito 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, conocido popularmente como 41P. Este pequeño cuerpo celeste, de apenas un kilómetro de diámetro, protagonizó un evento que desafía las observaciones previas sobre la dinámica rotacional de estos elementos.
Los datos obtenidos mediante un video y el análisis de imágenes de archivo revelaron una alteración extrema en su movimiento. Hace nueve años, el objeto ralentizó su giro de forma drástica, pasando de ciclos de veinte horas a periodos de sesenta. Sin embargo, registros posteriores del telescopio Hubble indicaron que el meteorito no solo recuperó velocidad, sino que alcanzó un ritmo de catorce horas por vuelta.
Un giro inesperado sobre el eje planetario
La explicación científica para este fenómeno reside en la interacción con el sol. A medida que el objeto se aproxima a la estrella central, el calor provoca que el hielo acumulado se convierta en gas. Estos chorros gaseosos funcionan como propulsores de un cohete. Los expertos sostienen que la ubicación lateral de estas emanaciones generó una fuerza de oposición al movimiento original.
Dicha presión actuó de manera similar a quien empuja un carrusel en movimiento para detenerlo y luego impulsarlo hacia el lado opuesto. Al ser un cuerpo de dimensiones reducidas, el meteorito resultó ser más susceptible a estos cambios estructurales que otros objetos de mayor volumen en el espacio. Este hallazgo representa la primera vez que se observa una inversión completa de rotación en tiempo real.
Transformación acelerada
Los diversos astrónomos que analizaron el caso coinciden en que estas variaciones suelen ocurrir en escalas de tiempo mucho más extensas. No obstante, el caso de 41P demuestra que la superficie de estos restos del sistema solar evoluciona con rapidez. El video de las simulaciones computarizadas sugiere que la velocidad de giro continuará en aumento durante los próximos años.
Existe la posibilidad de que la fuerza centrífuga supere finalmente la gravedad interna que mantiene unido al objeto. De cumplirse este pronóstico, el cuerpo terminará fragmentado en múltiples piezas en pocas décadas. Estas observaciones ofrecen una oportunidad valiosa para entender cómo se desintegran los materiales antiguos que orbitan cerca de la Tierra tras haber sido desplazados por la gravedad de Júpiter hace siglos.





