Dos jóvenes fueron atrapados en la tarde del miércoles luego de robar una moto estacionada en Ciudad. Cuando la Policía los detuvo, corroboró que uno de ellos, de sólo 19 años, llevaba puesta una pulsera electrónica que confirmaba que tenía al menos una imputación por un delito anterior, luego se confirmó que se trataba de una causa de violencia de género.
Así funcionan las pulseras electrónicas para acusados de violencia de género
Las pulseras electrónicas para casos de violencia de género son para evitar que un agresor se acerque a su víctima. La zona de exclusión es de 1.000 metros
Leandro Uriel Flores Campos (19) llevaba ese dispositivo porque en agosto del año pasado, hace sólo 5 meses atrás, en medio de una discusión con su pareja le disparó con un rifle de aire comprimido. El resultado fue que la chica recibió un disparo en el pie y terminó asistida en el hospital Lagomaggiore.
Por la gravedad del ataque, la Unidad Fiscal de Violencia de Género le colocó a él una de estas pulseras electrónicas, y a su pareja se le otorgó otro dispositivo que son monitoreados por el Sistema Peniteciario. Esos dispositivos se activan si el agresor se acerca a menos de 1.000 metros de la víctima y de inmediato suena una alarma en el centro de monitoreo.
Eso explica que Flores pudiera moverse sin problemas de su domicilio en el barrio La Favorita, de Capital, y llegar hasta el microcentro para cometer el robo de la moto con su cómplice sin que el sistema penitenciario lo hubiera detectado.
Pulseras electrónicas sólo para acusados de violencia de género
Las pulseras electrónicas para los imputados por causas de violencia de género se aplican en Mendoza desde el 2017.
El sistema supone que una vez que la Fiscalía de Violencia de Género detectó que un acusado violó la prohibición de acercamiento a su víctima, incurrió en un caso extremo de violencia o el análisis psicológico revela que hay un riesgo alto de que pueda incurrir en una nueva situación de violencia decide que ese acusado transcurra el proceso con esa pulsera electrónica.
Para que eso ocurra se debe tener el consentimiento de la víctima, porque ella también estará monitoreada con otro dispositivo similar a un celular, que deberá llevar con ella cada vez que se mueva de su domicilio.
"En este momento tenemos 78 parejas monitoreadas con este sistema de dispositivos que nos permite corroborar si el agresor intenta acercarse a su víctima. La zona de exclusión es de 1.000 metros y eso nos obliga a monitorear dónde viven para tener información precisa si el agresor decidiera acercarse", cuenta Elizabeth Ormezzano, Directora de Asistencia a la Víctima.





