Lucas y Santiago viven en El Algarrobal, trabajan como carniceros en un negocio familiar de Las Heras y también son artistas. Impulsados por la necesidad de exponer y visibilizar sus cuadros, aplicaron ingenio y espontaneidad creando en la propia carnicería “Robledo e Hijos”, del barrio Independencia, una auténtica galería de arte.
“Puede parecer extraño –confiesa Lucas en diálogo con Diario UNO—, pero así es. Nuestra idea fue visibilizar nuestro arte y decidimos que el mejor lugar era la carnicería”.
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Así, los carteles en la fachada del negocio no dejan de llamar la atención a propios y extraños, aunque los clientes de siempre, asegura Lucas, ya están acostumbrados.
Lucas, de 27 años, y Santiago, de 21, crecieron en la carnicería familiar de su papá y hoy, mientras avanzan en sus estudios de arte en el Instituto Tomás Godoy Cruz, intentan que sus obras sean cada vez más conocidas.
“Aprovechamos el hecho de tener un local y colocamos los cuadros para que los vea el público. De un lado está todo lo que se exhibe y del otro nos dedicamos a la carnicería. Todas las producciones son nuestras”, señala Lucas, que está en el último año de Profesorado de Arte mientras que su hermano lleva a cabo la tecnicatura en el mismo instituto de educación pública situado en Ciudad.
"Somos carniceros y ambos también amantes del arte. Siempre nos fascinó el costado más editorial, los libros de cómics y lo relacionado al mundo de la ilustración”, relata.
“Por eso el arte siempre fue un anhelo y, finalmente, me decidí a estudiar gracias a una amiga que me alentó. Cuando comencé a producir obras empecé a mostrarme en ferias, fue todo de a poco…”, cuenta.
Santiago, por su parte, acota: “Crecí en casa junto a mi hermano que solía dibujar mucho y me contagió. Soy feliz dibujando cómics y otras interpretaciones y estoy muy contento en el instituto”, repasa.
Lucas observa a su hermano menor y asegura que encontró en el arte una gran manera de expresarse y ser feliz tras algunos conflictos relacionados con un déficit atencional.
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El cuchillo y el pincel
El padre de estos jóvenes emprendedores fue quien fundó la carnicería junto a un hermano en 2019. Fue justo antes de la pandemia.
“En aquel momento empecé la carrera de arte”, recuerda Lucas, y agrega que, al fallecer su tío y socio de su padre, comenzaron a involucrarse más con el negocio familiar.
“Hoy somos carniceros y artistas”, repite orgulloso.
“Mi hermano y yo pasamos muchas horas dibujando. Lo hacemos en el colectivo rumbo al instituto e incluso en la carnicería cuando tenemos tiempo”, relata.
“La gente nos conoce y preguntaba como curiosidad qué dibujábamos. Se nos ocurrió pegar los dibujos en la pared. Muchos clientes se los llevaban y así fuimos descubriendo que existía un público que buscaba eso”, repasa.
“Conectamos con la gente del barrio y así empezó todo”, sintetiza.
Años antes Lucas había empezado a subir sus dibujos a las redes sociales y también los mostraba en ferias.
Claro que, asegura, nunca un lugar resultó tan efectivo como su propia carnicería. Su hermano se sumó a la idea.
“Sentimos la necesidad de tener un lugar propio con nuestros trabajos y el empujón final lo tuvimos en el mismo instituto cuando una profesora se dio cuenta y nos alentó a que nos mostráramos un poco más”, evoca.
Así, dice, todo fue avanzando casi sin darse cuenta.
“Trabajamos en la carnicería con nuestros padres y, a la vez, nos organizamos para poder seguir estudiando y recibirnos. Estamos enfocados en que este sueño cada vez sea más grande”, reflexiona.
El mes pasado hicieron su primera muestra en el Instituto y fue todo un éxito. Luego participaron por primera vez en el Mendotaku, un encuentro artístico en la Nave Cultural.
Eso sí, en su entorno estudiantil, los hermanos reciben ciertas presiones: los apuran para que inviten a un asado.







